Ni miento ni me arrepiento
A pesar del paso del tiempo, el fin de su padre sigue ocupando su cabeza, ha visto ceder ante la muerte y derrumbarse a uno de los hombres más poderosos de su tiempo. Aún con el recuerdo vivo del maestre de la Orden de Santiago y con el dolor frunciendo su entrecejo se dirige cierto a su casa paredeña. Su adusto caminar de soldado marca
