No hay peor cosa en esta vida que ostentar un cargo y que alguien venga y te propine la mayor humillación posible, que es la de cargar contra el superior que te puso ahí y, de paso, dejarte como un mero ejecutor de órdenes.
Eso es lo que le ha sucedido a Rosa María Mateo este 28 de junio de 2019 cuando ha leído la tribuna de Alfonso Ussía en el diario La Razón:
Miles de personas han pedido la dimisión de Rosa María Mateo por obedecer a Sánchez y conceder a un terrorista sin cargo institucional alguno, criminal confeso, condenado y en la actualidad inhabilitado, una entrevista en el canal 24 Horas de RTVE. Rosa María Mateo es la comisaria política que Sánchez ha impuesto en TVE, y no piensa dimitir. Los comisarios políticos de las tiranías sociocomunistas jamás han dimitido. Cuando cumplen con su trabajo y están más quemadas que una mala croqueta, los depuran. El Poder omnímodo usa a sus comisarios políticos, los sitúa en el primer rango de la responsabilidad, y cuando han cumplido con su repugnante servicio, los devuelve a la basura. Más ricos que cuando los sacaron del cubo, pero al cubo retornan.
Comenta Ussía que está convencido de que la ‘soviética’ administradora única y cada vez menos provisional de RTVE no dimitirá de su puesto, aunque igual la ‘depuran’ si la incomodidad alcanza al ‘jefe supremo’:
Rosa María Mateo no dimitirá, pero si la indignación ciudadana por su sumisa felonía incomoda al máximo responsable de la ignominia, éste no dudará en pulverizarla. En las dictaduras comunistas y socialistas los comisarios políticos en situación de desafecto desaparecían en los campos de trabajo o de concentración, en los amplios y devastadores «gulags» estalinistas. Eso, en España y en pleno siglo XXI, es imposible, pero hay muchos modelos de desapariciones. No es lo mismo desaparecer en la mar o en un campo de concentración que desaparecer –al menos temporalmente–, en una urbanización de lujo a la espera del olvido ciudadano.
El escritor está plenamente convencido de que Sánchez ordenó que se le hiciera la entrevista a Otegi:
La comisaria política de RTVE ha aceptado la orden de Sánchez de blanquear la imagen de un terrorista. La investidura y el asqueroso pacto de Navarra necesitan el blanqueo. Simultáneamente, Zapatero, el traidor al Estado de Derecho y la democracia en España, blanquea el posible indulto a los golpistas violentos catalanes, habla con Junqueras, y presiona a los magistrados del Tribunal Supremo para que dicten «una sentencia que no impida la negociación Política». Sánchez es hijo de Zapatero, y no lo oculta. Hijo del defensor de la tiranía venezolana, que tan generosamente le ha devuelto los favores. Estamos, pues, ante dos impostores profesionales que nos gobiernan simultáneamente. El impostor de la ruina de ayer, y el impostor de la ruina de hoy. Y no me refiero únicamente a la ruina económica. En un momento de la entrevista, el terrorista canalla y blanqueado, intentó pedir perdón. Pero no supo hacerlo, porque no siente esa necesidad, y le salió una frase de reptil venenoso. «Siento de corazón si hemos generado a las víctimas más dolor del necesario, o del que teníamos derecho a hacer». ¿Se puede ser más vil, más canalla y más hijoputa?
Más dolor «del necesario» o del que «teníamos derecho a hacer». Y la comisaria política enjuagando en su despacho lágrimas de emoción, el rocío amargo virgiliano del llanto desmedido. Todo repugnante, a cambio de unos votos para ser investido como Presidente del Gobierno de España, Presidente de la más antigua nación europea –el primer Estado organizado como tal en Europa–, que el propio Presidente y su Co-Presidente desean destrozar.
Atribuye la entrevista al bilduetarra a un problema casi genético que nos lleva afectando más de un siglo:
El gran problema de España es que los españoles, después de las contiendas en Cuba y Filipinas, sólo hemos sabido combatir contra otros españoles. La izquierda en Francia es francesa, en Alemania, alemana, en Hungría, húngara y en Australia, australiana. En España la izquierda fue derrotada, y en buena parte por su culpa y atrabiliaria desorganización, por la España cristiana y conservadora. Y 80 años después, la izquierda sigue sintiéndose ajena a España, impulsada por un odio a España que para nada tiene culpa de su derrota en el 39. El franquismo fue motor –guste o no reconocerlo– de grandes obras públicas, construcción de centenares de miles de viviendas sociales y la creación de la Seguridad Social, sin apenas recursos y superando la calamidad de la guerra. Y con el Rey Juan Carlos I, España recuperó su libertad, aprobó su Constitución y superó, al menos en apariencia, el enfrentamiento ideológico. La ETA de Otegui intentó matarnos a todos, pero se conformó con mil inocentes y sus familias que era «un dolor del que teníamos derecho a hacer».
Y detalla lo que acaba pasando cuando te humillas ante los rupturistas y extremistas:
Aznar se humilló ante Cataluña y Zapatero puso en marcha el plan de la venganza. Rajoy no hizo nada con su mayoría absoluta y Sánchez sigue los pasos del felón de Valladolid aunque presuma de ser de León, como si Valladolid no mereciera la pena. Soraya y Arriola se inventaron e impulsaron la creación de Podemos, y la contienda ideológica se instaló en nuestra clase política, que desprecia visceralmente a los votantes. Y así estamos. Vendiendo cromos a cambios de sillones, y entrevistando en TVE a un canalla terrorista. Culpan a Rosa María Mateo y piden su dimisión. No es más que una sumisa y amargada comisaria política que será depurada cuando menos se lo espere. Una depuración benéfica para España y para ella. Pero el culpable, o los culpables, son los que subastan sillones y aceptan que pujen los asesinos con el dinero de sus víctimas.
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