Secretos que esconde el Pendón de las Navas de Tolosa  

Por José María Arévalo

(El Pendón se expone en el Museo de Telas Medievales del Monasterio de las Huelgas)

El Pendón de las Navas de Tolosa es un símbolo, una tradición, y se muestra todos los años, desde 1331, en una de las fiestas más singulares de Burgos, el Curpillos. Normalmente solo puede verse en el Museo de las Telas del burgalés Monasterio de las Huelgas.

Vamos a ver los cinco secretos que esconde el Pendón de las Navas de Tolosa, tapiz del siglo XIII  que la tradición dice que fue el toldo de la lujosa tienda del califa An-Nasir, Miramamolín.

Durante siglos el auténtico Pendón de las Navas de Tolosa solo salía del  Monasterio de las Huelgas para esta  tradicional celebración eucarística, el Curpillos, seguido por la popular romería en el  Parral. Hoy solo puede verse en el  Museo de las Telas del Monasterio de Las Huelgas en Burgos.

El preciosista tapiz original, con más de 810 años a sus  espaldas, es el protagonista del  Museo de Telas Medievales donde descansa,  acostado sobre una superficie, con temperatura, humedad e iluminación constante.  La pieza está elaborada en seda y oro, mide 326 por 222 centímetros y el peso original es de 6,2 kilos. Se  conserva en el museo  de las Telas a 18/20  grados de temperatura, a una humedad de  45 a 50 grados y una  iluminación de 50 lux máximo en  todo el museo.

Se trata de una pieza almohade y esconde muchos secretos y particularidades aunque la historia y la tradición se entrelazan.  «Nos movemos en el mundo de las tradiciones y las leyendas, porque al  intentar contrastar datos históricos,  la documentación en esta época falta, no hay datos, ¿es del primer tercio  del siglo XIII? No se puede negar al  100% ni afirmar al 100% pero hay  muchas posibilidades», señala -esplicaba El Mundo de Burgos en un reportaje- el historiador y guía del Monasterio de las Huelgas, Vidal Postigo. Eso sí. Esta creencia de ser un botín de la batalla que ganaron los cristianos contra todo pronóstico «es la razón de que se haya conservado, sin esa tradición no estaría aquí ni se hubiera conservado». Con él descubrimos cinco secretos que esconde el Pendón de las Navas de Tolosa.

No es un pendón

El tapiz fue un botín de guerra de las tropas cristianas. No es un pendón ni un estandarte medieval o bandera. Todo apunta a que es el toldo de la entrada a una tienda de un alto mandatario almohade en el campamento de las tropas magrebíes. Por los tonos  rojos y los leones, los estudiosos consideran que podría pertenecer a la  tienda que pudiera ser el centro de  operaciones del califa An-Nasir, el  Miramamolín de las crónicas cristianas de la época.

«La tienda del califa  almohade de Marrakech era roja, un  color privativo del califa, y ahí puede encajar que fuera parte de su tienda», explica el historiador. Añade,  además, el detalle de los leones dentro de círculos blancos que presenta  a pieza. «Hay varias posibilidades y una de ellas es que los  califas de Marrakech  se creían descendientes del trono del León  de Sion, que es el equivalente al trono del rey  David en el ámbito  cristiano», señala.

Otra señal que apunta que no es  un pendón es que tiene dos caras. Es  reversible. «Cuando tapaba la puerta del califa se ve lo que vemos hoy, y al  levantarla y colocarlo en modo de dosel  se veía lo mismo por debajo», señala  el historiador. De esta manera, la forma en la que se ven las inscripciones hoy son a la inversa, «si miráramos desde abajo las veríamos en orden».  Un reverso que no se conserva porque, para proteger la tela, se tuvo que colocar un soporte textil en una de las intervenciones realizadas a lo largo de la historia sobre la pieza.

Hilos de oro y seda

El tapiz esconde una confección laboriosísima  que engarza hilos de seda de varios  colores (rojos, azules, celestes, verdes, blancos, amarillos) e hilo de oro  de Chipre. El sistema que se realizaba en aquel tiempo consistía en vestir un hilo de seda con una cubierta de cuero que se une a la seda por el  colágeno que tiene al ser un material  orgánico. El cuero se envuelve a su  vez de aceite de nuez y resinas de coníferas que actúan como pegamento  para aplicar el pan de oro.

«Cada hilo de oro lleva seda, cuero y pan de oro, es un trabajo finísimo y preciosista y que está presente en toda la  pieza», aclara Postigo. Un trabajo laborioso que conlleva siete hilos de urdimbre por 30 de trama en cada centímetro cuadrado del tapiz.

