María Guardiola ha dado un giro inesperado en la política extremeña. Sin contar con el apoyo de Vox, el Partido Popular ha conseguido este martes hacerse con la presidencia de la Asamblea de Extremadura, en medio del alboroto generado por la ruptura de las negociaciones con el partido liderado por Santiago Abascal. Las elecciones del 21 de diciembre dieron su veredicto, pero el reparto del poder sigue siendo un laberinto, con la investidura de la presidenta en funciones pendiendo de un hilo.
La sesión constitutiva de la cámara regional se ha convertido en el primer escenario de este enfrentamiento. Manuel Naharro, alcalde de Valencia del Mombuey y líder provincial del PP en Badajoz, ha sido elegido presidente en una segunda votación, únicamente con los 29 escaños populares. Ni un solo voto provino de los 11 diputados de Vox, que apoyó a su candidato, Ángel Pelayo Gordillo. El PSOE optó por Blanca Martín y Unidas por Extremadura se decantó por Nerea Fernández. El reglamento favoreció al PP: tras no conseguir la mayoría cualificada de 33 escaños en el primer intento, les bastó con una simple para salir adelante.
Antecedentes de un pulso que huele a déjà vu
La ruptura no fue un hecho aislado. Las elecciones del 21 de diciembre dejaron al PP con 29 diputados, a cinco de alcanzar la mayoría absoluta que se sitúa en 34. Por su parte, Vox aumentó su representación hasta alcanzar 11 escaños, convirtiéndose en una pieza clave para cualquier acuerdo. Guardiola decidió cambiar su estrategia respecto a 2023, cuando rechazó formar una coalición, y comenzó a considerar cargos para los verdes. Propuso su inclusión tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, abarcando políticas y presupuestos según el comunicado emitido por los populares el lunes.
Sin embargo, los de Abascal no estaban satisfechos. Convocó al Comité de Acción Política (CAP) el lunes y frenó las negociaciones. Vox hizo público su portazo antes que al PP, acusando a Guardiola de no querer «transformar Extremadura» ni respetar a sus votantes. Demandaban vicepresidencias y consejerías esenciales como Agricultura, Industria y Educación, no «sillones vacíos».
Este no es el primer roce entre ambos partidos. En 2023, la legislatura comenzó con bloqueos similares. Vox abandonó ejecutivos autonómicos en 2024 debido al desgaste acumulado.
La Mesa como guiño a medias
No todo fue blanco o negro durante la votación. Vox logró obtener una secretaría en la Mesa gracias a Beatriz Muñoz Rodríguez, quien recibió 21 votos –incluidos 10 del PP mediante voto secreto–. Por otro lado, María Isabel Serrano (PP) fue designada secretaria segunda con 19 votos y José Francisco Llera (Unidas) ocupó la tercera posición con solo tres. Este gesto deja entrever una apertura aunque la presidencia reafirma la ruptura.
Guardiola cuenta con un mes para su investidura: dispone de 15 días para proponer su candidatura y deberá superar dos votaciones. Necesitará abstención o apoyos por parte de Vox. Sin acuerdo alcanzado, habría repetición electoral en primavera. El PP apela a la «responsabilidad» regional frente a cálculos más amplios. Vox insiste en obtener «poder real» para llevar a cabo su programa.
¿Hacia nuevas elecciones o pacto de última hora?
El estancamiento complica seriamente la gobernabilidad. PSOE (18 escaños) y Unidas (7) no facilitarán las cosas al PP. Con su crecimiento electoral reciente, Vox se posiciona como un actor bisagra crucial. Fuentes cercanas matizan desde Bambú que no hay ruptura total sino una pausa hasta que Guardiola «atienda razones». El PP desmiente ofertas vacías y solicita discreción.
En Extremadura, el centro-derecha vuelve a tropezar ante esta situación incierta. Guardiola aguanta firme mientras Abascal incrementa sus exigencias. ¿Cederá ante las vicepresidencias o se verá obligado a convocar urnas? El tiempo corre.
