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En cuanto hacemos siempre hay prioridades

Ángel Sáez García 05 Nov 2024 - 14:00 CET
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EN CUANTO HACEMOS SIEMPRE HAY PRIORIDADES

QUE OREMOS ANTECEDE A QUE FUMEMOS

Y ES PREVIO A CENSURAR LEER EL TEXTO

Está claro, cristalino, que, querámoslo o sin querer, o “sin querer queriendo”, como es la expresión que suele venirle de ordinario a la mui al chavo del Ocho/8, los seres humanos en nuestro modus vivendi habitual, o proceder normal, establecemos prioridades y, por ende, un orden de preferencia o prelación entre unas actividades y otras. Esta es la razón por la que lo precipuo o principal va delante, porque es prioritario, primordial.

Fray Ejemplo acabó de dictar la última palabra del párrafo que nos había leído y, del paquete que llevaba en el bolsillo de la camisa gris que vestía, procedió a sacar un cigarrillo de la marca Celtas Cortos, sin boquilla, que era el tabaco que otrora fumaba (entonces estaba permitido fumar en clase; yo mismo vi hacerlo a un profesor de bioquímica media docena de veces durante la hora escasa que duraba la lección en un aula de la facultad de Medicina de Zaragoza; ciertamente, eran otros tiempos, más felices que los actuales en unos aspectos y más desdichados en otros), y se lo llevó a los labios de su boca.

Salvo error u omisión, todos los alumnos de la clase de Eusebio Arteaga Piérola habíamos copiado, una palabra tras otra, lo mismo en nuestras respectivas libretas o cuadernos de apuntes.

Tras extraer del bolsillo derecho del pantalón un encendedor, prendió fuego a uno de los extremos del pitillo corto y le dio la primera calada. Por la cara que puso, puede que no le sacara a la susodicha el sabor que esperaba. Y con la yema de uno de sus dedos gordezuelos se quitó una brizna o pizca de tabaco que se le había quedado adherida o incrustada en el labio inferior.

Álvarez, compañero, colega y amigo, que, en determinadas circunstancias o situaciones devenía en un manojo de nervios, sobre todo, cuando el profesor de latín, Daniel Puerto, nos hacía una prueba o examen sorpresa, muy querido por él, formando corro en un santiamén (puedo afirmar, con pleno conocimiento de causa, pues fui testigo presencial del hecho, que vi con mis propios ojos cómo Álvarez, para detener o parar el segundero del reloj imaginario que manejaba Puerto con la ayuda de una varilla o ramita de un ignoto árbol, aunque, por conjeturas verosímiles, acaso quepa aventurar que fuera un sarmiento, que ejercía de una mera extensión o prolongación de su brazo y mano diestros, pues concedía tres segundos como máximo para responder, de manera diligente, a la pregunta que te había formulado; insisto e itero, vi cómo le agarró con su mano derecha la varilla de marras para que se detuviera el tiempo; la misma estrategia, mutatis mutandis, usó Cervantes, cuando dejó “con las espadas altas y desnudas” al osado vizcaíno y al insigne don Quijote, en el tránsito del capítulo VIII al IX de la Primera parte de su inmortal obra), levantó la mano y le preguntó al docente: “¿Y dónde está el ejemplo prototípico?”. A lo que el fraile contestó:

“—No es de mi cosecha, pero sirve para la ocasión, y no los vamos a desperdiciar ni despreciar; ni el clarificador ni la sobrevenida oportunidad. Hay quien toma la anécdota que os voy a referir como hecho realmente sucedido y quien lo considera entre chisme y chiste. Viajaban en el mismo vagón de un tren expreso, de Bilbao a Barcelona, un jesuita y un dominico. Este se jactaba de la estratagema que habían usado para convencer al “papa negro”, como así se conoce al superior o prepósito general de la Compañía de Jesús, de que les permitiera fumar mientras rezaban. El dominico se quejaba de que todos los intentos por persuadir al padre general de su orden, un hueso duro de roer, de que les dejara expulsar humo por la boca y las narices hubieran sido en vano, baldíos. ¿Cómo se lo habéis pedido?, le interrogó el jesuita. Pues preguntándole si podemos fumar mientras rezamos. ¡Claro!, soltó el jesuita. Habéis sido unos pardillos o pipiolos. De esa guisa no conseguiréis hacer realidad el anhelado deseo, reto o sueño. La próxima vez sed más inteligentes y planteadle la pregunta del modo correcto: ¿Podemos rezar mientras fumamos?”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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