Paolo Genovese (Roma, agosto 1966), es cordial y cercano. Comienza la entrevista con un «Come stai?», para contar luego en inglés interesantísimos aspectos de su nueva película, El primer día de mi vida (Il primo giorno della mia vita), presentada en el pasado BCN Film Fest y basada en su propia novela homónima. También habla del fenómeno de Perfectos desconocidos (2016), film que coescribió y dirigió en italiano y que ha originado 25 versiones cinematográficas en infinidad de idiomas alrededor del mundo. ¿Qué si está contento con los remakes? No. Y el cineasta explica el porqué.
En el planeta vivimos millones y millones de personas, que, además, vamos pasando y pasando por la vida durante generaciones. ¿Por qué, entonces, sabiendo todo esto, sufrimos cuando un ser querido muere, y nos resulta irremplazable?
Creo que realmente no sufrimos por la persona que muere, sino porque echamos de menos a esa persona. Y porque sabemos que desaparecerá de nuestra vida. Porque la echaremos de menos, extrañaremos hablar con ella, besarla, nuestra experiencia con ella… Por eso sentimos un vacío en nuestra vida. El que muere no sufre; simplemente, desaparece. Hay una filosofía griega que dice: “No tenemos que preocuparnos por morir, porque, si estamos aquí, los muertos no están aquí. Si los muertos vienen, no estamos aquí. Así que no es posible compartir esta, nuestra experiencia con los muertos”. Creo que el que realmente muere es el que permanece.
Escribió una novela sobre suicidas, y luego la convirtió en película. ¿Por qué este tema, el suicidio?
Quería escribir una historia sobre las segundas oportunidades, pero no sabía cómo.
¿Estaba deprimido cuando escribió esta historia?
No. No lo recuerdo. Quizá algunas veces, pero creo que no. No soy una persona depresiva, pero a veces tengo momentos depresivos, como todos; esto es normal. La felicidad no es un estado permanente. Pero realmente decidí escribir esta historia hace cinco años. Estaba en San Francisco, en un festival de documentales, y vi este documental, The Bridge, y el director (Eric Steel) puso dos cámaras en el puente Golden Gate, que tristemente es muy conocido por ser el lugar más elegido en el mundo para los que se quieren suicidar. Durante un año grabó con una cámara fija a cada persona que saltó desde el puente, pero lo realmente interesante son las entrevistas que hizo a los pocos que sobrevivieron el salto. Y todos dijeron lo mismo: que a los siete segundos, que es el tiempo que tardas desde el puente hasta el agua, se habían arrepentido de saltar. Y pensé mucho en eso. Cuando uno intenta suicidarse, que es lo más terrible que uno puede hacer, existe la posibilidad de que cambies de opinión. Y desde esta idea, comencé a construir la historia. Me pareció interesante imaginar qué podría hacerle cambiar de opinión a alguien que decide suicidarse.
¿Alguna vez ha conocido a alguien que quisiera suicidarse?
Sí, y hace unos años perdí a un amigo que se suicidó. Y jamás lo imaginé. Parecía una persona feliz, pero eso no significa nada, porque no sabes lo que alguien siente por dentro. Su suicidio me trastocó muchísimo. Ocurrió después de escribir la historia, no antes.
¿Y le había contado que estaba escribiendo una historia sobre el suicidio?
Sí. Él lo sabía, pero nunca la leyó porque estaba en fase de elaboración.
En El primer día de mi vida hay cinco personajes. Toni Servillo interpreta a una especie de guía, o ángel. Y luego hay cuatro suicidas que permanecen en el limbo. Una policía que ha perdido a su hija, y por tanto, tiene una razón tangible. Un niño gordito cuyos padres no le quieren y le explotan en Youtube. Una joven gimnasta profesional postrada en silla de ruedas, y, paradójicamente, un hombre que da conferencias motivacionales y que también sufre, aunque aparentemente no tiene ninguna razón para ser infeliz, a diferencia de los otros. Eso me resulta muy interesante.
