Mientras el Valencia se encuentra en la parte baja de la tabla en la Liga, lidiando con el descontento de su afición y un proyecto que tambalea, la Copa del Rey le brinda un respiro inesperado.
En la noche del jueves 15 de enero de 2026, el equipo dirigido por Carlos Corberán llegó a El Plantío para medirse al Burgos en los octavos de final de esta competición eliminatoria, y lo hizo bajo unas condiciones climáticas que parecían querer dificultar el desarrollo del partido.
Lluvia constante, frío penetrante y una niebla que se introducía entre las gradas transformaron el estadio burgalés en un entorno hostil donde solo los equipos con carácter podían sobresalir.
Desde un principio, parecía que el Valencia afrontaría este partido con la mente dividida.
La crisis de resultados en la máxima categoría, donde los blanquinegros rondan la zona peligrosa, había provocado un debate público acerca de cómo encarar la competición copera. Sin embargo, Corberán decidió adoptar una estrategia pragmática: presentó un once con algunas modificaciones respecto a su alineación habitual, pero sin renunciar a la calidad.
Una de las decisiones más destacadas fue dar titularidad a Umar Sadiq por primera vez desde su regreso al club; el delantero nigeriano llegó con la misión de convertirse en el salvador ofensivo que tanto necesitaba un proyecto ávido de goles y esperanza.
El gol tempranero que abrió el camino
El Valencia no tardó en dejar claro que, a pesar de las adversidades, quería resolver el partido sin complicaciones. A los diez minutos, tras un saque de esquina ejecutado por Almeida, Rubén Iranzo Rubo —un central actuando como lateral que había tenido escasa participación esta temporada— conectó un cabezazo impecable para poner el 0-1 en el marcador. Fue un gol sencillo pero eficaz, ese tipo de tanto que calma a un equipo visitante en un terreno complicado.
No obstante, el Burgos no se amilanó. El conjunto dirigido por Luis Miguel Ramis, que había sorprendido al eliminar al Getafe en la ronda anterior con una remontada épica, mostró competitividad y peligrosidad. Víctor Mollejo, el delantero atlético considerado el alma del equipo burgalés, generó ocasiones claras. En los primeros 45 minutos, los locales tuvieron al menos dos oportunidades para igualar: un cabezazo de Mateo Mejía que se desvió y un disparo del propio Mollejo que fue bien detenido por Tárrega. Mientras tanto, el Valencia apenas sufrió defensivamente, aunque tampoco logró ampliar su ventaja pese a los intentos de Sadiq y Ramazani por hacer daño en ataque.
Sadiq escribe su propia historia
Si la primera mitad estuvo marcada por una contención efectiva, la segunda parte comenzó con un mensaje claro desde el minuto 50: Umar Sadiq anotó el segundo gol del Valencia, casi sellando la eliminatoria. El tanto fue pura esencia del delantero nigeriano: tras recibir un pase en el área por parte de Ramazani, Sadiq se deshizo de su marcador con una finta elegante y definió cruzado con el exterior del pie, superando a Jesús Ruiz. Su celebración fue tan emotiva como significativa: besó el escudo y corrió hacia los aficionados valencianistas para compartir esa alegría.
Este gol no era solo otro tanto más en la Copa. Sadiq repetía casi como si fuera una premonición lo ocurrido exactamente un año atrás. En octavos de final de la edición anterior, el Valencia había derrotado al Ourense con otro 0-2 en tierras gallegas, siendo él quien marcó también ese segundo gol tras debutar días antes. Ahora, tras su retorno al club después de una etapa en el Almería, donde formó una dupla letal con Ramazani —28 goles y 10 asistencias entre ambos—, y posteriormente en la Real Sociedad, demostraba que esa conexión seguía viva. «Me ha gustado mucho cómo ha jugado Sadiq; ha sido referencia en ataque y ha marcado su primer gol; es una buena noticia», declaró Corberán al finalizar el partido, consciente de haber encontrado una pieza clave para sus aspiraciones ofensivas.
Un Burgos que se negó a rendirse
Aunque el 0-2 parecía cerrar las puertas a cualquier remontada posible, el Burgos no se dio por vencido. El equipo burgalés había demostrado capacidad para reaccionar en rondas anteriores e insistió en buscar esa vuelta al marcador. Kévin Appin, delantero francés ingresado durante la segunda mitad, fue quien más peligro generó en los minutos finales. En el minuto 74 estrelló un balón contra el travesaño; esa acción pudo haber cambiado completamente el rumbo del encuentro si hubiera entrado. Poco después volvió a recibir un pase de Mollejo para rematar dentro del área, pero Dimitrievski realizó una parada espectacular que evitó lo que podría haber sido uno o incluso dos goles más para los locales. El portero valenciano tuvo intervenciones claves hasta el final del encuentro bloqueando también un remate peligroso de Mario González, asegurando así que no hubiera sorpresas.
