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Estás igual, Pilar, reconocible

Ángel Sáez García 26 Mar 2019 - 14:00 CET
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ESTÁS IGUAL, PILAR, RECONOCIBLE

(CON MEDIO SIGLO LARGO DE AÑOS MÁS)

Dilecta Pilar:

Seguro que te sale la columna de perlas (como el magnífico poema que has elegido para acompañar tu doble foto con tu pequeña muñeca, “Si no os hacéis como niños,…” —si no nos volvemos a hacer como niños, no sabremos explicar qué es la inocencia—).

Como los consejos suelen darlos los viejos (cada vez son menos los que aún alardean de tener alguna capacidad para dar malos ejemplos), con tu comentario ¿acaso has querido metamorfosearme en un pispás en uno de ellos? Sé que no has olvidado que somos de la misma quinta. No creo que necesites consejos, aunque, en cierto modo, eres una cría (aun siendo tía de varios sobrinos, en la misma medida que el menda lo es de ocho). Mírate en la doble foto de la doble muñeca. Estás igual (con medio siglo largo de años más, claro), pero igual, muy reconocible.

Ese “yo sigo queriéndome comer” lo aduces por la susodicha doble foto, claro.

¡Preciosa tu felicitación navideña!

Como el año pasado, subiré a Cascante, para pasar con mi hermana, tu tocaya, Pilar, cuñado y sobrinos la Nochebuena; y comeré el día de Navidad (este año conmemoraremos el cuadragésimo aniversario de la muerte de mi hermano el mayor, José Javier, que sigue teniendo dieciocho años) con mi hermano Miguel Ángel y familia. Nos juntamos todos en casa de “Use” y María José para fin de año e iré a comer con Jesús María y familia el día de Año Nuevo.

Gracias a ti, por ser como eres. Y, si algún día cambias, que sea para echar o verter miel sobre las hojuelas, porque solo concibo que esa muda sea a mejor, hasta ser tenida por todos como la misma caraba, repanocha o repera.

Leeré tu columna esta tarde en tu bitácora, La lámpara encendida, porque (entono mi mea culpa), cuando he llegado a la librería/papelería “el Cole”, amén de “Fangio”, estaba allí Juan, el andaluz (creo que alguna vez ha mencionado el pueblo de Villanueva, de Córdoba), un cliente zumbón de marca mayor, con quien suelo reírme a mandíbula batiente y se me ha ido el santo (leer tu columna hodierna en el Heraldo de Aragón) al cielo.

Me gusta el nombre que le diste o pusiste a tu muñeca, Maribel, porque es, o puede ser, la fusión de dos, María, que me agrada mucho, con Isabel, que me peta sobremanera también. Hay días en que uno, aun ayudado por sus gafas, ve menos que un invidente, porque no ve lo evidente, ni siquiera lo que tiene enfrente, a Ona Mona (bien ideada y vista), la versión femenina de Unamuno.

El móvil es una estupenda herramienta de trabajo, siempre que quien la use lo haga de modo correcto o, en su defecto, uno no sea un adicto al trabajo.

Celebro que te haya gustado cómo ha quedado la última epístola que te he enviado.

Otro (de tu amigo Otramotro).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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