LA LEY DE PRESUPUESTOS ES URGENTE
(A MODO DE COLUMNA VERTEBRAL)
Como al lector habitual de las urdiduras y “urdiblandas” de Otramotro le consta, quien redacta ahora estas líneas y las rematará con su firma electrónica, cuando corone la idea transversal que recorra, de arriba abajo, a modo de columna vertebral o raquis, los párrafos que contenga, soy defensor y partidario de esa tesis que sostiene que el consciente y el inconsciente se compensan o complementan, que tienden a equilibrarse.
Bueno, pues, si continuamos descendiendo en armadía por el cauce o curso de ese río (y no me sonrío ni río cuando lo tecleo), cabe afirmar que, mutatis mutandis, otro tanto ocurre o sucede con la verdad y la mentira. Por claras razones de interés (y ya se sabe qué airea la paremia: “por el interés, te quiero, Andrés”), quienes las manejan a su antojo pretenden que una, la verdad, pase por otra, y viceversa, que otra, la mentira, pase por una. Si un autor de ficciones intenta dar gato por liebre, o sea, ficción por realidad, esto es, aparentar que cuanto cuenta su cuento sea un relato verosímil, tenga visos de realidad pura y dura, lo propio también acaece en el mundo que nos rodea, la política, verbigracia, donde lo precipuo o principal y prioritario es lo importante; en el caso concreto de un aspirante, colocar en los cacúmenes del electorado su relato, a fin de que este se imponga al de los otros candidatos o dirigentes de otros partidos, por ser más creíble, aunque, una vez fotografiado o, mejor, radiografiado, resulte, a la postre, más falaz o mendaz.
Para cualquier ejecutivo, el que sea, la ley anual más importante de dicho período de sesiones es la ley de Presupuestos Generales del Estado. Y sobre este asunto en particular, hasta hace algunos años, al menos, había cierto consenso entre los partidarios de una tendencia o signo y los de la opuesta u otro: un Gobierno sin presupuestos está desnudo y no va a ninguna parte; no tiene ninguna razón de ser; y eso es, precisamente, lo que adujo, de manera, pertinente, distintiva y relevante, Pedro Sánchez, cuando estaba en la oposición. Empero, ahora que está en el Gobierno y su debilidad es pública y notoria, evidente, dice todo lo contrario, o sea, que se puede gobernar sin presupuestos, es decir, que lo blanco es negro o lo blando, duro, o al revés. Como Pedro Sánchez ha cambiado tantas veces de opinión y la ciudadanía española se lo ha aceptado o comprado, ha dicho amén, aunque haya sido a regañadientes, porque lo cierto y verdad es que no ha montado en cólera por sus continuas tomaduras de pelo, a pesar de las bolas y bulos que se han cruzado unos y otros, “los hunos” y “los hotros”, como hubiera escrito el maestro Miguel de Unamuno, he podido escuchar el razonamiento de varios ciudadanos, que han coincidido en el diagnóstico: “una trola más no va a ningún lado”.
Conviene (re)iterar una y mil veces, si hacen falta (y no con la mala fe con la que lo ideó el jefe de Propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, el siguiente aserto: “repite todos los días la misma mentira y conseguirás que un día sea tenida por verdad”), que un Gobierno sin presupuestos es un Ejecutivo cojo, manco, sordo y tuerto, a la deriva, sin tabla de salvación a la que agarrarse; si no recibe los apoyos necesarios, debe optar, no por atrincherarse, sino por la salida más razonable, convocar elecciones y que el pueblo soberano decida a quién le otorga el poder.
Este será mi protocolo de actuación. Cada vez que salga a los mass media cualquier miembro o representante del partido mayoritario en el Gobierno, el PSOE, a argüir que la ley de Presupuestos Generales del Estado (PGE) no es una condición sine qua non que se apruebe para seguir gobernando, acudiré a la hemeroteca y reproduciré las manifestaciones que hizo antaño Pedro Sánchez, en las que sostenía lo prudente y sensato, para que no nos intente engañar (que a algunos ya no nos embeleca, pero aún hay por ahí quienes, ingenuos, son propensos a comulgar con ruedas de molino, a tragarse patrañas, a creerse que el oropel es oro puro).
Esto es lo que dicen los tres primeros puntos del artículo 134 de la Constitución Española, vigente desde 1978:
- Corresponde al Gobierno la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado y a las Cortes Generales, su examen, enmienda y aprobación.
- Los Presupuestos Generales del Estado tendrán carácter anual, incluirán la totalidad de los gastos e ingresos del sector público estatal y en ellos se consignará el importe de los beneficios fiscales que afecten a los tributos del Estado.
- El Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior.
Hace dieciséis meses, mi querido quinto Javier Cercas, en uno de sus, generalmente irónicos, palos de ciego, en concreto, el titulado “La verdad ya importa poco”, publicado en la página 90 del número 2.499 de EL PAÍS SEMANAL, EPS, correspondiente al domingo 19 de agosto de 2024; escribió, de manera inmejorable (acepto discrepantes, que no soy un dogmático), esto, irrefutable: “La política y la mentira siempre se han llevado muy bien. La razón es evidente: la mentira es la mejor herramienta de dominación conocida, y lo primero que busca el poder —cualquier poder— es dominar, porque esa es la forma de asegurar su perduración; igual que el dinero siempre quiere más dinero, el poder siempre quiere más poder: ese deseo insaciable define su naturaleza. Así que no es verdad que hoy se mienta más que nunca (aunque a veces lo parezca); lo que sí es verdad es que, gracias a internet y las redes sociales, la mentira posee mayor capacidad de difusión que nunca”.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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