Buscando autenticidad

Degustar un auténtico café irlandés no es tan sencillo como uno puede creer a primera vista, pese a que se ofrezca con mucha frecuencia y en multitud de sitios. El asunto es que hay que saber prepararlo. “Yo sé preparar café irlandés, si quiere”, dice una de las dos intrépidas y persistentes jóvenes que con tal de verse inmortalizadas por el fotógrafo de moda, son capaces de hacer café irlandés y lo que haga falta, hasta mantener un conato de “ménage à trois” con el artista. Claro que la acción de la conocida película de Michelangelo Antonioni, “Blow up”, transcurre en Londres en los años sesenta, cuando todo estaba permitido y la búsqueda de autenticidad y la liberalidad de las costumbres eran extremas, hasta el punto de que el hábil olfato del fotógrafo le avisa que debe comprar una tienda de antigüedades en una zona que está pronta a ponerse de moda, al haber visto por el barrio a una pareja gay paseando a su perrito.

Un poco de calor tras la tormenta. Eran los fotógrafos de moda en los sesenta las auténticas estrellas, mientras que las modelos eran tratadas como meros “maniquíes”, como “perchas” en donde colgar los modelos de alta costura, inspirados en artistas como Mondrian y Vasarely. Y dentro de la moda, en este fresco en el que un italiano supo retratar con extrema fidelidad la Inglaterra de la época hippie, descubrimos un café irlandés, una combinación que había surgido en la vecina Irlanda en el invierno de 1943, cuando un avión que había despegado con destino a Nueva York tuvo que regresar a las diez horas del despegue a la base aérea de Foynes, en el Condado de Limerick.

Para reconfortar a los atribulados y ateridos pasajeros y hacerles olvidar los peligros recién pasados en la tormenta, el chef Joe Sheridan no tuvo mejor ocurrencia que incluir un poco de whisky irlandés en el café caliente y negro (“como el alma de Cromwell”, dicen que musitó entre dientes), que culminó con un generoso chorro de fresca nata irlandesa ligeramente montada. La bebida fue celebrada por todos los viajeros. “¿Qué es?”, preguntó uno de ellos, “¿un café brasileño?”. “No”, contestó improvisadamente el bueno de Sheridan, y haciendo un acopio de patriotismo declaró con orgullo: “es un café irlandés”.

Un café para la historia. Desconocía aún Joe Sheridan que esta combinación y estas palabras le harían pasar a la posteridad en el mundo de la coctelería, al haber dado notoriedad a una combinación que desde entonces fue incrementando su éxito por todo el mundo. A través de un escritor viajero, Stanton Delaplane, la fórmula llegó al responsable del bar de cócteles del Hotel Buena Vista, en San Francisco, cuyo barman Jack Koeppler no conseguía que la nata flotara sobre la combinación previa de whisky, café y azúcar.

Ni corto ni perezoso, Jack viajó hasta Irlanda para aprender de Joe Sheridan la magistral fórmula, que hoy conocen y adaptan a lo largo y ancho del orbe miles de barmen y millones de entusiastas bebedores. Una placa situada en el actual aeropuerto de Shannon, en el irlandés Condado de Limerick, rinde homenaje al creador del café irlandés: la placa está situada en el “Joe Sheridan Cafe Bar”, donde aún se pueden degustar cafés irlandeses tal y como su creador los pensó hace casi sesenta años.

Cafés, por cierto, que no degustaron finalmente en la película de Antonioni el fotógrafo y las dos aspirantes a modelos, ya que dedicaron su tiempo a otros menesteres igualmente placenteros (en la película, debut en la pantalla de Vanessa Redgrave, se bebe, en cambio, cerveza, whisky, vino, y se fuma algún porro). Sin omitir nada, y sin empeñarnos en inútiles y sucesivos “blow ups” (ampliaciones, en la jerga de los fotógrafos) que nos hagan perder la perspectiva y distraernos de la autenticidad, encontraremos un momento para cada actividad, y, entre tanto, un rato en el que preparar y degustar tranquilamente, solos o en compañía, un auténtico café irlandés.

LA AUTÉNTICA FÓRMULA DEL CAFÉ IRLANDÉS.

Aunque habrá visto muchas y diferentes maneras de hacer un café irlandés, la receta que se considera la original de Joe Sheridan es la siguiente:

1. Calentar un tazón o jarra llenándolo durante un rato con agua hirviendo.

2. Poner una medida de whisky irlandés (una onza y media, tradicionalmente).

3. Añadir una cucharada de azúcar morena.

4. Llenar con un café negro fuerte (el original al parecer era de la marca Bewleys) hasta tres centímetros del borde del tazón.

5. Revolver hasta disolver el azúcar.

6. Completar con nata montada ligera sobre la superficie, con ayuda de una cuchara invertida para que no se mezcle con el líquido.

7. Beber caliente y sin revolver la nata, de modo que en cada sorbo se tome el café a través de la nata, que debe quedar siempre encima.

Y algunas consideraciones:

· Como verá, en la fórmula original no se quema el whisky, cosa que actualmente es habitual. Al quemar el whisky se consigue que la bebida esté mucho más caliente y que tenga una menor potencia alcohólica.

· Originalmente, tampoco se adorna la nata por encima, aunque queda bien con un poco de canela en polvo o chocolate en copos o rallado.

· Hay quien añade unas gotitas más de whisky encima de la nata.

· Las variaciones del café irlandés son numerosas, siendo usual hoy en los Estados Unidos el poner una nata mentolada, de color verde. También se adorna a veces con pistachos picados.

· La película titulada aquí “Café irlandés”, de Stephen Frears, aunque tan buena como la mayoría de las de su autor, no se llama así ni trata este cóctel. Su nombre original es “The Snapper”, que como me informa mi amiga Nieves Sáiz, quiere decir “el chivato”.

CAFÉS DE OTROS MUNDOS.

· Café mexicano: se sustituye el whisky por una mezcla a partes iguales de tequila y Kahlúa (un licor de café mexicano).

· Café jamaicano: se sustituye el whisky por una mezcla a partes iguales de ron oscuro jamaicano y Tía María.

· Café antillano: se sustituye el whisky por ron añejo de las Antillas.

· Café francés: se sustituye el whisky por Grand Marnier, coñac, o una mezcla de ambos.

· Café moscovita: se sustituye el whisky por vodka. Se suele tomar sin nata.

Autor

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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