Fermín Bocos – El silencio de Cándido


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

El escándalo que salpica a las dirección de la UGT de Andalucía como presunta organizadora o consentidora de una trama de facturas falsas va camino de arruinar el crédito social de éste sindicato. Crédito ya de por sí bastante menguado en los últimos tiempos en razón de algunas actuaciones de la dirección nacional del sindicato.

Actuaciones, si se me permite la expresión, más «políticas» que propiamente sindicales. Bajo la dirección de Cándido Méndez la UGT ha tenido dos etapas claramente diferenciadas. La primera, cuando el inquilino de La Moncloa era Rodríguez Zapatero y en el mundillo político se decía de Méndez que era el «otro vicepresidente», significando así la notable disposición de la dirección del sindicato para «comprender» todas las medidas del Gobierno socialista.

Se dirá que junto con CCOO le montaron una huelga general (29S) a Zapatero. Cierto. Pero, como también se recordará, la protesta fue con la boca pequeña.

La estrategia de confrontación abierta se desplegó después, a raíz de la llegada del PP al poder y de la puesta en marcha de alguna de sus polémicas medidas. Entre ellas la reforma laboral que abarata y facilita los despidos.

Con todo, durante este período, las respuestas de la calle ante las convocatorias de paros y protestas han ido paulatinamente perdiendo fuelle.

Entre otras razones porque los sindicatos que tuvieron un inmenso crédito social durante la Transición y a lo largo de los ochenta y bien entrados los noventa, han ido perdiendo apoyo popular a medida que eran percibidos por los asalariados como organizaciones muy burocratizadas y más volcadas en defender a sus afiliados que al conjunto de los trabajadores.

El abuso de la figura del liberado -no siempre un ejemplo de laboriosidad para sus compañeros en la fábrica o en el tajo-, ha sido otro de los factores que han ido poco a poco minando la imagen de las centrales sindicales españolas.

El hecho de estar subvencionadas, de vivir -al igual que la patronal CEOE- de los Presupuestos del Estado, en vez de mantenerse merced a las cuotas de sus afiliados, también ha sido motivo de críticas.

Todas las encuestas reflejan la pérdida de apoyo popular.

En particular a la UGT a quien está haciendo un daño incalculable el escándalo de las facturas o el de los ERES de Andalucía, asunto que también está siendo investigado judicialmente. Un caso de presunta malversación que la dirección del sindicato no ha sabido o podido aclarar ante la opinión pública.

El resultado es, como digo, un desgaste notable de la imagen del sindicato. Tengo para mí que a ésta situación ha contribuido de manera notable el clamoroso silencio de Cándido Méndez sobre el caso de las facturas y la confusa actuación de la UGT de Andalucía en el de los ERES falsos.

No se puede vivir de señalar los desmanes ajenos -reales o imaginarios- y mirar hacia otra parte cuando en un asunto que huele tan mal están implicados algunos dirigentes del propio sindicato.

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