José Cavero – Replanteamiento político total.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Las elecciones del pasado domingo, a falta de que sus efectos tengan pleno desarrollo y cumplimiento en las próximas semanas, no sólo traerán consigo cambios en los Gobiernos de Galicia y de Euskadi. Además, cambian algunos de los grandes esquemas de la actual situación política nacional.

De entrada, la tranquilidad ha regresado a la sede del PP, donde una nueva derrota en Galicia hubiera recrudecido la controversia sobre la capacidad de liderazgo de Rajoy. El presidente del partido, en cambio, «ha jugado con fuerza» y ha ganado en Galicia, según reconocimiento general, incluido el de la crítica Esperanza Aguirre. Rajoy podrá ahora afrontar el otro gran problema interno: la limpieza en la trayectoria de algunos de sus «barones». No tiene más remedio que afrontar la depuración de los corruptos, tanto en la trama de los espías de la Comunidad de Madrid, como en la de comisionistas de Correa-Gürtel.

En cuanto a la política propiamente dicha, la satisfacción de recuperar el Gobierno gallego, perdido hace cuatro años, hace olvidar un cierto descenso en Euskadi -los dos escaños que gana en Galicia le dan el poder; los dos que pierde en Euskadi no reducen, en cambio, el protagonismo de su dirigente Basagoiti, por el cambio de actitud que viene mostrando en su apoyo para cambiar al lehendakari-. Y toda la nueva situación de euforia permite a Rajoy estimular la movilización para repetir el triunfo en las elecciones europeas de junio próximo. No están tan lejos: nos separan dos meses justamente.

Euskadi es ahora la asignatura inmediata y estamos asistiendo ya a la resistencia del PNV para verse desalojado del poder que han mantenido tres décadas. El PNV emplea el argumento que tampoco sirvió a CiU en Cataluña: somos los más votados y, consiguientemente, tenemos derecho a gobernar. No necesariamente es así, no tiene por qué ser así, si los adversarios juntos son más y se unen para gobernar. Cosa distinta será el grado de coherencia que tengan «todos los demás», esencialmente PSE y PP, acaso más UPyD. El acuerdo entre ellos puede ser de mínimos, sin necesidad de constituir un «frentismo» contra los nacionalistas.

Pero no será fácil evitar, por sistema, el choque con los antecesores en el mando. Entre otras cosas, porque el PNV querrá hacer demostración de que nada tiene ya que agradecer a los socialistas «del Estado español», a quienes venía ayudando en la aprobación de los presupuestos…, a cambio de recibir ayudas para aprobar los presupuestos vascos y la revisión anual del Concierto y el Cupo. Esos compromisos caducan, pero el PNV adivina que puede tener por delante una larga «travesía del desierto», similar a la que viene «padeciendo» el nacionalismo catalán tras el relevo de Jordi Pujol… Uno no termina de acostumbrarse a perder el poder.

La falta de apoyo del PNV es probable que obligue a los socialistas a mostrarse mucho más activos en busca de acuerdos en las Cámaras legislativas, para no perder votaciones. Y a ceder y negociar, incluso con sus medio-socios en Euskadi, el PP… No vendrá mal al país.

Algunos analistas no han dudado en hablar de «debacle socialista», en las elecciones del primero de marzo. Ha perdido un Gobierno autonómico y ganará otro, con toda probabilidad. Ha perdido un diputado en Galicia y ha ganado unos cuantos -de 18 pasa a 24- en Euskadi. En Galicia es probable que se hubiera equivocado de hombre al designar a Touriño y que éste se equivocara en su reparto de tareas con el Bloque. Touriño y el Bloque defraudaron y pagan su error. En Euskadi, la apuesta no es menor. El PNV, en voz de Arzalluz, Anasagasti, Ibarretxe, Urkullu, ya han advertido de manera amenazante: «Os vais a enterar». Pero son ellos, el PNV, quienes se empiezan a enterar de lo que les supondrá la pérdida del poder después de tres décadas de ejercicio.

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