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Soy abolicionista, como Cercas

Ángel Sáez García 25 Ago 2025 - 14:00 CET
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SOY ABOLICIONISTA, COMO CERCAS

El pretérito domingo 17 de agosto de 2025, fecha en la que cumplió años la hija de mi dilecta (querida) prima María José, “Fina”, Laura (itero aquí las que ya di oportunamente por teléfono en dicha jornada: ¡muchas felicidades!), Sergio, el actual dueño de la tudelana librería/papelería “El Cole”, me entregó, junto con el diario EL PAÍS, la revista dominical EL PAÍS SEMANAL (EPS), en cuya página 74 leí el irónico palo de ciego titulado “Por la abolición total del trabajo”, firmado por su autor, Javier Cercas. Si tenemos en cuenta qué significa el vocablo “abolicionismo”, “movimiento que propugna la abolición de ciertas leyes, tales como la esclavitud, pena de muerte o segregación racial”, según la definición que nos brinda el Diccionario de la lengua española (DLE), y la afirmación que mi quinto (ambos nacimos en el año 1962) hace en la última línea de su colaboración, que “el trabajo esclaviza”, tal vez a su rótulo le sobren las tres postreras palabras del mismo: “Por la abolición (total del trabajo)”.

Reconozco que no formo parte del grupo de odiadores que dice tener mi coetáneo, pero como él, en la entrevista que menciona, a mí se me ocurrió, mientras leía su escrito, hacerme pasar por uno de los tales. Ya veremos si salgo airoso, sano y salvo de ese aprieto o brete.

Está claro, cristalino, que Javier es un mendaz de tomo y lomo, condición que beneficia más que perjudica a un escritor de ficciones. Al inicio de su palo no tiene ningún empacho en aseverar que no había trabajado en su vida, pero se contradice (¿qué ser humano no lo ha hecho varias veces a lo largo de su existencia?) al final de su segundo parágrafo, cuando declara que “no siempre se puede no trabajar, sobre todo si uno no es hijo de un potentado, a veces no queda más remedio que dar algún que otro palo al agua, yo mismo hice la mili y durante años enseñé en la universidad”.

El abajo firmante de estos renglones torcidos, si no hubiera trabajado los fines de semana y durante los meses de verano de camarero (yendo de pueblo en pueblo en fiestas), no hubiese podido estudiar una carrera. Me siento orgulloso y satisfecho de tener una licenciatura en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), que no me he tenido que inventar, como es el nuevo deporte que hace furor hoy entre los políticos patrios, de un signo y de otro; y a las pruebas, fehacientes, a las que han ido apareciendo en los mass media, recientemente, me remito.

Sostiene mi quinto que “yo no he trabajado nunca porque trabajar de verdad consiste en ganarse el pan haciendo algo que no te gusta y yo he procurado arreglármelas siempre para hacer lo que más me gusta, que es leer, escribir y pensar en las musarañas, y por eso sería insultar a quienes trabajan de verdad decir que yo he dado un palo al agua en mi vida”. He de reconocer que Cercas es, amén de perspicaz, dicaz, y disfruta de lo lindo demostrándolo; incluso es capaz de decir lo contrario de lo que escribe. Me explico. Cercas insulta (confío, deseo y espero que se entienda la broma) a los que trabajan dos veces; primero, por trabajar, y luego, por comprar las novelas que firma, que apenas le cuesta escribir, porque no trabaja. No conozco, de veras, a nadie que sea tan bueno como él escribiendo (que no lo hay, por supuesto) que no haya dado varias vueltas a cada uno de los párrafos que contiene una de sus novelas.

Cercas asegura, dentro de un paréntesis enternecedor y con miga, que “los que nos ganamos así la vida (sin trabajar) no solemos ir de vacaciones: para qué vas a dejar de hacer lo que te gusta si es lo que gusta”. Todos debemos hacer una pausa e irnos de vacaciones (aunque solo sea para acompañar a los deudos o los amigos, como yo hice la semana pasada, verbigracia, con mi amigo del alma Luis de Pablo); todos debemos desconectar, aunque solo sea para vivir y luego escribir lo vivido. El latinajo “primum vivere, deinde philosophari”, primero vivir, luego filosofar, se presta o merece una muda preceptiva, que no consiste en cambiar vivere por bibere, beber, sino philosophari por scribere. Conviene eliminar las toxinas acumuladas y recargar pilas. Cercas usa, de modo prodigioso, la hipérbole, como el maestro que es, cuando aduce que trabajar “es un atentado contra la dignidad humana, que debería estar penado con sanciones severísimas”. Definitivamente, Cercas no sirve para interpretar el papel del Dios en el que otrora creí a pies juntillas; puede que sí el del Antiguo Testamento de  la Biblia, cruel y vengativo. Si consideramos ese proceder cercasiano una forma lenta de suicidio, ¿no sería la repanocha que fuera castigado además con una multa dineraria, imposible de satisfacer?

No niego que me lo paso estupendamente leyendo a aquellos escritores que logran atraerme con lo que escriben o con cómo lo (d)escriben, y en cuyas historias consiguen implicarme o involucrarme, pero conozco otras actividades que resultan o son más gratas o placenteras.

Puede que el trabajo que realiza a diario haga infeliz a la gente, pero hay todo un abanico de posibilidades o varillas abierto, que no conviene descartar. Hay quien llega del trabajo, tras ocho horas de curro, y en casa halla la razón de su dicha. Hay quien hace lo que le gusta y en su casa no es feliz o lo es infinitamente menos que el currante amado por su pareja, novia o esposa.

Manifiesta Cercas que “en esta vida no se puede hacer nada peor que trabajar”. Estoy seguro de que, si se concediera un par de minutos para reflexionar, encontraría media docena o decena de razones, que tienen que ver con los verbos padecer o sufrir, que le pueden cuadrar o encajar.

Me parece bien que el creativo Cercas se haya dedicado a desarrollar aquí una idea ajena, de Confucio (al menos, a él se le adjudica), si no marro, que el educador y pensador susodicho concentró en estas pocas palabras: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”.

Acabo de releer lo escrito por tercera vez y me temo que no he conseguido mi propósito o reto, pues he sido más defensor que detractor de mi quinto.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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