HE SENTIDO UNA PAZ INENARRABLE,
Y, AMÉN DE INMENSA, INTENSA, AL LIBERARLO
Hoy, jueves, a las dos horas y cuarenta y siete minutos de la madrugada, me ha despertado un ruido extraño, no catalogado aún por esta menda en su surtido listado, colección o muestrario. El culpable de dicha disrupción no ha sido esta vez el usual, el vecino (hembra o varón) de arriba, que, como servidora lo tiene controlado por completo, ya sabe cuáles son sus incómodas músicas habituales, incluido el amplio repertorio de las de los sábados, siempre que tanto él como nosotros hayamos decidido quedarnos en casa, claro. Tampoco ha sido Ángel, que, aunque él sostiene que no ronca, da unos conciertos despertadores, ergo, no soporíferos, como, de modo equivocado, había previsto calificar, en un primer momento, a los tales, similares a los de un demonio (esto lo digo y escribo sin tapujos, pero reconozco, sin ambages, que no lo he vivido nunca; y, si ahora no me retracto ni rectifico, es por esta razón de peso, porque la frase ha devenido proverbial y todos los adultos, ora sean o se sientan ellas, ora sean o se sientan ellos, con dos dedos de frente, sin excepción, entienden su sentido o significado).
Sin encender la lámpara (con la luz que daba la farola de la calle y entraba por la ventana, abierta de par en par, sobraba para ver con claridad meridiana) de la mesilla de noche (que es la misma durante todo el día, se trate de la madrugada, la mañana o la tarde; no me veo obligada a cambiarla o mudarla a lo ancho y a lo largo de la jornada), me he incorporado, quedando sentada sobre el lateral derecho de la cama, que, desde que he vuelto a dormir acompañada, ahora por Ángel, que, haciendo honor a su nombre de pila, es un ángel, o sea, un mensajero de dicha, me apropié de él, de dicho lateral; y me ha parecido atisbar o avistar la estela o el rastro que había dejado el extremo o la punta de una sábana blanca, que acababa de colarse por debajo de la puerta de la habitación.
Aunque yo soy una cagueta (he preferido usar para mí este sustantivo/adjetivo malsonante al que había previsto utilizar al principio, por resultar o ser más ajustado, apropiado o cabal, cobarde), miedosa en grado superlativo (la mayor del pago, y escribo esto sin intención de dar el pego), me he armado de valor y me ha dado por agenciarme un par de alas y, correspondiente y consecuentemente, colocadas y encajadas ambas en sus sitios, echar a volar detrás del fantasma despertador; quería pedirle cuentas, no cuentos, y enseñarle, por si lo ignoraba (si lo conocía, había sido incoherente, porque no lo había puesto en marcha o práctica), uno de los tres pilares o principios del derecho, según Ulpiano, “alterum non laedere” (“no molestar al otro”). Le he agarrado por el lienzo, cuando iba a escabullirse y esconderse en el escobero. Le he llamado fantasma y, al sentirse prisionero de mi diestra, me ha hecho caso y ha empezado a cantar y ha dicho esto:
—Beatriz, soy el espectro de la difunta musa literaria de tu actual pareja, Otramotro; seguro que conoces mi verdadero nombre de pila, Iris. He acudido a despedirme de Ángel por el sumo bien que me hizo, pues hoy, por fin, he reparado en lo obvio: me ha hecho inmortal. Si deseas acertar con él, si quieres dar de lleno en el blanco o centro de la diana, hazme caso y no le des calabazas (al menos, no tantas como le di yo), porque lo desmotivan un montón y le secan el magín. Ayer el arcángel Miguel me confirmó que voy a permanecer, durante bastante tiempo, en el purgatorio (lo usual o normal; eso mismo le sucede al grueso de la gente, a la mayoría de los seres humanos fallecidos), y que me había llegado la hora de dejar de vagar como alma en pena (seguiré penando mis numerosos pecados en el purgatorio), ya que, tras las tres prórrogas concedidas y disfrutadas, no había lugar ni esperanza para otra más.
Nada más acabar de escuchar cómo el fantasma de Iris profería su última palabra, el adverbio “más”, he sentido una paz inenarrable, y amén de inmensa, intensa, al liberarlo.
Beatriz, la actual musa de Otramotro.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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