OTRA CARTA SIN RÓTULO NI RÚBRICA
LA POTENTE MENTIRA DE MÍ TIRA
Además de los tristes óbitos que ocasiona (si la muerte de cualquier semejante nos disminuye, la de una persona inocente nos empequeñece aún más), que trascienda a la opinión pública, debido a la caja de resonancia, de diverso jaez, de los mass media, el proceder pormenorizado de un asesino en serie (escribo esto en serio) tiene, entre otras consecuencias colaterales perniciosas, el efecto copia, al despertar en otros congéneres al criminal en potencia que acarreaban y que, hasta entonces, había permanecido adormilado, aletargado, y pregonar el modus operandi del nuevo demonio u homicida lo ha venido a espabilar.
Mutatis mutandis, a menor escala, lo mismo acontece con otros comportamientos (in)humanos. Quien leyera el texto que rotulé “Epístola sin título ni firma” y haga memoria sabrá a qué me estoy refiriendo.
Ayer, al abrir la portezuela de mi buzón, me llevé una nueva sorpresa, pues hallé en su interior un sobre bermejo (a pesar de que me dejó un agridulce sabor de boca, más acre que grato, el hecho concreto que acabo de referir, el hallazgo del sobre rojo, me llevó a rememorar que solo a una de las novias que tuve otrora le petaba, con el significado de agradaba, o placía echar mano de la variopinta gama de colores del arcoíris para ensobrar las misivas que me remitía; como ves, Nieves, aún vienes a mis neuronas, a mi memoria, de cuando en vez o de vez en cuando, sobre todo, cada 16 de junio, cada “Bloomsday”), que contenía, escrita a ordenador, una pregunta y, asimismo, me planteaba un reto:
“¿A qué crees que se debe que aún no hayáis (me refiero a ti y a la inestimable ayuda que te has buscado entre agentes de la Policía Local, el 092) conseguido pillar in fraganti o echar el guante a esa/e irrespetuosa/o e irresponsable vecina/o del edificio donde vives, que gusta dar por saco, o sea, trabajar en su piso de madrugada, haciendo ruido (dando martillazos, por ejemplo), saltándose a la torera las ordenanzas municipales (que impiden obrar desde las veintidós horas hasta las ocho del día siguiente), sin respetar el reparador sueño ajeno, comportándose de manera insolidaria y demostrando una absoluta falta de empatía?
“Sé que eres, Ángel/Otramotro, una persona inteligente, pero ignoro cuánto. Ergo, sácame de dudas en un pispás, por favor”.
Que en los dos casos de marras (acaecidos durante la madrugada del día 3 de agosto, martes) tardaran en llegar más de media hora los efectivos (a quienes no vi, pero los agentes que me atendieron al teléfono tuvieron la gentileza de devolverme la llamada para comentarme que sus compañeros se hallaban en la puerta de la finca, pero entonces los vecinos no hacían el ruido que habían hecho antes) me lleva a colegir (no sé si acertada o equivocadamente) que uno de los agentes o los dos con los que contacté era/n amigo/s o deudo/s de alguno de los miembros de la pareja vecina y fueron alertado por él/ellos de lo que se avecinaba.
Evidentemente (aconsejo que se lea este último párrafo con detenimiento), cuanto acarrean los renglones torcidos que contiene este texto es una mera ficción. La potente mentira de mí tira y suele entintar todo con su tinta, aunque de datos ciertos esté llena. Así que ruego encarecidamente al lector, sea o se sienta ella, sea o se sienta él, que funja de ente sensato y no finja serlo, porque quien trenza estas líneas ahora y las firmará cuando las acabe es un zumbón redomado y aquí se ha limitado a seguir la broma del espontáneo, esto es, con la coña marinera puesta en circulación por quien pasó de ponerle a las suyas rótulo y rúbrica.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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