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En esto, por favor, sé siempre honesto

Ángel Sáez García 24 Oct 2023 - 14:00 CET
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EN ESTO, POR FAVOR, SÉ SIEMPRE HONESTO

JAMÁS SEAS DOGMÁTICO EN LA VIDA

Aquí, en España, la muy noble y muy leal ciudad de Algaso ha sido el lugar de su norte peninsular donde se han parido, quizá de manera prematura, más pensamientos modernos, fértiles y audaces, así que, con el fin de compensar esa carencia, ha sido también donde se ha instalado la mejor incubadora mental del país, pues todas esas ideas que brotaron o surgieron antes de la fecha prevista de su pronosticado alumbramiento, han podido desarrollarse oportuna y paulatinamente en ella, antes de que los responsables de turno de la misma les dieran el alta y pudieran marcharse de allí, en el carrito, capazo o moisés, o en los brazos de sus madres o padres, a los que serán sus habituales domicilios.

Papel destacado de este contexto, perfilado en un santiamén, con apenas unos cuantos retazos razonados y razonables, ha tenido la centenaria tertulia que se viene celebrando en el casino “La Fuerza”, de modo fijo, los viernes, desde hace más de un siglo; solo interrumpida durante los tres años insensatos que duró la Guerra (In)Civil; y quien dice tertulia quiere decir, asimismo, por supuesto, los tertulianos, titulares y suplentes, amén de los oyentes, asiduos o esporádicos, de la misma.

El faro o foco de ese foro, la tertulia mencionada arriba, dio mucha luz, sin duda, pero esta hubiera quedado en agua de borrajas o cerrajas, en nada, si no hubiera sido apoyada/o y enriquecida/o por las luces de otros faros o focos de otros foros, por otras antorchas. La librería “El donoso escrutinio” tuvo un papel dinamizador, motivador, en el auge y éxito repentino de la cultura algasiana, bajo la égida del progenitor de mi amigo y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, su augusto y venerable padre, Eulogio. Otro tanto cabe decir de la biblioteca “Ángela Carballino” y de sus bibliotecarios. El padre camilo Jesús Arteaga Romero, sacerdote del regimiento de la villa, a quien todo soldado, cabo, sargento, alférez, teniente, capitán y hasta el mismísimo coronel de la base, José Luis Andrés Sanquirico, llamaban padre o páter, también. Y no menor. Y esto lo trenzo con conocimiento de causa, porque hasta después de jubilado (murió en el asilo de la calle Cartagena), don Jesús era la primera persona (si me descarto a mí, el hacedor de los tales) en leer de cabo a rabo mis textos, pues aún calientes, recién sacados del carro de la máquina de escribir, se los llevaba personalmente, primero en bicicleta y luego en moto, para cubrir el trayecto que separaba mi choza de su residencia en el menor tiempo posible, sin gastar apenas peculio, a fin de que les pasara su vista de lince, de vasto recorrido lector, por ellos y me dijera qué le habían parecido. Como gustan propalar quienes aseveran que el rostro es el espejo del alma, yo les seguía el rollo, y , de ese modo, escrutando las facciones de su cara, mientras leía mis escritos, sabía, antes de que le diera cuerda a su mui, si lo que iba leyendo le agradaba o no. Casi todo lo que le llevaba (alguna cosa —reconozco que me autocensuraba y todavía lo sigo haciendo, como cada quisque, supongo— me la quedaba para mí, por si un día la consideraba publicable) le placía, aunque a la amplia cruz roja de su negra sotana le molestara algo de lo leído, por juzgarlo poco edificante, procaz o soez.

En esta vida merece la pena estar alerta y atento a cuanto pasa a nuestro alrededor para poder captar cuantos más detalles o pormenores posibles de belleza mejor, que acaecen en todas las partes y en cualesquiera momentos, hasta en los más insospechados o inesperados. La verdad es una suma de bellezas. Mayte, mi amada actual, mi novia (ella aún no me ve así, como su novio, pero es normal; yo no le doy ninguna importancia a ese desajuste párvulo; poco a poco, se dará cuenta de dos verdades irrefutables y complementarias, que a mi pesquis no le han pasado inadvertidas, de que ella vale más de lo que vale, y yo valgo más de lo que valgo, si nos hallamos juntos que estando separados; es más, nuestra suma devendrá, por arte de magia, potencia), por ejemplo, no es bella por esta, esa o aquella razón, sino porque esta tesela de aquí, junto con esa de ahí y estas, los dos mentadas, puestas al lado de aquella de allí, componen una parte fundamental de los mosaicos de nuestras respectivas vidas, que serán ambos, a partir de que estemos juntos, de una venustidad sublime. Acepta, por tanto, atento y desocupado lector (seas ella, él o no binario) de estos renglones torcidos, de buen grado, mi invitación a buscar la verdad allí donde esta se halle, pero duda cada vez que abrigues la certidumbre de haberla encontrado. Y sácale provecho a lo que sigue: solo en esto conviene ser dogmático; no lo seas en nada de la vida.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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