"El aborto procurado evitable resulta ser un fallo de la cultura humana"
(Ramón Baltar).- El anuncio de la sustitución de la ley del aborto de plazos por otra de supuestos mantiene vivo un debate enlodado por los prejuicios ideológicos y el electoralismo descarado. Se esbozan a seguido unas notas que ayudarían a aclararlo.
1ª. El Parlamento de un Estado democrático no legisla coactivamente en materia de valores que exigen un consenso mayoritario. Las dudas de índole filosófica que plantea el aborto impiden lograrlo.
2ª. Las leyes civiles no garantizan por sí mismas la perfección moral de la sociedad, pero eso no las excusa de dirigirlas a esa meta utópica. Ni penalización general del aborto ni la sola despenalización atienden este requisito.
3º. La generación humana y la reproducción animal son realidades distintas: en ésta, las crías valen como continuadores del ADN de la especie, en aquélla, los hijos tienen otro destino. Somos algo más que biología.
4ª. El conflicto no se despacha pretextando que si la naturaleza elimina a los individuos mal dotados para la supervivencia (aborto natural), el hombre estaría autorizado para hacer lo mismo. Pero la razón ética desaconseja repetir los errores de aquélla cuando es posible corregirlos y prevenirlos. El aborto procurado evitable resulta ser un fallo de la cultura humana.
5º El respeto a la vida es un marcador del progreso espiritual de la Humanidad. El número de abortos registrados aclara en qué punto está ahora y recomienda una batería de medidas políticas contra las causas que lo favorecen.
6º. Descontada la económica, muchísimas situaciones de aborto proceden de la facultad del hombre para separar la satisfacción de su instinto sexual de la voluntad de procrear. La educación debería de enseñar a cohonestarlas.
Proponer recetas mágicas de erradicación del aborto es pérdida de tiempo. Las posiciones de partido han de dejar paso a una convergencia constructiva que busque resultados esperanzadores.



