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Cada vez que su amiga Paz reía,…

Ángel Sáez García 11 Nov 2025 - 00:00 CET
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CADA VEZ QUE SU AMIGA PAZ REÍA

RAYOS DE LUZ SUS DIENTES EMITÍAN

Siendo un crío, un niño de corta edad, seis o siete años como mucho, a Amable le molestaba sobremanera y hasta disgustaba un montón que sus padres le hubieran puesto ese nombre en la pila bautismal y en el registro civil. En su caso, ni siquiera tenía un abuelo que se llamara o hubiera llamado así, como eso sí había ocurrido con sus amigos Esteban, Félix y Serafín. Amable envidiaba la suerte que habían tenido sus otros dos amigos, Kevin y Yuri.

Hasta que llegó a la Universidad, a Amable no le empezó a gustar su gracia. Se lo hizo saber y ver una colega de curso, una compañera de facultad, Paz, que, precisamente, haciendo honor al significado de su nombre, era un remanso de paz. Ella fue quien le abrió los ojos, cuando le dijo que sus progenitores habían hecho un pleno, pues habían dado en el blanco o centro de la diana cuando escogieron dicha gracia para su retoño, él, ya que esta, según su criterio, le cuadraba o encajaba, como alianza en el dedo anular.

Paz le adujo la primera vez que quedaron para tomar juntos un café bombón (cada uno el suyo) en la cafetería “La Ideal” cuanto sigue: “Amable, no somos lo que pensamos, ni somos lo que decimos; convéncete, si todavía no lo estás: somos lo que hacemos; y es por lo que obramos, sea esto bueno, regular o malo, por lo que nos juzgarán”. Paz se fijó en Amable, porque se percató de que este, siempre que podía hacer un favor, fungía de tal, de amable, y lo hacía.

La segunda vez que acudieron a “La Ideal”, a compartir otro bombón (ídem), Amable, a quien esa tarde el corazón le iba tan acelerado que parecía que se le iba a salir del pecho (pudo pensar que por otro sitio, “por la boca”), no se atrevió a confesarle a Paz que le gustaba mucho y menos aún que se había enamorado hasta los tuétanos de ella, porque esa revelación, una de dos, u holgaba (acaso por evidente) o, según había barruntado, podía dejarlo desarmado, en cueros, desnudo de emociones, pensamientos y sentimientos, y, además, a la intemperie. Paz se limitó a pasar la palma de su diestra por la espalda, el lomo de su cordero, y a insistir en que no se había fijado en él por guapo (aunque se lo parecía, de veras; ella había pensado, al principio, que le venía al pelo el adjetivo de resultón), ni por inteligente (que, a todas luces, lo era), sino por sus actos, gestos, frutos, que eran los que demostraban, bien, a las claras, que era una buena persona. ¿Tú quieres tener a tu lado a una persona rica o buena? Esa pregunta la contestó Amable, sin pronunciar una sola palabra, así: Si no puede ser las dos cosas a la vez (era el que es y, me temo, el que seguirá siendo, un zumbón redomado), yo te quiero a mi vera; si no puede ser como esposa, como amiga.

Antes de despedirse, ya en la calle, para coronar, del mejor modo, como merecía la ocasión, la segunda cita, Paz le recitó los diez versos octosílabos de la décima que había compuesto en honor de su amigo Amable, que llevaba el rótulo del último verso de la misma (véase y léase abajo), y le entregó una copia firmada del poema:

ESO TE DEJA EN LA GLORIA

Si, cuando tú haces el bien, / te deja una huella grata, / frecuenta esa senda, trata / de hacerlo diez veces, cien, / y que palpite tu sien, / que será muestra notoria / de que no es tu vida escoria, / sino que disfrutas más / cuando das a las/os demás: / eso te deja en la gloria.

   Paz

   Nota bene

Amable hizo enmarcar ese poema, y hoy quien acude a su bufete de abogados y entra en su despacho, y este está sentado en su silla giratoria, puede comprobar, de manera fehaciente, que (aunque hay media docena de títulos más en una franja superior) su cabeza queda en medio, entre la susodicha décima, firmada por Paz, que se halla a la derecha (del espectador) y su título de Licenciado en Derecho.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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