OPINIÓN

Pedro Rizo: «Tener criterio»

Pedro Rizo: "Tener criterio"

La aún reciente muerte de Hans Küng resucitó entre algunos católicos su “atrevido” rechazo al dogma de la Infalibilidad Pontificia. Curioso es que su libro “¿Infalible? Una pregunta”, haya desaparecido. Si bien no es difícil descargarlo en PDF. Y es que como se observa en el anecdotario de declaraciones papales, iniciado con Juan XXIII, perdón, San Juan XXIII, y seguido con Pablo VI, perdón, San Pablo VI, y con las de Juan Pablo II, perdón San Juan Pablo II, apoteósicas en Casablanca las de este último sentando que “los musulmanes y los católicos adoramos al mismo dios”, la infalibilidad parece utilísima para la destrucción de la fe de nuestros, ya hoy, abuelos y bisabuelos sin acercarse siquiera al proyectado aumento porcentual de católicos. Otra de las anécdotas infalibles, no debidamente subrayada, fue por San Pablo VI, la supresión “manu militari” de la Misa del Papa San Pío V, (de otro santoral) justamente protegida a perpetuidad contra los desalmados del ‘papismo’ infalible.

Si a alguien molestan o hieren mis palabras les pido reparen en los párrafos que he tenido la suerte de recordar de un libro jamás desechable. Se trata de la magnífica obra de Jaime Balmes, “EL CRITERIO”, que atesora páginas realmente áureas.

Seguidamente selecciono una nimia parte de su texto, como afortunada aplicación a lo comentado. En mi opinión, es llave maestra de pensamiento y conducta con la que atender los miles de asuntos a enfrentar en la vida. En especial los más hondos, serios y trascendentes. Creo que de todas sus páginas estos son los párrafos más valiosos para el lector de Periodista Digital que se lee en el español de tres continentes.

El Criterio, capítulo XVIII
“Si a causa de la debilidad de nuestras luces, estamos precisados a valernos de las ajenas, no las recibamos tampoco con innoble sumisión, no abdiquemos el derecho de examinar las cosas por nosotros mismos, no consintamos que nuestro entusiasmo por ningún hombre llegue a tan alto punto que, sin advertirlo, le reconozcamos como oráculo infalible.”

(…)

“… si al examinar las obras de los grandes escritores, se siente (usted) con fuerza para imitarlos, y se encuentra entre ellos no como pigmeo entre gigantes sino como entre sus iguales, entonces el método de invención le conviene de una manera particular, entonces no debe limitarse a saber los libros, es preciso que conozca las cosas; no ha de contentarse con seguir el camino trillado, sino que ha de buscar veredas que le lleven mejor, más recto, y si es posible a puntos más elevados.”

“No admita idea sin analizar, ni proposición sin discutir, ni raciocinio sin examinar, ni regla sin comprobar; fórmese una ciencia propia, que le pertenezca como su sangre, que no sea una simple recitación de lo que ha leído, sino el fruto de lo que ha observado y pensado. “

Y aquí lo dejo.

Comentarlo es ocioso pues es claro para el que lo aprovechará y sin valor para el que no lo entiende. El error vive del prurito del propio errado, la verdad se defiende sola.

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