Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

No es copia de Espurina Inmaculada

Ángel Sáez García 22 Ago 2026 - 14:00 CET
Archivado en:

NO ES COPIA DE ESPURINA INMACULADA

DEL MONO ADIVINO ES RÉPLICA MERA

Hoy he recibido (gracias, muchas gracias, por los encomios que contiene; no todos merecidos) este correo de Inmaculada (a quien unas/os prefieren llamar “Inma” y otras/os “Macu”, según se ha encargado de indicarme ella):

“Te pido perdón por los elogios que verteré aquí; ya sé que prefieres críticas. Como me consta que te disgusta que tus comunicantes no firmen los escritos que te mandan, y me encantaría, lo admito, que publicaras en tu blog el mío, cuanto te trenzo y enviaré luego lo firmo (no cometeré lo que juzgas un yerro mayúsculo) con mi nombre, Inmaculada. Como te conozco, auguro qué (me) vas a comentar en tu respuesta, si no marro, que contiene alguna falla o falta, mácula o mancha (de la que no se libra Inmaculada, aunque el significado de mi nombre contradiga ese hecho), pero barrunto, sí, también, que tú te encargarás de que no aparezca, pues decidirás que no vea la luz en tu bitácora (si es así, gracias, de antemano).

“Debo y deseo comunicarte cuanto he hallado, que, entre tu maestro (aunque no te diera nunca una clase en un aula, sospecho que recibiste varias mientras leías sus textos con suma atención) Miguel de Unamuno y tú, hay más de una concomitancia o paralelismo (vocablo que tiene que ver mucho con la semejanza entre ambos y poco con ser lelos, que nadie está libre de serlo en algún momento de su vida).

“Una de las claves de bóveda de tu pensamiento es que los dos padecéis, si no la misma, parecida agonía existencial. La que sufres tú, me temo, es la copia o el doble de la que sufrió el bilbaíno rector salmantino. La lucha que él libró, a lo largo de su existencia, y enriqueció su pensamiento y su carácter, entre su corazón, que anhelaba alcanzar la inmortalidad, esto es, trascender, y su razón, que la congelaba o criogenizaba, con rigor intelectual, sin negarla definitivamente, se parece, como una gota de agua a otra gota de agua, a la tuya.

“Tú, Otramotro, quieres creer, como otro tanto pretendió Unamuno, pero, como le acaeció a él, tú tampoco puedes. Como el hacedor de ‘San Manuel Bueno, mártir’ (no conviene olvidar el nombre de quien narra la historia, Ángela Carballino), tú también has comprobado que la búsqueda de Dios es baldía, vana. Te gustaría tener la fe ciega del carbonero, la que disponían los religiosos camilos que te educaron en Navarrete, pero, sin ella, tu intelecto desbarata esa creencia, prendida con alfileres, pendiente de unos hilos, en un pispás, la echa por tierra, como un castillo de naipes, porque una cosa es el deseo y otra la realidad, que tiene la virtud de imponerse con toda su crudeza.

“Has constatado que, tras la muerte de un ser (querido u odiado) solo queda en pie, vigente, el recuerdo del difunto y, cuando ya nadie lo recuerda, sobreviene la segunda muerte, que es la definitiva.

“Ignoro si esa ha sido tu intención, pero, al idear tu personaje preferido, según has dejado escrito, fray Ejemplo, al que le concedes el nombre de tu progenitor piadoso y los apellidos de dos de tus educadores navarretanos, haces otro tanto que Unamuno con su ente de ficción, Manuel Bueno, reencarnación de Jesús de Nazaret, que se encarga de consolar a sus feligreses, insuflándoles la fe que él no dispone, de la que carece (y tiene la altura moral de confesarlo, de reconocerlo), por las numerosas dudas que esta le genera. Y ahí ocurre un terremoto, con varias réplicas, seguido del efecto dominó: Unamuno duda y esa hesitación se la contagia a su propio personaje religioso, Manuel Bueno (puede que ese viaje de ida sea también de vuelta, dada la interacción). Lo propio acaece en el lector de la obra unamuniana, que fuiste tú, Otramotro. Y, asimismo, tres cuartas partes de lo propio aconteció con otros, conmigo, por ejemplo.

“Igual que Unamuno se desdobla en otros personajes ficticios, para poder polemizar consigo mismo, tú, Otramotro, te desgajas como una naranja o mandarina, o un icosaedro, en un elenco de personajes, en máscaras o trasuntos literarios. Lo mismo que reconociste en un texto sobre Rosales, que existe y no existe (solo en tu cabeza, creaciones y lectores), cabe alegar del grueso de tus personajes, meras facetas del poliedro, un icosaedro, que eres, que te sirven para dialogar o debatir sobre el tema que sea.

“Pronto escribirás, como se te adelantó a hacer Unamuno, en ‘Niebla’, que alguno de tus personajes acude a tu casa para pedirte explicaciones, por haberlo convertido o usado como marioneta, monigote o títere; y tú, que tienes argumentos para todo y para todos, le dirá que te has limitado a ejercer de lo que tu hermano Eusebio, ‘Use’, te llama, de ‘maese Pedro’, aunque él prefiera la variante de ‘maese Pérez’, rememorando, velis nolis, el retablo de Melisendra del titiritero con parche de tafetán, tras el que se esconde Ginés de Pasamonte, y su mono adivino (historia que se narra en los capítulos XXV, XXVI y XVII de la Segunda parte de ‘Don Quijote de la Mancha’)”.

Bueno, Inmaculada, como he de reconocer que todo lo que cuentas en tu correo cuadra a la perfección o encaja con la verdad, me limito a confirmar o corroborar aquí tu análisis y, por ende, a concluir lo obvio, que del mono adivino, vidente del pasado (no del futuro, caso de Espurina con Julio César), eres doble, sin ninguna duda, tú.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

Más en El blog de Otramotro

Mobile Version Powered by