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Por la nueva herramienta no estoy ledo

Ángel Sáez García 20 May 2026 - 14:00 CET
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POR LA NUEVA HERRAMIENTA NO ESTOY LEDO

SI BEGO ABRAZA ASÍ, CÓMO AMARÁ

Como la realidad del día a día, cuanto me ocurre o aquello de lo que soy testigo presencial, es mi mayor fuente de inspiración, y, como uno sigue siendo quien fue (el mismo poliedro, pero evolucionado, con aristas distintas), epígono de fray Ejemplo, si no de todo lo que asimilé de él (ya que, en algunos aspectos o facetas soy su opuesto), en el grueso de sus enseñanzas o posos, me veo empujado y hasta obligado intelectualmente a poner un ejemplo que sea transparente, como el cristal de una ventana, a través del que observar el exterior o interior de una casa, la propia o la ajena, o como un espejo nítido, donde poder detectar mis imperfecciones para proceder cuanto antes a corregirlas.

El miércoles pasado, al pasar por el comercio que regenta Bego, de camino a otro negocio, que queda cerca del suyo, la saludé, a la ida, desde el exterior con la mano, a través del cristal; y entré en su establecimiento, a la vuelta, para que viera el nuevo dispositivo que acababa de adquirir. Y ella me comentó: “Se te ve contento con tu nuevo recurso (bueno, siendo fiel a los hechos y las palabras usadas, debería haber colocado en el lugar de dicha voz otro vocablo, pero el seleccionado me sirve y viene de perlas para ocultar el objeto de mi compra), como un niño, sin dejar de mirar al suelo por haber estrenado zapatos nuevos”. Yo, por no contradecirla y, de resultas de dicha objeción tal vez, molestarla, no pronuncié el comentario que me había brotado. Si lo hubiera hecho, y ella se hubiera enfadado, me hubiera reprochado el mismo tanto como lo hubiera hecho yo; así que obré bien al dejarlo en el tintero. No estaba alegre, ledo, como unas castañuelas repicantes, por el nuevo útil, que me permitiría volver a estar conectado, sino, inesperadamente, porque había hallado quien daba unos abrazos inmejorables. Y, como uno tiende a deducir o inferir unas cosas de otras, unas obviedades de otras, que, si abrazaba así, cómo besará y cómo…

Nota bene

Olvidábaseme de decir que conviene apuntar lo que a uno le nace en el cacumen, nada más despertar, o acaba de soñar, durante el tiempo en el que se hallaba descansando en los mullidos brazos de Hipnos o Morfeo, durmiendo a pierna suelta, porque puede que luego esa doble circunstancia se le olvide y ya no las pueda incluir donde había previsto hacerlo, en este texto en prosa, verbigracia.

El meollo que contiene el parágrafo precedente no ha acaecido en esta oportunidad. He soñado que, en una fiesta, que tenía todas las trazas de tratarse de una boda (como dice el refrán español, de una boda sale otra boda), he conocido a un grupo de mujeres adultas, no adúlteras, y, entre ellas, había una que me ha hecho tilín. Se parecía, como una gota de agua de lluvia a otra gota de agua de lluvia, a Bego. Y mi difunta madre, pero viviente en el sueño, se me ha acercado y me ha preguntado: ¿Se me está poniendo cara de suegra?

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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