TODAVÍA ALUCINA POR EL ÉXTASIS,
QUE A SU ESTRÉS POSTRAUMÁTICO FIN PUSO
Ayer hizo noche en el convento de Algaso un sobrino-nieto de fray Ejemplo, Eduardo, que está haciendo a pie una de las diversas rutas jacobeas, que tienen como consabida meta, llevan y llegan hasta la supuesta tumba del apóstol Santiago el Mayor en la catedral compostelana. Aunque no es creyente ni practicante (está claro, cristalino, que no ha salido a tu tío-abuelo), otrora hizo la promesa de coronarlo, si lograba superar el estrés postraumático que le produjo o provocó la horrorosa experiencia en directo de una estruendosa e inopinada explosión y posterior incendio devastador que se originó en el edificio donde residía en Perth (ciudad del suroeste australiano, en el estuario del río Swan), donde aún tiene su domicilio, pero en otra dirección, por culpa de un escape de gas.
Al parecer, una extraña combinación de MDMA (sustancia conocida como éxtasis o cristal, que el grueso de las/os que hoy tienen treinta y tantos años han consumido y probado o visto a otras/os tomar en pastillas) y divina psilocibina (sustancia que contienen y se extrae de algunos hongos alucinógenos), que su médico le prescribió como último recurso y uso compasivo, fueron mano de santo, la panacea, pues le ayudaron a dejar atrás, de manera airosa, victoriosa, el mal que le aquejaba, desde hacía un lustro largo, desde que formó parte integrante de su edificio en llamas y sufrió quemaduras de tercer grado, suceso crucial en su vida, pues le impedía realizar sus tareas habituales como abogado en un bufete de prestigio de la ciudad con normalidad. Había probado toda la panoplia de remedios terapéuticos que le había ofrecido y sugerido su galeno, sin el resultado apetecido, positivo, todos los habidos, sin éxito, y ¡eureka!, en tres meses justos, con el combinado de marras, referido arriba, logró salir del pozo donde lo había metido y estaba postrado, al verse rodeado por las llamas y ser quemado junto al edificio, hecho una antorcha, hacha o tea (claramente atea).
Nadie, ni él, ni su médico, ni su familia, ni sus amigos, salían del generalizado asombro, porque para todos, sin excepción, era inverosímil, insólito, inesperado e increíble que el efecto de la mezcla susodicha fuera el que resultó a todas luces, benéfico y milagroso.
Así que ahora está disfrutando del Camino, peregrinando solo o acompañado, como él decide, sin que nadie le imponga cómo realizarlo y culminarlo, a su libre albedrío, sin plan fijo, desde que lo inició en la villa navarra de Puente la Reina. Y, de esa guisa, seguirá hasta alcanzar el objetivo, la catedral de Santiago de Compostela.
Como fray Ejemplo puede ser muy coñón o zumbón, esta mañana me ha dicho, nada más saludarnos y darnos el abrazo de rigor en el recibidor del cenobio algasiano:
—Hoy vas a tener suerte y a conocer un asunto sobre el que, a mí, al menos, me da a la nariz que, por el intríngulis que acarrea, vas a decidir discurrir o disertar, pues te voy a presentar en apenas un santiamén a un sobrino-nieto mío, que se presentó ayer, de improviso, en el convento, y es un canguro —con dicha expresión se refería, por supuesto, a que la nacionalidad de su deudo, procedente de las antípodas, era la australiana.
Hace años, leí que las pruebas llevadas a cabo, a partir de la ingesta terapéutica de éxtasis, LSD, y la divina psilocibina, que fueron estudiadas y valoradas a conciencia por varios expertos o especialistas, psiquiatras y psicólogos, sobre todo, a mediados del siglo pasado, habían arrojado prometedores resultados en pacientes que habían sufrido traumas, depresiones severas y/o ansiedad recurrente.
Esos ensayos con pacientes aquejados por las dolencias descritas, se volvieron a retomar hace algunos años. Al parecer, según nos ha relatado Eduardo, que él sepa y le conste, por cuanto ha escuchado decir a los doctores que lo han tratado (de ayudar), solo se usa el éxtasis, el LSD y la divina psilocibina en Australia, y para casos excepcionales, protocolizados. La plasticidad neuronal que generan los hace y convierte en herramientas excelentes o recursos útiles para tratar los casos señalados.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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