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La verdad te hará libre; sé sincero

Ángel Sáez García 17 Jun 2026 - 14:00 CET
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LA VERDAD TE HARÁ LIBRE; SÉ SINCERO

Y VERÁS QUE EN VIGOR SIGUE EL ASERTO

Oscar Wilde, en “El retrato de Dorian Gray”, la única novela que dio a la imprenta y, por ende, vio la luz, escribió en letras de molde que “la única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella. Si se resiste, el alma enferma, anhelando lo que ella misma se ha prohibido, deseando lo que sus leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo suceden en el cerebro. Es también en el cerebro, y solo en el cerebro, donde se cometen los grandes pecados”.

Paso a narrar a continuación, grosso modo, uno de esos impulsos (entre espontáneo y meditado) propio, que para unos rayará la tropelía, para otros la villanía o cualesquiera otras formas de maldad, en el que caí otrora, en 1977. Ignoro, de veras, cómo llegó a mis manos o me hice con la llave del despacho que ocupaba y/o usaba en el seminario menor navarretano el profesor que nos impartía las asignaturas de ciencias (matemáticas, física y química). No cabe descartar la posibilidad de que él olvidara que se la había dejado puesta, y eso motivó que saliera a relucir mi personalidad de aventurero y detective. Sea como fuere, lo cierto es que entré en el susodicho despacho con el claro propósito de husmear y, si tenía sobre la mesa alguno de nuestros exámenes, proceder a copiar, si no todas, alguna de sus preguntas. Me dio tiempo a pasar al papel que llevaba conmigo dos, porque fui pillado infraganti por uno de nuestros educadores. Supongo que a él le cogió el suceso de manera imprevista, inesperada, como a mí, y pospuso la reprimenda por el hecho, pues me adujo que luego tendríamos una charla al respecto. Si no recuerdo mal, la citada no se produjo, porque, motu proprio, para atenuar o mitigar la bronca que me aguardaba, justa, oportuna, ideé la manera de que Juan María, mi prendedor, fuera indulgente conmigo.

Decidí esperar a Juan Antonio, el profe de ciencias, que ejercía de párroco en Sotés, y utilizaba un Citroën Dyane 6 para desplazarse por carretera, a la entrada del colegio, y conoció la verdad de cuanto acaeció por mi propia boca, sin intermediarios. Recuerdo que Juan María, que estaba en la ventana de su clase, observó el hecho y no salía de su asombro. Luego se enteró, seguramente, de que mi confesión había sido auténtica y exhaustiva. Le dije a Juan Antonio que aceptaría, de buen grado, que, como castigo, me hiciera exámenes aparte, distintos del resto de mis compañeros. Así sucedió, y siguió calificando los mismos con sendos sobresalientes. ¿Qué cabe colegir o inferir de modo conveniente de la anécdota real que viví en mis propias carnes antaño? Que la verdad otorga un bien oculto. Obtiene la verdad premio seguro fue el primer rótulo de esta urdidura.

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, que está siendo investigado por el caso Plus Ultra, compañía aérea que fue rescatada por el Ejecutivo de Sánchez, tiene que acudir hoy, miércoles 17, y mañana, jueves 18, si es necesario, ante su tocayo, el juez instructor José Luis Calama, para responder a cuantas preguntas le plantee el magistrado en la Audiencia Nacional. Le aconsejo que haga a la carrera tres cuartos de lo mismo que hice otrora yo, examen de conciencia, que sienta dolor de corazón por haber caído (y acaso, más tarde, haber recaído) en la tentación (considero certeza irrefutable que el hombre un animal es de rutinas) y haga pronto propósito de enmienda del yerro cometido, como el rayo, en definitiva, que no tome por artículo de fe cuanto le diga su abogado defensor, aunque sea un experto en derecho procesal, un perito en el ejercicio de su oficio, y cuente la verdad pura y dura, pues la verdad lo hará libre (puede que la  sentencia acarree una pena de la justicia, pero recibirá —lo auguro y por eso se lo aseguro— el perdón cívico, social).

Si no he conseguido persuadirle con las alegadas razones de peso, recogidas arriba, le recomiendo que lea, si no lo hizo ya (y, si la leyó, le insisto en que la relea), la tribuna titulada “Actos y autos de fe”, de Antonio Muñoz Molina, en la página 11 de EL PAÍS, del pasado sábado 13 de junio de 2026. Allí puede pasar su vista por la referencia evangélica de la mujer cogida y acusada de adulterio, pecado castigado en la ley mosaica con muerte pública por lapidación, y cómo la libra de dicha sentencia (mero precedente del auto de fe del tribunal de la Inquisición) el verbo de Cristo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra” (está claro, cristalino, que el ejemplo cunde porque Jesús de Nazaret realiza un milagro, que los testigos presenciales del hecho hagan examen de conciencia y sean coherentes; hoy, sin esa concurrencia, sin mediar ese prodigio, la limpieza de marras, la mujer adúltera resultaría lapidada y muerta; eso lo logró evitar Cristo al escribir en la arena con su dedo acusador en las mentes de los portadores de piedras y exculpar o salvar a la adúltera con el ídem, indulgente).

Si ZP sigue sin estar convencido del todo, le recomiendo que lea la columna de Ana Iris Simón, titulada “Explícaselo a un niño”, en la página 12 del mismo número, el 17.846, donde recoge una frase que pronunció León XIV ante los miembros del Parlamento español, reunidos en su Cámara baja, el Congreso de los Diputados: “La realidad prevalece sobre la idea, porque la realidad simplemente es, la idea se elabora”, con la que abundo de cabo a rabo, por tenerla por verdad apodíctica, incondicionalmente cierta, necesariamente válida.

Si, aun así, ZP advierte alguna grieta o rendija por la que barrunta que puede colarse de rondón la duda flaca, le animo a que lea la columna de Berna González Harbour, titulada “Zapatero y Sissi Emperatriz”, en la página 13 del mismo ejemplar, sobre todo, el final del párrafo tercero (y su anagrama, certero) y el cuarto, entero, breve: “(…) Muchos estamos esperando explicaciones, pero empezamos a amasar certezas como esta: el tamaño de un referente moral es directamente proporcional al tamaño de la decepción que nos provoca su reverso. Cuando un ‘referente moral’ tiene un tesoro en la caja fuerte; cuando un ministro nos habla de feminismo y se gasta lo que no está escrito (ni ganado legalmente) en prostitutas; cuando alguien que lucha contra las cloacas en nombre de un partido inicia la suya propia; cuando la audacia de otros tiempos se va quedando congelada para dar paso al tic tac del reloj; asistimos a la demolición de un discurso que, sin embargo, sigue siendo necesario.

“Las ideas no morirán. Pero necesitan otros portavoces, otros líderes, otros estandartes, seguro que existen. Porque el Papa ya se va, pero nosotros nos quedamos”.

Intuyo que ZP no nos va a hacer caso. Ahora bien, me veo en la obligación de adelantarle que va a incurrir en un nuevo error. La realidad prevalece sobre la idea; pero con las teselas de la realidad es posible y plausible componer o conformar el mosaico que dé cuenta o represente la idea.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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