La mandataria mexicana reclama respeto al derecho internacional mientras la ONU condena la incursión militar que puso fin al poder de Maduro en Venezuela. El exmandatario se declaró no culpable en Nueva York y asegura que fue “arrancado de su hogar a punta de fusil”.
La escena parece sacada de una película política: Nicolás Maduro, el controvertido dictador venezolano, fue sacado por la fuerza de su casa en Caracas por comandos estadounidenses y trasladado en secreto hasta Nueva York, donde se enfrenta a la acusación de narcotráfico y conspiración internacional . Pero su detención, más que cerrar una etapa, ha abierto un nuevo frente de tensión geopolítica que ya sacude a medio planeta.
Desde Ciudad de México, la presidenta Claudia Sheinbaum rompió el silencio y lanzó un mensaje desafiante a Washington: «Lo que uno pide es juicio justo, siempre. En cualquier circunstancia, y en esta en particular, debe haber celeridad y justicia», declaró con firmeza en su conferencia matutina, marcando distancia con la política exterior estadounidense.
Sheinbaum, que se ha perfilado como voz de la izquierda latinoamericana , advirtió que ningún gobierno tiene derecho a imponer la fuerza sobre otro.
Sus declaraciones resonaron como un eco en la región, donde los aliados de Caracas denuncian una “ agresión imperial sin precedentes ”.
Maduro, esposado y serio durante su primera comparecencia ante la justicia estadounidense, se declaró no culpable y gritó ante el tribunal que había sido “secuestrado por la fuerza militar de Estados Unidos”, acusando al Gobierno de Joe Biden de violentar la soberanía venezolana.
La ONU no tardó en reaccionar. En una declaración desde Ginebra, Ravina Shamdasani, portavoz del Alto Comisionado de Derechos Humanos, expresó su profunda preocupación por la invasión estadounidense en Venezuela , recordando que “ningún Estado puede violar la integridad territorial o la independencia política de otro”.
En Caracas, la tensión es absoluta. El Gobierno interino surgido tras la caída de Maduro exige su repatriación inmediata, mientras miles de simpatizantes del chavismo han salido a las calles para denunciar el “saqueo de la nación” y clamar por la “libertad de su presidente legítimo”.
En contraste, Washington insiste en que actuó “en defensa de la justicia global ”, asegurando que posee pruebas contundentes que vinculan al exmandatario con organizaciones del narcotráfico que operan desde Sudamérica hacia el Caribe y África.
El caso Maduro se ha convertido ya en un terremoto político sin precedentes en el siglo XXI latinoamericano: una operación militar, un juicio de alto perfil en suelo estadounidense y un continente dividido entre la denuncia y el silencio. El tablero geopolítico arde, mientras Venezuela —una vez más— se convierte en el epicentro del drama continental.

