EL FUTURO DE ALGASO ESTÁ EN LOS “NINIS”
Hace una decena o docena de semanas, entre tres y cuatro meses, una tarde soleada, primaveral, que salí de casa con mi nieta Rocío a dar un paseo corto por la Plaza de la Constitución, de Algaso, y, de paso, que algunos de los incontables rayos que había emitido “Lorenzo” llegaran a las sendas metas de nuestras caras, me di de bruces con un dúo amigable o tándem habitual, el presidente del Casino “La Fuerza”, Carlos Tornero, y el alcalde de la villa, Luis Felipe Ruiz. En el preciso momento que me topé con ellos, “Luisfe” le respondía a “Charly” cómo explicaba él que en la muy noble y muy leal ciudad del septentrión peninsular hubiera mil puestos de trabajo, de nivel medio-alto, sin cubrir y, al mismo tiempo, un paro juvenil que superaba el 40%, cuestión que el farmacéutico le había planteado. Ese “morrocotudo desajuste”, expresión que había usado “Charly”, le aducía el primer edil al boticario, se había producido por algo que, para él, era obvio y estaba cantado, porque todas las empresas algasianas buscaban satisfacer las mismas necesidades que habían advertido en sus respectivos negocios en idéntico caladero o nicho, en la antigua oficina de empleo, en el actual SEPE, acrónimo de servicio público de empleo estatal, pero allí no estaban sus aspirantes, evidentemente. Sus posibles candidatos se encontraban con o sin empleo y sin formación, y muchos de ellos ni siquiera estaban apuntados en el paro, como auténticos demandantes de empleo.
Si otrora a alguien se le encendió una bombilla en su cerebro y expuso que, cuando, tras mucho buscar, indagar e inquirir, no se encontraba la verdad, no quedaba otro recurso más a mano que inventarla, ahora aquí había que hacer tres cuartos de lo propio, invertir tiempo y dinero en formar a ese personal, que se necesitaba para cubrir con sensatez esos puestos. ¿Qué hacer cuando los emprendedores no hallaban los trabajadores adecuados para los empleos vacantes de sus empresas y los trabajadores no encontraban un empleo, que, por si aún queda por ahí algún incrédulo (ella, él o no binario) al que no el conste esta certidumbre, no hay en este mundo un rostro más contento y risueño que el de una persona que mañana empieza a trabajar donde sea? O los trabajadores que son prescindibles y despedidos se reciclan y recapacitan o recualifican laboralmente o esos nuevos puestos de trabajo continuarán, sine die, estando como están, sin cubrir.
Me despedí de ambos con la sensación de quien se dice, se cuenta, se rumorea, había descubierto la pólvora y el Amazonas a la vez; y, cuando llegué a casa de mi hija Lourdes, pensé en cuanto había escuchado con atención que “Luisfe” le había alegado a “Charly”; y se lo comenté con mis propias palabras a mi retoño, profesora de Economía, que abundó en la idea del alcalde. Y añadió o puso su granito de arena o de pimienta, al aseverar que cada día habrá menos jóvenes y la vida laboral del trabajador será más larga. Con una sociedad envejecida el reto está y estará en incorporar el talento existente, proceda este de donde proceda, e integrarlo en el tejido social. En los tiempos que corren se necesitan mentes creativas, especialistas en el manejo de datos. Como en el mercado laboral esos candidatos no los hay, no queda otro camino para hallar la solución satisfactoria a dicha carencia que formarlos. ¿Quiénes? Los propios emprendedores, si hace falta.
Se añadió a la conversación que manteníamos hija y padre, el esposo y progenitor de Rocío, mi yerno Gerardo, docente de la misma asignatura o materia, que agregó o aportó a la tesis, que acababa de aducir Lourdes, de que hay que atraer y retener, un verbo más, rescatar el talento que se dejó escapar. El futuro de Algaso, sentenció, está, aunque a la gente pueda parecerle o sonarle este pensamiento, amén de descabellado, descabezado, en los “ninis”. Con una buena selección, motivándolos, sacando a cada joven su potencial, sus virtudes, se puede formar un grupo humano competitivo y una empresa rentable, esto es, extraer el máximo provecho al dinero invertido y a la idea pergeñada, fuera o no soñada.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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