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Te van a criticar, hagas lo que hagas,…

Ángel Sáez García 10 Mar 2026 - 14:00 CET
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TE VAN A CRITICAR, HAGAS LO QUE HAGAS,

SIN PONDERAR TUS BUENAS INTENCIONES

Puede que muchos logroñeses (ora sean o se sientan ellas, ellos o no binarios), hayan nacido y/o residan en la capital de la Comunidad Autónoma de La Rioja, desconozcan que en el interior de la concatedral de Santa María de la Redonda de su ciudad hay un cuadro, pintado al óleo sobre tabla, que se le atribuye a Miguel Ángel Buonarroti, “La Crucifixión”. Lo dejo escrito, negro sobre blanco, porque este menda reconoce que, hasta hace apenas unos meses, ignoraba el dato o el hecho. Entré con mi amigo José María, “Mari”, en el citado recinto religioso y buscamos la mencionada joya; cuando llegamos al sitio, él sacó una moneda de euro de su bolsillo y la introdujo en la ranura o rendija habilitada para dicho fin, y pudimos ver con claridad, porque se encendió la luz, el susodicho cuadro.

Bueno, pues, actualmente, otra de sus creaciones mayores (para algunos, su obra maestra), el mural del “Juicio final”, en la capilla Sixtina, famosa, además de por su bóveda, pintada también por el mismo genio del Renacimiento italiano, por tener allí lugar las votaciones del cónclave, la reunión de los cardenales, para elegir nuevo Papa, está recibiendo un lavado de cara, ya que se le está quitando el salitre que se ha ido acumulando, durante los más de treinta años que han transcurrido desde que fue restaurado en 1994. Y es que los responsables han considerado necesaria y hasta perentoria una limpieza para borrar la estela que han dejado los más de seis millones de visitantes que tienen al año los Museos Vaticanos, de los que la capilla Sixtina es, sin ninguna duda, la joya de la corona del arte sacro.

Hoy es moneda corriente y hasta moda, entre los diversos dirigentes de los partidos políticos con representación parlamentaria, estén en el gobierno (de la nación, comunidad autónoma o municipal) o en la oposición, escuchar lo que profieren, verbigracia, la expresión de que se van a dejar la piel en el desempeño de sus funciones, pero luego ninguno aparece despellejado (y, cuando alguno lo hace, es por las críticas o censuras, cuando no injurias o calumnias, en suma, pullas, lanzadas o vertidas por sus enemigos políticos o por fuego amigo).

Me temo que quien de verdad se dejó la piel pintando “El Juicio final” (y antes se la había dejado también llenando de colores el techo de la capilla Sixtina) fue Miguel Ángel. Hoy no falta quien repite la misma cantilena o cantinela que escuchó afirmar a sus cicerones, guías y/o maestros, que el modelo que utilizó el genio de Caprese para pintar a san Bartolomé, con su piel desollada, fue él mismo, pues se autorretrató. Un lustro le costó a Miguel Ángel, de 1536 a 1541, completar su obra máxima.

El aseo o la limpieza del fresco tiene lugar treinta años después de la controversia que se generó entre los expertos, cuando se sacaron a la luz los colores que Miguel Ángel usó hace cinco siglos. Dicha restauración dividió a los entendidos en defensores y detractores de dicho remozamiento o renacimiento, pues hubo quienes lo consideraron muy agresivo y quienes valoraron más el esplendor que devolvió al fresco.

En los más de sesenta años que he vivido, he aprendido y constatado que, hagas lo que hagas, hasta con la mejor intención, te van a criticar. Esto ya lo había asimilado en mi adolescencia, cuando leí el segundo de los 51 exempla, “enxiemplos” o cuentos moralizantes de “El conde Lucanor”, del Príncipe de Villena, Infante Don Juan Manuel, titulado “De lo que aconteció a un hombre bueno con su hijo”, en el que se narra la historia de un padre y un hijo labradores que marchan a la villa, donde había mercado, a comprar lo necesario, y llevaron consigo una acémila o mula para traer la carga. Por donde pasaban los lugareños con que se encontraban criticaban lo que habían hecho o dejado de hacer el padre y/o el hijo, ir montados juntos, uno u otro, o sin montar, en la mula. Y he aquí la enseñanza: nunca harás cosa en la que todos los que la vean estarán de acuerdo.

Acepto de buena gana y grado la crítica, porque yo también critico comportamientos ajenos. Y, si advierto en las censuras que me hacen criterio o fundamento, con más razón.

A mí me sirve de modelo el imperativo categórico de Immanuel Kant, siempre que este no se tome como ejemplo de envanecimiento o vanidad: Obra de tal manera que tu forma de actuar se convierta en ley universal.

   Nota bene

A mí me llamó sobremanera la atención la primera vez que escuché el consejo que le dio una madre a su hija: “Hagas lo que hagas, ponte bragas”, frase que se escucha en la película de Pedro Almodóvar “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón” (1980).

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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