Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Lo que importa, Ángel, es haber amado

Ángel Sáez García 14 Feb 2025 - 14:00 CET
Archivado en:

LO QUE IMPORTA, ÁNGEL, ES HABER AMADO

El planeta azul, la Tierra, está ligado/a, de modo inevitable, sin necesidad de nupcias, de haber matrimoniado previamente, con Lorenzo, el astro sol; bueno, pues, mutatis mutandis, así me siento hoy, unido, de manera inexorable, a Luz María o Mariluz, aunque su verdadero nombre de pila sea otro, a mi media naranja o amada fémina. Y así como la Tierra no es libre, pues se ve obligada a dar vueltas sobre sí misma y alrededor del sol, pendiente de calcar el trazado de su órbita preceptiva, mera esclava de la ley de la gravedad, de esa misma guisa, cual siervo de una ama o dueña, me veo empujado a dar vueltas en derredor suyo, guardando las distancias, orgulloso de recibir sus órdenes y, sobre todo, de cumplir, con celeridad y competencia, a rajatabla, sus mandatos, de forma satisfactoria para ambos.

Hay quien sostiene la tesis (y yo abundo con quien sea, ya se sienta ella, él o no binario, en ese parecer) de que, ciertamente, nosotros, los varones heterosexuales, elegimos a nuestros amigos, pero las mujeres a las que hemos amado (y no hemos dejado de amar, pues, cada vez que recordamos una anécdota con ellas, en su peculiar compañía, las seguimos amando, sin ninguna hesitación) siempre se nos han impuesto. Y que, aunque hayas amado a diez o a cien, si eres muy enamoradizo (tengo un amigo perteneciente a la segunda capa de la alcachofa o cebolla de la amistad cuyo rostro encajaría perfectamente con el arquetipo o prototipo y serviría como ejemplar reclamo y retrato de la locución “culo veo, culo quiero”), sigues estando enamorado hasta los tuétanos de la primera que quedaste embelesado, prendado; de hecho, sin querer o queriendo, vete tú a saber por qué, desde que se quebró el hilo que mantenía unidas vuestras almas (por la razón que fuera), buscas, de manera incansable, ya que ella tiene pareja, una copia o sosias de ella, su vivo retrato físico y moral (prosopografía y etopeya); y, como no la encuentras, te desesperas, porque no te convence esa falsa ilusión con la que has fantaseado de que vaya a separarse pronto (por el ignoto motivo que sea) del otro miembro del binomio o tándem del que ella forma parte, y así poder volver a tener una oportunidad, aunque sea mínima.

Ángel, hazme caso. Te ruego encarecidamente que te persuadas de que tu vida tiene sentido con fémina amada o con su sustituta. Sabes que es una argucia o treta mental decir que estás casado con Literatura, porque a ti te gustaría vivir vinculado con quien no has dejado de amar. Ignoras cuántas más vueltas darás alrededor del sol, pero cuando llegue el momento de apearte del tiovivo (atracción de feria con la que tanto te identificas, al verte un tío vivo), constatarás que estás contento por haber amado a quien tú sabes (y, por mera delegación, a otras, sus sustitutas), porque eso es lo que importa en esta vida, estar enamorado, amar, aun sin ser ese amor correspondido.

Aunque tiendo a ver en él un argumento irrebatible, irrefutable, hoy (ya veremos qué pasa mañana o pasado) me niego en redondo a admitir y dar validez a esa tesis de Jean-Paul Sartre que asevera que el hombre (en genérico) es una pasión inútil (porque su vida carece de sentido; ya que, aun amando y siendo amado por quien amas, vas a morir irremediablemente; ya que toda tu inversión amatoria puede quedar en nada, en agua de borrajas o cerrajas…). Aunque suponga un porcentaje ínfimo, aún tengo alguna oportunidad de ser salvado por mi circunstancia, o sea, de que la célebre frase de José Ortega y Gasset en su libro “Meditaciones del Quijote” (1914) tenga oportuno recorrido: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

Nota bene

Reconozco sin ambages que hace muchos meses y hasta años que no pensaba en la fémina que se halla tras el nombre de Luz María o Mariluz, pero, intentando hallar un documento importante, por serendipia o mera cuestión de azar, me he llevado a los ojos una epístola que otrora me envió, que he releído con gusto (hice bien en guardarla, porque ha sido placentero volver a pasar mi vista por sus párrafos) y me ha hecho recordar momentos memorables junto a ella. Confieso sin requilorios que solo para rememorar con fidelidad tales instantes me gustaría poseer la memoria prodigiosa de Ireneo Funes, el personaje inolvidable que salió del magín creativo de uno de mis autores preferidos, Jorge Luis Borges.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

Más en El blog de Otramotro

Mobile Version Powered by