¿Qué significan sus inscripciones en árabe?.

El cuidado en tejer el tapiz no se tiene de la misma manera en las inscripciones que rodean el cuerpo central del pendón. Las letras en negro, que asemejan culebras o serpientes, hacen referencia a los textos del Corán pero «así como la calidad del tapiz es muy buena, la caligrafía presenta algunos errores, empieza bien calibrando letras, medida  y proporción pero, al final, se van  amontonando y se salen de la caja  de escritura, es decir, se ha calculado  mal la caja de inscripción».

En la parte superior de la tela, donde falta el inicio y el final, dice ‘me refugio en Dios de Satanás, el  apedreado. En nombre de Dios Misericordioso, el Clemente, bendiga  Dios…’. Las inscripciones que se sitúan debajo en recuadros azules y verdes recrean el ‘sahada’ o la  profesión de fe islámica ‘no hay más Dios  que Dios’ y ‘Mahoma  es su profeta’.  Los vocablos que  rodean la estrella central recrean una Sura  del Corán que llama a  la Yihad: ‘¡Creyentes¡  ¿Queréis que os indique un negocio que os  librará de un castigo  doloroso? Creed en  Dios y su Enviado, y  combatid por Dios con  vuestra hacienda y  con vuestras personas.  Es mejor para vosotros, si supierais. Así como perdonará vuestros pecados y os introducirá en los jardines por cuyos bajos  fluyen arroyos, y en viviendas gratas en los jardines del Edén. Ese éxito es grandioso’.

Y en la estrella central se repite por  ocho veces ‘al-Muluk’ que significa  “el dominio” y es el título de una sura  del Corán.

El centro geométrico

En la parte central de la pieza hay una sucesión de cuadros que hacen estrellas de a ocho y unos triángulos con motivos vegetales. En el mundo islámico la figuración está muy limitada.  En el Pendón de las Navas de Tolosa sí hay unos leones, que son de fabricación islámica, pero el resto de las  referencias se recrean con la abstracción y la caligrafía. Estas piezas se  interpretan como una representación del trono de Dios.

Según las  creencias del Islam el trono de Dios  está soportado por cuatro árboles en  diagonal. Y los motivos vegetales en  los triángulos de la pieza se interpretan como esos cuatro árboles.

De milagros y símbolos

El milagro actual es que la pieza siga entera. Este tipo de tapices preciosistas  se solían deshacer para obtener el  oro. En este caso se conservó desde 1212 o, según otras teorías, como regalo de Fernando III , tras la conquista de Jaén, Córdoba, Sevilla o Carmona, unas décadas después. Sea como fuere, tiene casi mil años y sigue mostrándose en todo su esplendor.

«Para que se haya conservado tan bien es una pieza que tendría que haber tenido algún uso, porque sin una función práctica estos textiles tan grandes y ricos se suelen fragmentar para sacarle más rendimiento económico», explica Fidel Postigo. De esta manera se cree que se pudo usar de dosel en algunas ceremonias reales del Monasterio de las Huelgas. Hay documentación del uso de un dosel de oro a finales del siglo XIII y principios del XIV en la  Capilla Mayor de la abadía para la  ceremonia de los Reyes.

El otro milagro es que los cristianos pudieran llevarse un botín de guerra y ganar la batalla de las Navas de Tolosa. «Hay una fortaleza en este tipo de símbolos que hay épocas donde viene bien a nivel propagandístico como en lo más álgido del siglo XVI y XVII en la guerra contra los turcos porque fue una victoria contra todo pronóstico», explica  el historiador.

Los reinos de León, Castilla, Aragón y Navarra unieron fuerzas junto con tropas de las órdenes militares de Santiago, Calatrava, Temple y Hospital de San Juan. Las tropas cristianas tenían bola de cruzada concedida por el Papa Inocencio III que veía que las tropas árabes amenazaban con invadir Italia, Tierra Santa, desde África.

En frente, el ejército del califa almohade Muhammad an-Nasir doblaba en efectivos a los cristianos.  Habían llamado a la Yihad en Asia y en el Norte de África, y en la batalla hubo hasta arqueros del Kurdistán, desde Irak. «Lo lógico hubiera sido que el califa arrasara y ni las tropas cristianas se explicaban cómo pudieron ganar. Lo atribuyen a un milagro de la Virgen, a que San Isidro y Santiago indicaron el camino, pero fue una hábil decisión táctica que permite ganar la batalla por el efecto sorpresa: los cristianos aparecen por donde no se les espera», resume.

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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