Es que en realidad sí hay una razón, pero no sabe cuál es la razón de su sufrimiento. Pero siempre hay una razón. A veces, especialmente en la enfermedad de la depresión, uno no sabe exactamente por qué está mal; no está claro. Muchas cosas vienen de la sociedad, de tu propia vida, y te ponen en modo depresivo, pero no tienes un hecho concreto, como perder un hijo o una determinada enfermedad. No está claro. Es solo una sensación de abatimiento, un tipo de enfermedad extraña. A veces la depresión es consecuencia de otros hechos ocurridos, pero frecuentemente es una enfermedad absoluta, y no sabes por qué la sufres. No es que no haya
una razón; es que no sabes cuál es.
En alguna entrevista con un psicólogo o psiquiatra he leído que todos, en algún momento de nuestra vida, tenemos pensamientos suicidas. ¿Cree que eso es cierto, que fantaseamos con la idea?
Absolutamente sí. He leído mucho sobre el suicidio, y es absolutamente cierto. Muchos de nosotros tenemos este tipo de pensamiento, pero lo ponemos a un lado. Normalmente es un pensamiento sobre la posibilidad de tener una salida de emergencia de la vida. Puede parecer paradójico, pero este tipo de pensamiento podría ser un pensamiento de advertencia. Generalmente no es un pensamiento de acción, sino solo una idea. Pero es verdad. Mucha gente tiene este tipo de pensamiento También he leído que realmente no es culpa de nadie que alguien se suicide, porque el suicida ya está previamente enfermo. No importa lo que hagas: si quieren hacerlo, lo harán. Así que no hay nadie a quien culpar. Sí. Eso es absolutamente posible, sí.
Por supuesto, al verla he pensado en Qué bello es vivir, de Frank Capra. ¿Esa película le inspiró?
Hmm. Sí, muchos me han mencionado esa película. Pero es muy, muy, muy antigua. Y cuando yo hice la mía, no recordaba ninguna película reciente sobre el suicidio. Por eso creo que no es un tema fácil de tratar. Y esa es especial, y tiene otro punto de vista. El ángel de Qué bello es vivir le salva porque el sentido de la vida es lo que has hecho. En mi historia, el sentido de la vida es lo que podrías hacer en el futuro, así que es un punto de vista opuesto.
Escribió y dirigió Perfectos desconocidos, y luego se han hecho otros 15 o 21 remakes, según he leído.
Son 23 (al parecer, a día de hoy ya son 25).
El segundo, tras el griego, fue el de Álex de la Iglesia, y tengo entendido que no le gustó. ¿Es cierto?
No. Bueno, es verdad, pero el problema es que no me gustó ninguno de los remakes. Creo que es normal, porque una película es como un hijo. Piensas que has escrito cada frase, cada situación, es tu historia. Y tú la imaginas de una determinada manera. Cuando alguien hace un remake de tu historia, algo cambia, lo cual es lógico. Algunos lo cambian más, otros menos, pero siempre cambia. Y no te gusta que cambien algo de tu historia.
¿Cuántas ha visto de las 23?
Creo que unas diez. Luego ya paré.
Y no le gustó ninguna. ¿Así que el productor lo hizo en contra de su voluntad? ¿Quién tenía los derechos?
Medusa, el productor. Pero no es que yo estuviera en contra. Tenía sentimientos encontrados. Por un lado, estás feliz de que alguien ame tanto tu película que quiera rehacerla. Pero lo que ocurrió en este caso no suele ocurrir. Normalmente es para un país, dos países… Lo que no me podía imaginar eran 23 versiones diferentes. Así que, al principio, la primera, ok. La segunda, ok. Pero ya la tercera, cuarta, quinta… ¡Es demasiado! Era casi como un ejercicio de violencia hacia mi historia en todo el mundo, así que, a partir de la décima, dejé de verlas.
