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¿La atención en el cielo lleva nota?

Ángel Sáez García 18 Oct 2022 - 14:00 CET
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¿LA ATENCIÓN EN EL CIELO LLEVA NOTA?

AL MENOS, LA PORTABA EN NAVARRETE

Un día, estando en Navarrete (donde es un hecho irrebatible que la atención que se mostraba en clase se calificaba con nota), o soñando que aún estaba el abajo firmante de estos renglones torcidos allí, adonde regreso en sueños con cierta frecuencia, por ser los tres años que pasé interno en el inmarchitable seminario menor, que regentaban los religiosos camilos entonces, en la inolvidable localidad riojana mi cielo en el planeta azul, la Tierra, le escuché aducir al religioso camilo Daniel Puerto, nuestro profesor de latín (poco importa que fueran ideadas por él o elaboradas por mí y luego adjudicadas por este menda a él) estas justas palabras:

“Aunque parezca mentira, es la propia y dadivosa vida la que, a cada paso que damos, nos suministra una idea nueva. Basta con que estemos atentos a dicho discurrir inagotable para que lancemos la caña en la dirección correcta, aun sin llevar lombriz el anzuelo, y una nueva tesis pique en él y sea oportunamente pescada, pasando a engrosar las que hay en la nasa”.

Ciertamente, es una mera variante del dicho español que airea que “a la cama no te irás sin saber una cosa más”. Así que cabe preguntarse ahora: ¿Pescaré pensamientos nuevos como hacía y decía Puerto? Esta tarde, mientras cerveceaba en la grata compañía de mis amigos tudelanos Diana (aunque ella sea originaria de Colombia) y Pío (que nació y vive en Tudela, pero residió también en Corella —a mí Fraguas, en Navarrete, me empezó llamando “paisano”, por ser tudelano y navarro, como él, no por mi nombre ni por mi primer apellido; ahora me llama por mi seudónimo por excelencia, Otramotro—) en el bar de costumbre, el “Viticas”, sito en el número 6 de la calle tudelana que recuerda a Doña María Ugarte, a Diana le ha extrañado que yo haya afirmado, teniendo el semblante serio, que se puede escribir un artículo de opinión de cualquier asunto o tema, hasta de un artículo de opinión, por supuesto. Si uno pone toda su inteligencia creativa y toda su voluntad artística en el hecho, seguro que advierte algo sobre lo que trenzar unos renglones torcidos o unos versos; y, si no dan para una columna, tal vez den para un microrrelato o una décima, verbigracia.

Como Pío y yo le escuchamos aseverar en varias ocasiones a Pedro María Piérola García, ducho “espabilador” (llama la atención que el Diccionario de la lengua española no le haya dado aún la correspondiente entrada en él a dicho vocablo, como sí lo hace con el que sigue tras este paréntesis, verbigracia, por la misma razón de peso: si quien motiva es motivador, quien espabila es espabilador), motivador nato, que no hay mejor profesor o maestro que fray Ejemplo, os pondré uno clarificador, les he aducido.

Después de comer, fregar y secar el fregado, he ido al supermercado DIA que queda más cerca de mi casa (donde suelo hacer, por cierto, el ochenta por ciento de mis compras alimentarias semanales; confío, deseo y espero que alguno de sus directivos, sea hembra o varón, con mando en plaza, sepa latín y entienda qué significa el latinajo “do ut des”, te doy para que me des, o sea, que yo hago publicidad de la compañía o grupo DIA y alguien de la citada marca me manda un cheque de compra a casa por valor de equis euros, diez o veinte, ¡qué menos!). Hoy, por ejemplo, he comprado una serie de artículos que ha sumado, al final, la cantidad dineraria o total de 20 euros con 46 céntimos, pero la cajera que me ha atendido lo ha proferido así: “vente con cuarenta y seis”. Nada más escuchar la cifra, he pensado para mis adentros, pero sin emitirlo: “¿No serán muchos? ¿Vas a poder con todos? Cuarenta y siete no seremos seis mil, pero podemos aparentar casi casi media centuria de una legión”. Como podía ser desagradable la interpretación, por varios motivos (“heteropatriarcado”, machismo), he preferido optar por manifestarle esto otro: “¿Para qué y cómo? ¿Armados o sin armar?”. Y ella me ha contestado: “Armados, armados”. Le he seguido el gracioso hilo y le he formulado la siguiente pregunta: “¿De qué tipo?”. No hemos seguido con la broma, que había propiciado la coincidencia fonética entre “veinte” y “vente”, que acaso alguien pueda catalogar como paronomasia, sin serlo sensu stricto, porque otros clientes estaban haciendo cola, ya que, de no haber sido así, seguramente, este artículo sería más largo y duro (y está claro, cristalino, que los dos últimos adjetivos han sido trenzados por servidor con animus iocandi, o sea, con ganas de zumba, con segundas intenciones).

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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