EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXIV)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
A ver si con las palabras que contienen los dos párrafos que siguen te ayudo a penetrar en las concretas y correctas intención (voluntad) e intelección del poema.
Por las fechas en las que mi sobrina Alba cumple años, finales del mes de junio, teniendo, poco más o menos, una edad similar a la que ella ha alcanzado hoy, quince años, terminado uno de los tres cursos académicos (no recuerdo con fidelidad cuál, pero, si he de decantarme por uno, diré que fue Séptimo) de EGB (Educación General Básica) que seguí en el Postulantado o Seminario Menor (hoy, hotel) que los Padres Camilos regentaban en Navarrete (La Rioja), antes de comenzar las vacaciones estivales, hicimos un viaje en autobús por la provincia de Burgos. Recuerdo que estuvimos, entre otros sitios, en el monasterio cisterciense de Santa María la Real de las Huelgas, un lugar donde advertí la presencia inexplicable e incesante del arcano, del misterio. Rememorar (y soñar con) aquel momento me llevó a escribir (quiero decir, que fue la causa o el origen de) la décima que comentas.
El conocimiento (al que llegas, que, a veces, es intuitivo; porque te ves incapaz de —o no lo sabes— explicar) que adquieras en la vida, le vengo a decir a mi sobrina en la espinela, no es para que te lo guardes o quedes para ti, sino para que de él se beneficien cuantas más personas mejor. La expresión latina o latinajo que se sobreentiende, por tanto, es “Non sibi, sed omnibus” (no para una/o misma/o, sino para todas/os).
Ahora bien, como el poeta es un fingidor (desde que lo dijo y escribió el luso, que no iluso, Fernando Pessoa, somos o formamos una legión las/os que iteramos lo mismo), acaso lo anterior no sea más que una patraña que el menda, mero aprendiz de ruiseñor, quiere que pase (a tus ojos y a los de otras/os) por irrefutable verdad.
Ciertamente, al ser humano le conviene tener mucha inteligencia para salir airoso de ene bretes o trances, que eso viene a significar, poco más o menos, la locución verbal coloquial “tener mano izquierda”; según la vigésima segunda edición del DRAE, “poseer habilidad y astucia para resolver situaciones difíciles”. Así es; como bien dices, acaecía, ocurría.
Seguramente, has tenido en cuenta los archivos donde recojo la décima en cuestión, “La del diablo uso, la izquierda” (entre otros, Ficciones, Sueños, Humor e Ironía), y has colegido lo que correspondía y venía a cuento.
Tengo para mí que, como buen epígono que eres, me has seguido incluso en esto (en la idea que destilaba, exudaba o recogía el parágrafo que precede) o, tal vez, la explicación sea más pedestre o vulgar y, como le ocurre tantas veces al menda, tú también has marrado y has escrito el errado “quinto” en lugar del correcto “sexto”.
A mí, en concreto, no me ha molestado el comentario. Todos los 25 de mes, desde que mi dilecto hermano José Javier finó sus días en el planeta Tierra, Iluminada, mi señera y señora madre, le ofrece una misa. Desde que nos dejó Eusebio, su piadoso esposo, mi buido progenitor, la misa se la dedica a ambos. Como te consta, al estar ingresada ella en el HRS, no podía asistir ni pagar la misma. Me encargó dichas diligencias a mí, que, gustoso, las llevé a cabo.
Acaso te venga como anillo al dedo (como alianza al anular) tener buena memoria. Porque solo quienes gozan de una estupenda son capaces de olvidarse de todo (sobre todo, si ese todo tiene mucho de infernal esencia y experiencia).
Te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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