EN ESTO, POR FAVOR, SÉ SIEMPRE HONESTO
JAMÁS SEAS DOGMÁTICO EN LA VIDA
Aquí, en España, la muy noble y muy leal ciudad de Algaso ha sido el lugar de su norte peninsular donde se han parido, quizá de manera prematura, más pensamientos modernos, fértiles y audaces, así que, con el fin de compensar esa carencia, ha sido también donde se ha instalado la mejor incubadora mental del país, pues todas esas ideas que brotaron o surgieron antes de la fecha prevista de su pronosticado alumbramiento, han podido desarrollarse oportuna y paulatinamente en ella, antes de que los responsables de turno de la misma les dieran el alta y pudieran marcharse de allí, en el carrito, capazo o moisés, o en los brazos de sus madres o padres, a los que serán sus habituales domicilios.
Papel destacado de este contexto, perfilado en un santiamén, con apenas unos cuantos retazos razonados y razonables, ha tenido la centenaria tertulia que se viene celebrando en el casino “La Fuerza”, de modo fijo, los viernes, desde hace más de un siglo; solo interrumpida durante los tres años insensatos que duró la Guerra (In)Civil; y quien dice tertulia quiere decir, asimismo, por supuesto, los tertulianos, titulares y suplentes, amén de los oyentes, asiduos o esporádicos, de la misma.
El faro o foco de ese foro, la tertulia mencionada arriba, dio mucha luz, sin duda, pero esta hubiera quedado en agua de borrajas o cerrajas, en nada, si no hubiera sido apoyada/o y enriquecida/o por las luces de otros faros o focos de otros foros, por otras antorchas. La librería “El donoso escrutinio” tuvo un papel dinamizador, motivador, en el auge y éxito repentino de la cultura algasiana, bajo la égida del progenitor de mi amigo y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, su augusto y venerable padre, Eulogio. Otro tanto cabe decir de la biblioteca “Ángela Carballino” y de sus bibliotecarios. El padre camilo Jesús Arteaga Romero, sacerdote del regimiento de la villa, a quien todo soldado, cabo, sargento, alférez, teniente, capitán y hasta el mismísimo coronel de la base, José Luis Andrés Sanquirico, llamaban padre o páter, también. Y no menor. Y esto lo trenzo con conocimiento de causa, porque hasta después de jubilado (murió en el asilo de la calle Cartagena), don Jesús era la primera persona (si me descarto a mí, el hacedor de los tales) en leer de cabo a rabo mis textos, pues aún calientes, recién sacados del carro de la máquina de escribir, se los llevaba personalmente, primero en bicicleta y luego en moto, para cubrir el trayecto que separaba mi choza de su residencia en el menor tiempo posible, sin gastar apenas peculio, a fin de que les pasara su vista de lince, de vasto recorrido lector, por ellos y me dijera qué le habían parecido. Como gustan propalar quienes aseveran que el rostro es el espejo del alma, yo les seguía el rollo, y , de ese modo, escrutando las facciones de su cara, mientras leía mis escritos, sabía, antes de que le diera cuerda a su mui, si lo que iba leyendo le agradaba o no. Casi todo lo que le llevaba (alguna cosa —reconozco que me autocensuraba y todavía lo sigo haciendo, como cada quisque, supongo— me la quedaba para mí, por si un día la consideraba publicable) le placía, aunque a la amplia cruz roja de su negra sotana le molestara algo de lo leído, por juzgarlo poco edificante, procaz o soez.
En esta vida merece la pena estar alerta y atento a cuanto pasa a nuestro alrededor para poder captar cuantos más detalles o pormenores posibles de belleza mejor, que acaecen en todas las partes y en cualesquiera momentos, hasta en los más insospechados o inesperados. La verdad es una suma de bellezas. Mayte, mi amada actual, mi novia (ella aún no me ve así, como su novio, pero es normal; yo no le doy ninguna importancia a ese desajuste párvulo; poco a poco, se dará cuenta de dos verdades irrefutables y complementarias, que a mi pesquis no le han pasado inadvertidas, de que ella vale más de lo que vale, y yo valgo más de lo que valgo, si nos hallamos juntos que estando separados; es más, nuestra suma devendrá, por arte de magia, potencia), por ejemplo, no es bella por esta, esa o aquella razón, sino porque esta tesela de aquí, junto con esa de ahí y estas, los dos mentadas, puestas al lado de aquella de allí, componen una parte fundamental de los mosaicos de nuestras respectivas vidas, que serán ambos, a partir de que estemos juntos, de una venustidad sublime. Acepta, por tanto, atento y desocupado lector (seas ella, él o no binario) de estos renglones torcidos, de buen grado, mi invitación a buscar la verdad allí donde esta se halle, pero duda cada vez que abrigues la certidumbre de haberla encontrado. Y sácale provecho a lo que sigue: solo en esto conviene ser dogmático; no lo seas en nada de la vida.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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