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La vida es un poliedro de ene caras

Ángel Sáez García 27 Mar 2026 - 14:00 CET
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LA VIDA ES UN POLIEDRO DE ENE CARAS

Está claro, cristalino, diáfano, que la vida, dependiendo de nuestro cronotopo, perspectiva y estado de ánimo, es muchas cosas. En la película “Forrest Gump”, dirigida por Robert Zemeckis y estrenada en 1994, por ejemplo, su protagonista, el homónimo susodicho, papel interpretado por Tom Hanks, dice que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar. A mí me gusta aducir que es un poliedro de un número indeterminado de caras. Y barrunto que nadie osará refutar esto jamás, pues lo considero una de las escasas verdades que suelo calificar con el adjetivo poco usual de apodícticas. Basta con que coloquemos el foco en el objeto, el poliedro, y en el lugar apropiado, nos fijemos en una de sus facetas y pongamos sobre ella una lupa para poder distinguir mejor, al detalle, qué hay, se ve y se oye ahí, un absurdo o una paradoja, verbigracia. Y eso es así, tal cual, algo tan natural y normal que nadie se extrañará al comprobar, de manera fehaciente, que el nombre o gracia que nuestros padres escogieron para nosotros y nos pusieron sobre la pila bautismal el día que nos bautizaron puede ser, a la larga, un acierto, al cuadrar o encajar perfectamente con nuestra personalidad y nuestra conducta habitual, como alianza en el dedo anular, o, al contrario, un yerro morrocotudo, mayúsculo, clamoroso, al derivar en una maldición, que nos sigue y persigue donde nos hallemos, o por donde sea que nos movamos, con el feo y nocivo propósito de darnos alcance, a fin de que procedamos del modo opuesto al que cabría esperar en nosotros.

Eso, mutatis mutandis, es lo que vino a hacer, grosso modo, Miguel Delibes en “Las guerras de nuestros antepasados” (1975). Pacífico Pérez, un varón que, a la manera de un trágico héroe clásico remozado o puesto al día, no puede librarse del hado, que gravita sobre él y lo permea, de la fuerza e influencia que ejerce sobre él el sino, a pesar de que, por naturaleza y a solas, es incapaz de hacer daño a nadie, colocado en medio de la vorágine violenta y sistemática que impera en su cronotopo, en sus circunstancias espaciotemporales, en derredor suyo, se ve abocado, inopinada y repentinamente, a matar a un semejante. Pacífico, qué contradicción, sin capacidad para escapar de la irónica maldición de su nombre, es la causa de la causa del mal que causa.

Años antes del ejemplo propuesto, otro tanto hizo Miguel de Unamuno con la historia que narra Ángela Carballino en su “San Manuel Bueno, mártir” (1931), donde lo más llamativo del caso es que don Manuel (trasunto de Emmanuel, Jesucristo), hace la confidencia de que no cree y pone en duda la fe que los demás santos (ellas y ellos) afirmaron tener.

Y tres cuartos de lo propio le sucede a este menda, que se esfuerza al máximo en su quehacer diario por ser, durante la vigilia, un mensajero de dicha y risas entre sus congéneres, porque ha constatado que, mientras duerme y sueña, el ángel deviene en demonio, que no empatiza ni se muestra solidario y humano con quien se topa. Menos mal que mi consciente se encarga de cepillar, quitar rebabas y hacer más digerible cuanto he soñado y ha dirigido y/o protagonizado mi inconsciente, porque, si no mediaran esas correcciones o enmiendas, las historias que contara servidor, siendo fiel a los sueños tenidos, serían estomagantes, intragables.

De cuando en vez o, viceversa, de vez en cuando, esos relatos oníricos los refiero tal cual los soñé. Y es que, a veces, disfruto un montón siguiendo la estela o el rastro que dejó uno de mis autores preferidos, Eric Arthur Blair, más conocido por su seudónimo literario, George Orwell, que, asimismo, dejó escrita en letras de molde la idea que sigue y me sirve para rematar este texto y salir airoso del trance: “si la libertad significa algo, es el derecho a decir a la gente lo que no quiere oír”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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