¿SE PUEDE SER AGAMENÓN Y AQUILES?
¡Y APOLO, HERA, IRIS, HÉCTOR Y ODISEO!
Atento y desocupado lector, seas o te sientas ella, seas o te sientas él, si no tienes inconveniente, hoy me gustaría hablarte en este texto (y te pido el correspondiente y pertinente permiso para ello) de ti, que lees ahora los renglones torcidos que contiene. Eres uno, lo sabes, pero, al mismo tiempo, deseo que sepas también que, para mí, eres otros muchos; eres único, sí, entre una multitud de irrepetibles, porque está claro que me estoy refiriendo a ti, pero, asimismo, a otros que no eres tú, que están un poco más acá o más allá, a miles de kilómetros de distancia, tal vez.
Mientras lees el libro que sostienes con tus manos o lo acunas y arropas con ellas, seas plenamente consciente o no de ello, ejerces una tarea misteriosa (había optado por escribir, al principio, mistérica, pero el corrector del diccionario del ordenador, que a veces desordena o no acata tus órdenes, la mudaba irremediablemente por su voz más usual, histérica, que así me ponía a mí, histérico), aunque tú, lector avezado, la catalogues o juzgues común, normal.
No necesitas reflexionar con antelación al respecto, pero en el silencio y la soledad de tu biblioteca o cuarto de estar, sentado en el beato sillón de orejas, donde leyeron también tus progenitores, tus ojos se dedican a recorrer numerosas hileras de letras, a las que te esfuerzas en hallarles el recto sentido y te brindan pensamientos que, una de dos (entre otras muchas varillas que exhibe el abierto abanico), o pueden tener relación o nada que ver con tus tareas habituales, ordinarias.
Has buscado y hallado una alianza férrea, hermanamiento o jumelage con el silencio y la soledad, a fin de que tu lectura sea comprensiva y provechosa. El tiempo que dediques a leer pasará, según sea el disfrute o jugo que obtengas o extraigas a dicha inversión temporal.
Si has logrado meterte en las diferentes líneas argumentales de la novela (imaginemos que estás leyendo una, verbigracia, si no te importa), mientras lees, estás en otras dimensiones espaciotemporales o “cronotopos”: el universo, por arte de birlibirloque, ha devenido “multiverso”. En cualquier momento, puedes volver a la realidad, a la biblioteca o salón, donde te hallas leyendo, pero, cuando lo hagas, habrás dejado de leer, seguro.
El abajo firmante recuerda, por ejemplo, que un día de vacación gozó de lo lindo, un montón, leyendo. Por la mañana estuvo haciendo la guerra (en Troya y alrededores) y por la tarde anduvo riéndose a carcajada tendida con lo que podríamos catalogar como su contrapunto. Por la mañana adoptó distintas personalidades, mientras leía (releía, sería más cabal decir y escribir) la “Ilíada”, de Homero, disfrazándose de Aquiles, el de los pies largos; Áyax u Odiseo; Briseida, la joven de suaves mejillas; Criseida y aun Apolo, el que hiere de lejos, o Iris, la de pies veloces; de Agamenón, Menelao, Anquises, Héctor, Paris (Alejandro), Helena, la de níveos brazos; a ratos, a favor de los aqueos o griegos y, a ratos, apoyando a los teucros o troyanos.
La tarde la pasé carcajeándome a mandíbula batiente, mientras leía la “Batracomiomaquia”, parodia de la epopeya mentada, ora formando parte de las huestes comandadas por Hinchacarrillos, rey de las ranas, ora de las tropas guiadas por Roepán, monarca y padre de Hurtamigas, príncipe de los ratones.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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