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Improbable entrevista a mi hacedor,…

Ángel Sáez García 26 Mar 2024 - 14:00 CET
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IMPROBABLE ENTREVISTA A MI HACEDOR,

DEL “MARIANO DE CAVIA” GANADOR

Ayer (ocurra cuando ocurra el hecho, pues estoy completamente seguro, tanto como que he de morir, de que ese día, más pronto o más tarde, llegará) le fue otorgado el prestigioso galardón literario “Mariano de Cavia” (basta con echarle un vistazo rápido al listado de sus premiados para constatar que contiene la flor y nata de las letras hispanas) a quien me ideó y alumbró, Otramotro. Esta vez hubo unanimidad en los miembros del jurado y nadie de los considerados pendientes de lograrlo, de los susceptibles de merecerlo, arqueó o enarcó las cejas al trascender el nombre o seudónimo literario del autor distinguido con él. Acaso la doble razón descansara, estribara o radicara en que Ángel Sáez está bien visto entre los articulistas, sus colegas en el ámbito, adonde Otramotro arribó sin tener que empujar ni pisar a nadie, y que algunos jóvenes columnistas lo toman como modelo a seguir y/o referente.

Sea consecuencia una de otra, u otra de una, lo cierto y verdad es que su literatura atrayente es hija de su personalidad arrebatadora o, insisto, a la inversa o viceversa; unos lo consideran una rara avis, un raro, como de esa guisa se le llamó, agregándole el complemento del nombre, genitivo o gentilicio “de Getafe”, a Juan Bautista Amorós y Vázquez de Figueroa, “Silverio Lanza”, su seudónimo por antonomasia o excelencia, quien, de haber sido creado dicho galardón por Prensa Española, empresa editora del diario ABC, veinte años antes, recién estrenado el siglo XX, aventuro que también lo hubiera ganado; otros lo reputan un inadaptado y aun una mera copia o fotocopia de Jerome David Salinger o, si se prefiere, un piso de cuatro habitaciones o cuartos, un cuarto cobarde, un cuarto huraño, un cuarto neurótico y un cuarto solitario, pues huye, como de la peste, de las cámaras, los focos y los micrófonos. Desde que, de manera incauta, aceptó acudir a una encerrona en toda la regla, a que un desaprensivo y desequilibrado, un judas, le hiciera su primera y única entrevista radiofónica, de la que salió despavorido, tras haber sido despellejado, bajando las escaleras de aquella emisora endemoniada de tres en tres, como alma que llevaba el diablo, tan solo ha concedido media docena de entrevistas de papel y todas ellas a la misma persona, su amigo y heterónimo “Metomentodo”, quien firma abajo esta interviú, servidor.

Más de una vez me ha confesado, en diálogo fraternal (sensu stricto, paternofilial), que él se siente a gusto cuando actúa como lo hace su inconsciente mientras, estando dormido, sueña, pero con filtro coherente o conscientemente, ya que el mencionado va por libre, sin ataduras, barreras o cortapisas coercitivas, sin tener que pedir ni permiso ni perdón a nadie por hacer y decir lo que le apetece o peta, ahora bien, con el máximo respeto, eso siempre, por supuesto.

—Contento, ¿no?

—“¿Ya te han llamado del ABC para darte la buena nueva de que, por fin, te lo han otorgado?”, me preguntaron anteayer por la tarde varios amigos; unos con ganas de que me lo concedieran, y otros guaseándose, qué coñones o zumbones son, de que otro año más me quedara con las ganas, sin él.

—Conseguido ese desafío, ¿cuál será tu próximo reto?

—El mismo de siempre, seguir escribiendo, que es la única manera habida y por haber de hacerlo mejor. Solo pueden premiar tu trabajo, en el supuesto de que no lo hayan hecho aún, si continúas realizándolo, un día sí y otro también, con la máxima exigencia artística y el mismo compromiso ético. A unos, por la razón que sea, les gustará el grueso de lo que trences; a otros les sucederá lo contrario u opuesto. Con eso tienes que vivir y convencerte cuanto antes de que nunca les vas a gustar a todos, por ímprobos esfuerzos que hagas o mucho empeño que pongas en ello. A mí me basta y sobra con que los que no me querían ayer hoy me quieran un poquito, y los que ya me querían ayer me quieran hoy otro poquito más. Algo parecido (y quizás por el mismo motivo que ha advertido o identificado este menda en su interior, por sentir déficit de cariño), sí, vino a aducir otrora Gabriel García Márquez, “Gabo”; yo me he limitado a completar o complementar lo que él profirió varias veces y dejó escrito otras tantas; pero eso tú ya lo sabías, porque me lo has escuchado decir y leído en diferentes ocasiones. Así que, por favor, no te hagas el admirado, asombrado o sorprendido, que ya sabes cuánto me desagradan los hipócritas y/o molestan los falsarios.

—Recientemente, he tenido la oportunidad de pasar mi vista por los textos que escribiste en la revistilla que hacíais en el seminario menor que los religiosos Camilos regentaban entonces en la villa de Navarrete (La Rioja) y hoy es el hotel “San Camilo”, durante los tres años que estuviste estudiando allí, de sexto a octavo de la extinta Educación General Básica, EGB, lo que tú sueles llamar “tus pinitos”. He de reconocer, por lo que he colegido o deducido, tras leerlos con suma atención, que ya apuntabas buenas maneras con apenas 14 años.

—Déjame decirte que dicha conclusión está mediatizada y acaso viciada por lo actual o más reciente. Si no fuera el escritor reconocido que hoy soy, no me echarías esas flores, seguro.

—Tú, Otramotro, como de ordinario, haciendo amigos.

—No, querido Metomentodo, te equivocas; estando a la altura de las circunstancias (como dejó sentado y sentenciado José Ortega y Gasset, “yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”), haciendo lo que debe hacerse, referir y escribir las verdades del barquero, le pese a quien le pese, caiga quien caiga.

—Expresa, de manera escueta e inteligible, esta frase tuya: “Pasear, siempre que se goce de buena memoria, es como estar sentado en la silla de tu propio escritorio, empuñando la péñola, ideando por dónde puede ir tu próxima urdidura o ‘urdiblanda’”.

—Aristóteles era Aristóteles mientras paseaba peripatéticamente, intentando apresar las ideas al vuelo, y mientras tomaba asiento y se ponía a escribir cuanto había capturado mentalmente.

—Muchas gracias, por esta, la séptima.

—A ti, por brindarme la ocasión.

   Emilio González, “Metomentodo”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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