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En los voraces ojos de la gente

Ángel Sáez García 16 May 2024 - 14:00 CET
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EN LOS VORACES OJOS DE LA GENTE

COMO TÚ, UN ANIMAL SOY DE COSTUMBRES

Hoy he soñado lo inimaginable para alguien que me conozca, que llevaba la friolera de dos meses largos sin escribir una sola línea (¿puede Otramotro contravenir, durante tanto tiempo, la sentencia o el hábito recomendado por Cayo Plinio Cecilio Segundo, más conocido por Plinio el Viejo, de que no transcurra nulla dies sine línea, “ningún día sin su línea o trazo”, cuya paternidad el literato latino adjudicaba al pintor griego Apeles de Colofón?) en las agendas, que me suelen regalar, a primeros de año, los amigos o conocidos, porque saben de mi arraigada costumbre de anotar en ellas, negro (en puridad, azul) sobre blanco, mis pensamientos, procederes y sentimientos, ya que tengo la manía, como (eso colijo, no sé si deduzco bien) cada quien tendrá la suya o suyas, de dar cuenta en dichos soportes de cuanto me pasa o se me pasa por la cabeza hacer o deshacer.

Como eso no me ocurre a menudo, es lógico y normal que unos se decanten, como ha hecho servidor arriba, por echar mano del adjetivo calificativo impensable, y otros, por usar otra opción, imposible. Por supuesto, tenía casos y cosas que hubiera podido contar, pero también que no abrigaba ninguna gana de narrarlos/as, porque, como, a la postre, todo suele salir a relucir, todo termina, sin exclusión ni remisión, publicándose trascendiendo, o sea, en los voraces ojos de la gente y, por ende, sabiéndose, hasta aquello que uno no quisiera que viera la luz (¿no contiene la idea que acabas de dejar escrita una notoria contradicción?; si, realmente, no quieres que esto, eso o aquello se conozca, te lo callas y santas pascuas; y así nadie lo sabrá, y menos de tu puño y letra; te hacía equipado, pertrechado, con variopintas armas para guardar un secreto, Ángel, pero has demostrado, reléete, para que te convenzas, ser un aprendiz, un pardillo, un pipiolo; ergo, lo siento, de veras, pero no te confiaré ningún secreto más, por si te vas de la mui o sinhueso, pues a las moscas les gusta revolotear, amén de alrededor de una tarta o pastel, sobre la mierda, y picotear), pues me inclino por la solución o varilla más saludable del abanico, mantenerlo dentro de mi caja fuerte, bajo llave.

Seguramente, muchos me tacharán de egoísta; por tanto, confío, deseo y espero que, en nítida oposición a los tales, no falten quienes me elogien, al menos, el buen gusto. A los primeros, tal vez, les sobren motivos para llamarme así, pero, si leen estos renglones torcidos, acaso adviertan que también tienen razones sus adversarios o contrarios, a la hora de sostener su criterio o parecer.

Apiadándome de los primeros, considero que no habrá un seísmo, que no temblará la tierra bajo nuestros pies, los suyos y los míos, por confesar algo comprometedor y, quizás, inquietante. No puedo callar que mi amada musa, Tamara, haciendo caso, juzgo, a una actitud razonable, eso es lo que prefiero inferir, para no hacerme daño, para no herir mi sensibilidad a flor de piel, ha optado por la callada por respuesta, por lo que hoy, en la sociedad actual, está a la orden del día, de moda, en boga, el silencio administrativo (no decidir ni sí, ni no, pero es un nones rotundo, sin duda).

Y, si no se ha entendido, a continuación, con las siguientes palabras, intentaré dejarlo claro, cristalino; que es un revés más en mi colección o currículo, pues me ha dado otra calabaza. ¿Te imaginas, atento y desocupado lector (ora seas o te sientas ella, ora seas o te sientas él, ora seas o te sientas no binario), de estos renglones torcidos, que le hice la propuesta, sin haberle preguntado previamente si tenía novio/a, pareja? ¡Qué desconsiderado! ¿No? Pues sí, no te falta razón. No le guardo rencor, de verdad, porque yo, en su lugar, puede que hubiera determinado o dictaminado lo mismo, esto es, que lo quiero un montón, con locura, pero tengo otras prioridades, no las suyas, o las mías no son compatibles con las suyas; y, sobre todo, que las piezas de su puzle y las teselas de mi mosaico no cuadran, no encajan, ni a las de tres, ni a la de diez, ni a la de cien. No obstante, con todo, he aquí mi deseo: que todo le salga a pedir de boca.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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