En estos días se cumplen 20 años de la boda del príncipe Felipe con una periodista. Si la monarquía tuvo alguna vez sentido profundo fue cuando los reyes no se casaban con el pueblo. Sólo las élites podían salvar al pobre e inculto pueblo… en siglos pasados. Que el pueblo entre en las familias reales es solo el primer paso para la desaparición de las monarquías, que reyes y reinas se casen con cualquiera y mezclen su sangre con gente común es tan peligroso como la consanguinidad.
Adolfo Suarez tuvo una enorme oportunidad de someter a referéndum la monarquía y la república, pero no quiso porque la izquierda que no apoyaba la tercera república sino la segunda punto dos. La segunda república “bis” me gusta decir. Y la segunda original fue un inmenso error que transcurrió con políticos asesinados en las calles, amenazas en el parlamento y una guerra civil. Si la izquierda de 1980 hubiera querido una república nueva, refundada, hoy tendríamos un problema menos y una estabilidad mayor. Hoy la izquierda sigue empecinada en ello y la parte más sanchista y zapaterista del PSOE lo apoya. En vez de seguir el ejemplo de Francia o Alemania (dos tipos de repúblicas muy diferentes) prefieren Venezuela. “Democracia” 2.0, oiga.
Las monarquías son instituciones obsoletas y desfasadas en el siglo XXI, si bien hay que reconocer su efecto positivo el 23F y en el golpe de Estado catalanista, ese que el primer republicano de España quiere amnistiar solo por egoísmo e interés partidista. Si los reyes se empiezan a mezclar con plebeyos pierden su halo mágico, sagrado, ese que les conecta directamente con la sapiencia divina, con la justicia eterna, ese halo que les sitúa por encima de la masa ignorante, desinformada, manipulada e impreparada, capaz de votar a unos sinvergüenzas solo porque son de “mi” partido. Ahí y solo ahí, situándose por encima de la pelea multitudinaria de los partidos y de los partidarios, puede encontrar su sitio la monarquía, y sin embargo cada día que pasa lo tiene más difícil.
Pero vista la deriva sectaria, divisiva y guerracivilista de un PSOE entregado maniatado a su dueño, el que quiso engañarles con una urna trampa, ni la monarquía tiene mucho recorrido ni la tercera república, posibilidades. Sólo nos queda afrontar la II República punto dos.
Eso o que entre Francia otra vez a arrasarlo todo, ciudadanos, monumentos, leyes, y nos convirtamos en Europa.