NO FORMO PARTE AÚN DE NINGÚN CORO
PERO TAL VEZ INTEGRE OTRO ORFEÓN
Hoy he recibido en la dirección de correo electrónico que más frecuento este email. Si aparece íntegramente aquí es porque se lo ha ganado a pulso. Así que conviene que el atento y desocupado lector lo lea detenidamente y no eche su contenido en saco roto. Dice así:
“Como abomino del rebaño tanto como detesto el pelotón (y, si este es de fusilamiento, aún más), y me considero, como Apolodoro Carrascal, hijo de Avito, el personaje de ‘Amor y pedagogía’ (1902), de Miguel de Unamuno, único en mi especie, no formo parte de ese grupo de seudónimos que usted, Otramotro, suele englobar bajo el marbete de ‘comunicante anónimo’, pero podría ser un miembro del mismo, porque, como lo propio suelen hacer algunos de ellos, me chifla o flipa, como a los tales, dar mi parecer, guste o moleste.
“Ayer leí en el texto que usted, Ángel, tituló ‘Para la mayoría de la gente…’ dos párrafos que no cuadran o encajaban bien, como alianza en el dedo anular, cosa rara en usted, en la urdidura susodicha, y que versaban sobre el asunto recurrente y estrella este verano, junto con el calor sofocante y los incendios, la avalancha sobre la frontera ceutí. Me refiero al cuarto y al quinto, y ambos, uno tras otro, los reproduzco a continuación:
Pero hoy no tenía la intención de hablarle de Sánchez, sino de un pelotón de seudónimos propios que suelo englobar bajo el marbete de “comunicante anónimo”. Seguramente, usted, atento y desocupado lector de estos renglones torcidos, ha escuchado, mientras oía una frecuencia de radio o veía un canal de televisión de los muchos que hay en este país, el anuncio de una empresa de seguridad, Verisure, con palabras salidas de la mui de Marc Márquez, uno de sus patrocinados corredores de Moto GP, que inician, en concreto, estas: “En una carrera tienes que evitar que otros ocupen tu lugar” (evidentemente, se sobreentiende que se refiere al primero, segundo o tercer puesto, los que dan derecho a ocupar un lugar en el cajón o podio, no del último, el farolillo rojo).
Esa es, precisamente, la frase con la que procuro motivar a los miembros que conforman dicho pelotón, que agrupo bajo el sintagma mencionado. Suelo utilizar más a menudo una mera variante de la referida: A quien le birlan o pierde la posición, la que encabeza la carrera, no sale en la foto del periódico, o sea, en mi bitácora de Periodista Digital, el blog de Otramotro.
“Tengo para mí que, en dichas líneas, usted reconoce, sin medias tintas, que es el hacedor de todo lo que aparece publicado en su blog y se lee, incluido, por supuesto, cuanto ve la luz en él como si hubiera sido trenzado por otras personas, por ejemplo, ese pelotón de marbete archisabido.
“Yo, verbigracia, lo admito sin requilorios, no soy uno de los pedalistas de ese pelotón, patulea o coro, pero podría integrar parte de otro tal, sin título todavía.
“Barrunto por qué nadie ha demandado por plagio, sí, a Ángel Sáez, Otramotro, porque el autor es que lo trenza todo. Y, como sé que escribe siempre a mano, con la ayuda de un Bic azul, podría demostrarlo, de forma fidedigna”.
Insisto en iterar lo que antes he alegado aquí, que, si tengo algo que ver en la agudeza e inteligencia que demuestran mis comunicantes anónimos, o no, me doy por excelentemente recompensado, porque leo lo que juzgan y juntan y me digo qué buenos sabuesos son. Podrían ejercer de sosias de Sherlock Holmes o de Petra Delicado.
Prima nota bene
Formar parte de un coro o pelotón no es algo malo en sí mismo. Como dejó escrito el emperador y filósofo romano Marco Aurelio, “ya que hemos nacido para colaborar, igual que lo hacen los pies, las manos, los párpados y las hileras de dientes, el obrar como adversarios los unos con los otros es contrario a la naturaleza”.
Secunda nota bene (que contiene una denuncia notoria)
Ayer recibí tres llamadas en mis móviles (dos a uno y otra al otro). El teléfono desde el que las hicieron era el mismo, el 913898611. ¿Por qué me llamaron? Es la primera pregunta que me formulé, pero más me interesaría conocer quién dio los susodichos números a esa persona o empresa y con qué intención. ¿Tiene algo que ver que en el ordenador que utilizo en la biblioteca no pueda acceder a la versión en línea del diario El País? Ojalá varios funcionarios sabuesos cumplan su cometido y hagan bien su trabajo.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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