Sesión Golfa

Juan Carrasco de las Heras

La última

Hasta su reciente fallecimiento, en numerosas ocasiones hemos mencionado por aquí que Kirk Douglas era el último y más longevo representante de la Era Dorada del cine estadounidense. El último… con permiso de Olivia de Havilland. Se han llevado poco tiempo, pero por unos cuantos meses, la mítica actriz ha sido la última superviviente de otros tiempos sin duda mejores para esto del glamour y de contar historias emocionantes.

A los 104 años, la intérprete legendaria de Lo que el viento se llevó (1939), también conocida por “Melania”, justo de ese papel, seguramente el de su vida por repercusión, ha muerto el domingo 26 de julio en su residencia de París. Las aventuras de Robín de los bosques (1938), Camino de Santa Fe (1940), Canción de cuna para un cadáver (1964), La vida íntima de Julia Norris (1946), La heredera (1949) (las dos últimas, ganadoras de un Oscar) y Lo que el viento se llevó están entre otras en el gran legado que deja. Precisamente la intérprete del único personaje de Lo que el viento se llevó que moría si a estas alturas esto les supone un spoiler, tienen un problema) ha sido la gran superviviente de la historia de Hollywood. Cosas de la vida, nunca mejor dicho.

De personalidad complicada, lejos de su apariencia delicada en la gran pantalla pero muy en concordancia con la gran diva de la época, de Havilland fue tan conocida por su trabajo como por su leonina y polémica rivalidad con su hermana, la también famosa actriz y musa de Hitchcock, Joanne Fontaine. Acabó arruinada y rescatada precisamente por su hermana, aunque le ganó la batalla final. Consiguió sobrevivirle. Siempre se ha comentado que su mala relación se remonta a la ceremonia de los Oscar de 1942, cuando las dos competían por el premio a la mejor actriz. Sin embargo, Olivia confesó en la entrevista que el recelo entre ambas surgió cuando eran apenas unas niñas. Dicen que las peores disputas nacen siempre desde dentro de la familia…

Fruto de ese carácter que hemos mencionado, marcó además un punto de inflexión en la industria cinematográfica al ser una de las primeras actrices que llevó a juicio a su estudio, Warner Bros., en 1943 para liberarse de aspectos claramente abusivos en su contrato; por aquél entonces se firmaba no por películas, sino con la compañía. En Hollywood se imponía el conocido «star-system» en el que los grandes estudios daban lustre a sus estrellas a cambio de controlar al máximo aspectos de su vida laboral y personal. La demanda prosperó y cambió para sus compañeros de profesión un punto por el que los estudios podían pausar los contratos de sus intérpretes si no trabajaban y alargar las condiciones de exclusividad más allá del tiempo firmado.

En Hollywood esta decisión se conoce como «The De Havilland Decision» (La Decisión de De Havilland). “Nadie pensó que ganaría, pero después de hacerlo, llegaron flores, cartas y telegramas de mis compañeros actores. Esto fue maravillosamente gratificante”, recordó la actriz en una entrevista de 1992.

En 2004 presentó en la gala de los oscars un homenaje a los históricos premiados, y esa fue a su manera la despedida con los asistentes en pie aplaudiendo de esta gran profesional que ha contribuido durante décadas a engrandecer aquello a lo que se dedicaba. Sin duda, el fin del ancla a una realidad que se veía distinta por el hecho de que una protagonista de la misma pudiese contarla…

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Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión "Fila 7" en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal "El Cine en la Onda".

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