Vaya. No hablemos de dinero, pero, si usted hubiese tenido los derechos, ahora sería muy, muy rico.
Sí. Muy, muy rico. Se han generado más de 300 millones de euros en todo el mundo.
Y de esos 300 millones de euros, usted se ha llevado cero.
Cero.
Entiendo que no esté contento.
Normalmente en Italia no posees parte de los derechos, es algo normal, y generalmente no los vendes, no es normal tener un remake de tu película. He rodado 15 películas, y en el pasado se ha hecho algún remake de alguna de mis películas. Por ejemplo, de Immaturi (Inmaduros, 2012) se hizo un remake… De otra… Pero, en fin. Son muy pocas con las que se hace este tipo de operación. Y con Perfecta Sconosciuti perdimos el control.
Para usted habría sido mucho mejor vender la original, la italiana, a muchos países. Distribuirla.
Totalmente sí.
Con subtítulos en inglés, en español, y en otros idiomas.
Sí. Y también desde el punto de vista cultural. Me habría gustado exportar una película italiana, en vez de que hicieran remakes.
Como hacían con las del neorrealismo italiano, por ejemplo. Jaume Collet Serra, director de cine español, me dijo: “Para evitar ese problema, es mucho mejor hacer las películas directamente en inglés”. Él las hace en inglés. Como Sin identidad (Unknown), con Liam Neeson y Diane Kruger.
Sí, pero no siempre es tan fácil hacerlas en inglés.
Pero esta, El primer día de mi vida, tengo entendido que iba a ser rodada en Nueva York con un reparto angloparlante, americano. Y que el Covid lo cambió todo.
En este momento, justo estos días, estamos hablando de esta oportunidad, de hacerlo así.
¿Para esta película o para otra?
Para hacer Perfect Strangers (Perfectos desconocidos) en Estados Unidos. Hace unas dos semanas estuve en Los Ángeles hablando de esto.
¿No hay versión americana?
No. Y podría ser bueno que yo la hiciera.
Usted nació en Roma el 20 de agosto de 1966. Estudió economía y trabajó en la agencia de publicidad McCann Erickson, donde hizo más de cien anuncios. Estaba pensando en Ridley Scott, que hizo más de 3.000 anuncios antes de dar el salto al cine. ¿En publicidad se aprende mucho?
Sí, mucho. Ruedas mucho, un anuncio a la semana, y cada vez es una situación distinta, un tipo distinto de actuación de cada actor… Aprendes muchísimo.
¿Y por qué quiso ser director de cine?
Es que ni sabía que existía la posibilidad de hacerse director. Simplemente empecé a los 14 o 15 años a escribir historias. No lo veía como un trabajo factible. Me encantaba hacerlo, escribir la historia… Y empecé a rodar con mis amigos, con la cámara, solo por pasión; no pensaba que podría ser un trabajo. Después empecé a estudiar Economía, luego trabajé en publicidad, y más tarde entendí que esto podía ser un trabajo. Hice un corto que ganó muchos premios, y un productor me preguntó si quería escribir un largometraje, y dije:” ¿por qué no?”. Pero al principio mi pasión era solo contar una historia.
Escritor de novelas, guionista y director. Usted ha dicho: “Escribir es gratis. Solo necesitas lápiz y papel. Pero hacer una película requiere mucho dinero, mucho esfuerzo, mucha gente”.
Es que escribir es totalmente gratis. Puedes imaginar te ir a la luna y volver, escribirlo en un par de líneas, y no pensar en un problema de presupuesto. Ese es el aspecto que me encanta de escribir una novela: eres totalmente libre y tu fantasía no tiene que ceñirse a un
presupuesto. Escribir una novela también es tener la oportunidad de pensar de una forma totalmente libre.
Por último, ¿es cierto que va a hacer una serie llamada Los leones de Sicilia?
Sí. Es para Disney.
Muchas gracias y buena suerte.
Gracias a ti.