Es política. Más allá de los toros lo que existe es una premeditada y sañuda campaña nacionalista para dar un paso más en el camino de extirpar en Cataluña cualquier cosa que huela, suene o se identifique con España
Hace unos años, en tarde de cansancio y de tristeza, se me ocurrió escribir que no volvería en mi vida a los toros. De inmediato fui inundado por un aluvión de zalemas de antitaurinos que consideraron que me había convertido a su causa, aunque en absoluto era tal la cuestión y quedaba bien claro mi respeto por la fiesta. No les importó y la empalagosa campaña de bienvenida llegó a hartarme tanto que como reacción tan lógica como sentimental me fui a ver una corrida. Fue casi una cuestión de supervivencia.
Después de aquello, asistí en Bruxelas, en el Parlamento Europeo, a un acto, ejemplarmente diseñado, de defensa de la Fiesta Nacional y que me convenció profundamente. Lo abordaron desde todos los puntos de vista, con particular énfasis en lo cultural y en esa impronta que los toros han dejado en la poesía, en la música, en el cante, en la literatura, en la pintura y hasta en la arquitectura misma. Con una nota añadida que me hizo reflexionar mucho: el toro de lidia es el auténtico guardián de la dehesa. Es un valor ecológico de primerísima magnitud en España y el garante de la conservación y hasta protección de medio millón de hectáreas de un ecosistema único.
ES UNA CUESTIÓN POLÍTICA
El Parlamento de Cataluña está debatiendo ahora la abolición de los toros en aquel territorio. Los prohibicionistas creen que están a punto de lograrlo y puede que así sea. Aunque hayan dicho atroces tonterías como compararlo al maltrato infantil, o a las mujeres y a la ablación del clítoris. El prohibir a los demás lo que a «nosotros» no nos gusta es la extrañísima forma de entender la libertad que se respira en zona del pensamiento único y políticamente correcto. Y esta es una cuestión, ante todo de libertad, tan fácil de resolver con el mero acto de no ir. Queda la esperanza de que los diputados catalanes lo entiendan así.
Pero queda poca. Porque en realidad la cuestión es otra. Es política. Más allá de los toros lo que existe es una premeditada y sañuda campaña nacionalista para dar un paso más en el camino de extirpar en Cataluña cualquier cosa que huela, suene o se identifique con España. Ese es el objetivo y por ello el entusiasmo de ERC, el apoyo de la mayoría de CIU y la complicidad una vez más desnortada de los presuntos socialistas del PSC a cuyas bases populares parecen querer avergonzar cada día de sus raíces. No son los toros lo que, en el fondo, algunos quieren prohibir en Cataluña, lo que en realidad quieren prohibir es a España.
Artículo originalmente publicado en ‘La Marea’, el blog de Antonio Pérez Henares.
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