ENTREVISTA A ÁNGEL SÁEZ, “OTRAMOTRO”
AFÍN ME SIENTO A GÓNGORA, A QUEVEDO
VERDADES QUE TRANSPORTAN EMBELECOS
Ángel Sáez García (Tudela, 61 años, casado con la literatura, o sea, con la falaz fantasía, con la mendaz imaginación —verdades que transportan embelecos—, y, por ende, prolífico progenitor de más de siete mil hijos de papel, de diversa factura y variopinto jaez, que han ido viendo la luz o siendo alumbrados paulatinamente, a diario, en su bitácora de Periodista Digital, el blog de Otramotro), a pesar de no haber publicado todavía su primer libro en solitario, es un autor al que se lee (él, tomando prestada una idea original de Gabriel García Márquez, “Gabo”, la complementó o completó, trenzando las líneas que siguen a continuación: “Escribo para que las/os que no me leen ni me quieren me lean y me quieran —puede que la razón estribe en una carencia imaginaria; en que, de ordinario, siempre noté y anoté en mi libreta un déficit de cariño en mí, pero no cabe descartar que, en mi caso, mi necesidad de sentirme querido sea patológica, por no tener límites, ya que hasta lo demasiado para otros me suele parecer a mí que queda a la altura de la suela de mi zapato, por considerarlo corto, escaso, poco—; y, asimismo, para que las/os que ya me leen y me quieren me lean y me quieran más”) y del que se habla en cenáculos y mentideros.
P. Dice la paremia que, cuando el río suena, agua lleva.
R. Aunque hayan caído en desuso o no estén de moda (basta con mirar a nuestro alrededor, en nuestro entorno, para constatar, de manera fehaciente, que la mayor parte de nuestros dirigentes políticos y/o mandamases sociales, que mandan más mal que bien, y así nos va, de mal en peor, no están a la altura de las circunstancias), hay principios imprescindibles, como la dignidad humana y la probidad moral, de los que no podemos deshacernos sin morir un poco nosotros también, como lo hacen ellos. Así que, como lo precipuo o principal debe ir delante, en cabeza, tengo que advertir al atento y desocupado lector, bien sea o se sienta ella, bien sea o se sienta él, bien sea o se sienta no binario, que esta interviú es falsa, apócrifa, aunque barrunto que el grueso o un alto porcentaje de la misma, de cuanto se lea en los párrafos que acoja o contenga la susodicha será incondicionalmente cierto, necesariamente válido, o sea, apodíctico.
P. ¿Es usted consciente de la sonora bofetada que me acaba de dar en pleno rostro, que, cual muñeco del pimpampum de su balda, me ha derribado del pedestal de prestigio en el que me había instalado; y conmigo ha tirado por el suelo la carpeta que portaba, en la que había metido los folios que contenían las preguntas inteligentes e interesantes que había previsto hacerle para que usted luciera su cacumen a gusto?
R. Emulando a Perogrullo, soy consciente de lo que soy consciente. ¿Acaso no sentenció Confucio que saber que se sabe lo que se sabe y que se ignora lo que se ignora son las dos caras de una misma moneda, el verdadero saber? Si es una verdad irrefutable, como el templo que ahora contemplo, que soy un coñón, guasón o zumbón redomado, pues lo he sido antes en un montón de escritos que llevan mi firma, ¿por qué no serlo también en la que cuadra o encaja, como alianza en el dedo anular, en la primera entrevista mentirosa que me hacen (en puridad, que me hago a mí mismo) en la vida? ¿Acaso he publicado un libro para que se me haga una interviú? No, pues, coherencia, por favor, congruencia, consecuencia. Voluntariamente, jamás de los jamases acudiré a ningún sitio a que me hagan una. Yo soy un escritor, no un comentarista de mis textos, ni un escoliasta de los de los demás, aunque haya escrito críticas literarias en algunos de ellos, de manera espontánea y esporádica.
P. ¿Usted se considera un escritor libre (de ataduras)?
R. Lo intento; que mis libros (cuando vean la luz, si algún día se publican) hagan más libres a quienes los lean es y será la punta central de mi tridente o propósito literario; y las puntas de los extremos, el “utile dulci” horaciano, o sea, aprovechar y deleitar. Que logre mi triple desafío o reto, o no, eso ya será harina de otro costal.
P. A pesar de que usted tiene fama de ser un zumbón empedernido, aquí se ha mostrado, hasta el presente momento, discreto, serio.
R. ¿Usted no ha escuchado nunca decir o leído a ningún humorista, fuera monologante o gráfico, que el humor es un asunto muy serio? Pues eso (basta y sobra). Itero, pues eso; y que conste que no le estoy llamando poseso, o sea, poseído por un espíritu maligno, verbigracia, el diablo.
P. ¿A quién se parece usted, desde el punto de vista de su personalidad? ¿Y en lo tocante a su estilo literario?
R. Empiezo por la segunda. Seguramente, acarreo matices o pinceladas de todos los autores (ellas y ellos) que he leído (más de los que más me han gustado y he releído, por supuesto); y de los muchos que no he leído tal vez tenga algún ápice o pizca, pero me habrá llegado de manera indirecta y, por tanto, cabe catalogarlo/a de secundario/a. En cuanto a la primera, como a mí me marcaron tanto dos educadores de Navarrete, Jesús Arteaga Romero y Pedro María Piérola García, religiosos Camilos, tiendo a creer, pero quizá me autoengañe, que me zampé en varios bocados partes de la personalidad de ambos; puede que la seriedad de Arteaga y el humor de Piérola, pero acepto discrepancias, esto es, que otros opinen tres cuartos de lo propio, pero, exactamente, al contrario, a la inversa o viceversa.
P. ¿Qué es lo importante en un texto?
R. La experiencia que el lector (hembra, varón o no binario) obtiene mientras lo lee y al terminar de leerlo. La experiencia no es solo el provecho que se extrae o saca, tras entender o tamizar correctamente lo que este contiene, su sustancia, su esencia, las ideas que van entreveradas en los sucesos que narra, que es fundamental, sin duda, sino también del contexto, del continente, de la forma. ¿Por qué no ser al alimón de Góngora y Quevedo, de Lope y de Cervantes? Siempre hui, huyo y huiré de las disyuntivas. Prefiero que se lean mis columnas y rían a mandíbula batiente aquellas/os que las lean a que rían de los “pacoumbralescos” disparates, ya sean en directo o diferido.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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