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¿Desea usted reírse en abundancia?

Ángel Sáez García 01 Nov 2022 - 14:00 CET
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¿DESEA USTED REÍRSE EN ABUNDANCIA?

ES DECIR, ¿A MANDÍBULA BATIENTE?

Atento y desocupado lector (bien sea o se sienta ella, bien sea o se sienta él) de estos renglones torcidos, si desea reírse a tutiplén, es decir, a mandíbula batiente, durante un rato grato, que se le hará, se lo aseguro, hiperbreve, le recomiendo con especial encarecimiento, pues no le miento, que lea (si ya lo ha hecho, le animo a que relea) el artículo titulado “Individualistas tendiendo a lo salvaje”, que lleva la firma de su hacedor, Íñigo Domínguez, y apareció publicado en la página 8 del suplemento IDEAS del diario EL PAÍS el pasado domingo 30 de octubre de 2022.

En el primer párrafo de esa columna hilarante, Íñigo nos narra (asevera que no miente y, por ende, cabe inferir que tampoco marra sobre el asunto de marras), en concreto, esto: en una prisión italiana, ¿por mero azar?, se han visto obligados a compartir celda un anarquista misántropo (a quien el resto de los internos o presos llaman como lo han rebautizado, agua) y un aprendiz de yihadista suicida (a quien los funcionarios de esa cárcel conocen por aceite), con unas ganas enormes, perentorias, de disfrutar cuanto antes del repleto harén de vírgenes que su credo o religión le ha prometido, donde sea que este (me refiero al serrallo, no al pipiolo) se halle. Se entienden entre ellos por gestos y/o señas, esto es, por mímica. El anarquista ha recibido, directamente del alcaide de la prisión, el encargo, ora ingrato, ora ponzoñoso, de vigilar que el joven no adelante la interviú que mantendrá con Dios cuando expire y, por fin, este (me refiero al que abriga ideas suicidas, no al Ser Supremo), haya conseguido hacer realidad sus intenciones o propósitos.

El anarquista, miembro de número, con voz y voto, del ITS (que aquí dicho acrónimo no significa lo habitual o regular para un galeno, Infecciones de Transmisión Sexual, sino el nombre de un colectivo, el de los Individualistas Tendiendo a lo Salvaje, precisamente, el rótulo que encabeza el texto de Domínguez) ha protestado, porque el encargo del alcaide es una tarea para la que él no se había presentado como voluntario, sino que el mandamás de la prisión se la ha adjudicado o impuesto por el morro, sin recibir, en el caso de cumplirla a rajatabla y con absoluta exquisitez, ninguna contraprestación, ni siquiera una promesa apócrifa de beneficio penitenciario.

En el segundo párrafo de la descacharrante columna (me he escuchado, conforme se acercaba el final del parágrafo mencionado, cantando lo que se estila en Pamplona, con ocasión del acto que corona los Sanfermines, el Pobre de mí: “Todos queremos más, todos queremos más, todos queremos más y más y más y mucho más”) podrá leer y reírse, a carcajada tendida, con la historia protagonizada por Anónimo García, un activista ultrarracional (llamado así porque, según voluntaria confesión hecha, bajo juramento, por el propio sujeto en cuestión, sus correligionarios y él llevan la razón de la sinrazón hasta sus últimas consecuencias, o sea, a soñar con embarazar o preñar a las vírgenes que no ha podido catar o estrenar todavía su compañero de celda vivo, chafándole su anhelado plan, y que parirán monstruos de no se sabe cuántas cabezas, pues al parecer, algunos de ellos, no todos, compartirán varias al nacer, y eso dificultará y hasta impedirá que el cómputo final de testas salga o sea exacto.

Y aquí paro, para no mearme encima de la risa y para no destriparle a usted el goce de (re)leer en su integridad el texto. He de ir al aseo a evacuar la vejiga, que, si demoro unos segundos ese trámite urgente, me va a estallar, poniéndolo todo perdido. Y aquí no me río del río que se ríe, cuando pasa sin pesar junto al caserío, donde la risa, siempre que esté en él su dueña, Rosa, o su hija mayor, Sofía, se fía

Así pues, siga leyendo por su cuenta, y agregue al cuento, como este menda ha hecho (tres cuartos de lo propio, barrunto, intuyo o sospecho, ha culminado, asimismo, velis nolis, Íñigo); lo desopilante llega hasta el punto final. Tengo para mí que la susodicha columna, titulada “Individualistas tendiendo a lo salvaje”, de Domínguez, se vio claramente complementada o completada con/por mi soneto “Quien ríe cuela un río por su grieta”, que vio la luz en la misma fecha, aquí, en mi bitácora de Periodista Digital, el blog de Otramotro.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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