El dramático giro en Venezuela tras la detención de Nicolás Maduro, resultado de una operación liderada por Donald Trump, se convierte en el hilo conductor de la columna que hoy firma Federico Jiménez Losantos en Libertad Digital.
El título de su artículo no deja lugar a dudas: Al menos, Trump ha hecho algo; Europa, el más pomposo de los ridículos.
En su publicación del 11 de enero de 2026, el periodista contrapone la audacia estadounidense con la inacción del viejo continente y desmonta, uno a uno, los argumentos de quienes consideran que la caída del dictador representa una violación inaceptable del derecho internacional.
Desde el principio, Jiménez Losantos plantea su tesis central: mientras los países de la Unión Europea se limitan a emitir comunicados solemnes, Estados Unidos ha llevado a cabo una operación de “cirugía militar pasmosa” que ha llevado a Maduro tras las rejas.
A partir de esta premisa, la columna organiza una crítica en dos frentes: primero, hacia los aliados del chavismo y los detractores sistemáticos de Trump; segundo, hacia ese europeísmo grandilocuente que invoca principios jurídicos que ni defiende ni aplica cuando se trata de salvaguardar libertades concretas.
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— Willy Tolerdo (@WillyTolerdoo) January 10, 2026
La captura de Maduro y el espejo del derecho internacional
El texto comienza con un planteamiento casi contrafactual: si la Historia fuera predecible y los seres humanos solo pudieran comentarla, el desconcierto tras la detención de Maduro sería menor. Jiménez Losantos describe dos reacciones inmediatas y complementarias: la del llamado Cartel de Puebla y la del antitrumpismo global. En uno de sus análisis más incisivos, retrata así esa doble oposición política y mediática:
“Si la Historia fuera previsible, si todo estuviera ya escrito y si lo único que pudieran hacer los humanos fuera comentarlo, veríamos una situación similar a la que estamos observando tras la captura de Maduro por Trump. Dos reacciones inmediatas han emergido: la primera proviene de los amigos del Cartel de Puebla —léase Sánchez, Zapatero y demás— que han encontrado tiempo en sus vacaciones para condenar sin paliativos el rapto del dictador…; y en segundo lugar, los enemigos incondicionales de Trump han echado en falta fórmulas multilaterales o resoluciones de la ONU; sin estos apoyos internacionales, cualquier acción exterior estadounidense es calificada como barbarie”.
Desde ahí, el eje del debate se centra en el supuesto agravio al derecho internacional. Para Jiménez Losantos, la coincidencia entre “amigos de Maduro” y “enemigos de Trump” al denunciar una violación del orden jurídico global revela una construcción ficticia: ni Maduro estaba protegido por dicho derecho ni Venezuela continuaba sometida a los mecanismos capaces de exigirle cuentas por crímenes atroces. La columna desmantela esa coartada jurídica recordando un dato incómodo: el régimen chavista abandonó hace años la OEA y se ha desentendido del Tribunal Penal Internacional, buscando evadir las denuncias por persecución política y violaciones masivas a derechos humanos.
Jiménez Losantos aporta entonces un dato contundente sobre las dimensiones trágicas que enfrenta Venezuela:
“La verdad es que el derecho internacional no protege ni ha protegido a ningún político o régimen que manipule elecciones, encarcele, torture o asesine opositores mientras provoca la mayor diáspora en América: más de ocho millones de venezolanos han escapado del hambre y el terror comunistas”.
En este marco, surge una pregunta crucial: ¿qué legitimidad puede tener un régimen que se sitúa fuera de todos los controles internacionales mientras expulsa a millones y se sostiene gracias al apoyo de potencias como Cuba, China, Rusia o Irán?.
Soberanía, petróleo y la hipocresía de los críticos de Trump
La segunda gran línea argumentativa gira en torno al término talismán utilizado tanto por defensores como detractores: soberanía nacional. El columnista somete este concepto a un examen incisivo. ¿Qué soberanía puede reclamar un régimen que convierte a sus ciudadanos en súbditos, ataca sistemáticamente su vida y propiedad y depende para su seguridad personal de una guardia pretoriana extranjera compuesta por militares cubanos?
Desde esta perspectiva, lo que se califica como “vulneración” no es tanto jurídica como retórica. Jiménez Losantos argumenta que el secuestro o extracción de Maduro por parte de un país democrático no puede considerarse un golpe al derecho internacional —que él mismo despreciaba— dado su vínculo con actividades criminales relacionadas con narcotráfico y blanqueo.
El texto también aborda otro reproche recurrente hacia Trump: su intención confesada de “recuperar el petróleo” venezolano. Para Jiménez Losantos, aquí afloran dos hipocresías:
- Por un lado, está aquella protagonizada por dirigentes populistas —desde los marqueses de Galapagar hasta personajes como Juan Carlos Monedero— quienes durante años han sido beneficiados por las finanzas provenientes de PDVSA.
- Por otro lado, están los llamados defensores del libre comercio que critican abiertamente las intenciones económicas detrás del plan Trump mientras permanecen callados ante las ventajas otorgadas a China, Rusia e Irán sobre el crudo venezolano.
En un momento clave del texto, Jiménez Losantos plantea preguntas que interpelan tanto lo económico como lo jurídico:
“¿Tienen derecho China, Rusia e Irán al petróleo venezolano que disfrutan gracias al régimen? ¿No deberían ser las empresas norteamericanas o europeas —como Repsol en España— las beneficiarias?”.
La columna recuerda cómo antes incluso del actual operativo militar las empresas petroleras estadounidenses y europeas afectadas por las nacionalizaciones bolivarianas llevaron sus reclamos ante tribunales internacionales donde han conseguido sentencias favorables considerando dichas expropiaciones auténticos robos. En este contexto, Paula Quinteros menciona en The Objective cifras entre 20.000 y 40.000 millones de dólares en reparaciones potenciales; esto transforma el asunto petrolero en un conflicto económico duradero más allá del capricho presidencial.
El plan de Marco Rubio y la apuesta a largo plazo en Venezuela
Lejos tratar la captura a Maduro como un gesto aislado o meramente electoral, Jiménez Losantos inserta esta operación dentro una estrategia más amplia atribuida al senador Marco Rubio, quien aparece como “el arquitecto evidente” detrás del dispositivo. Este proyecto no solo mira hacia Venezuela, sino también hacia Colombia, llegando hasta Cuba, tierra natal familiar del senador.
El columnista describe este plan estratégico dividido en tres fases según explica Rubio:
“Los USA ven este cambio en tres etapas: primero estabilización; segundo modernización económica; tercero transición democrática garantizada para una oposición representada heroicamente por María Corina Machado”.
Este diseño implica subrayar una presencia estadounidense sostenida durante al menos dos o tres años dentro del territorio venezolano; esto contradice así cualquier caricatura sobre acciones meramente cortoplacistas. Además, Jiménez Losantos destaca cómo Rubio intenta desvincular este enfoque del estilo “zafio” presente en algunas declaraciones públicas realizadas por Trump. Recuerda también su amistad con María Corina Machado desde hace quince años así como su compromiso con asegurar un papel central para la oposición democrática en el futuro venezolano.
Aquí surge otro matiz importante respecto al expresidente estadounidense: aunque sus votantes tiendan a rechazar discursos intervencionistas tradicionales enfocados en promover libertades globales, Estados Unidos sigue siendo una democracia obligada a rendir cuentas ante su opinión pública sobre situaciones relativas a derechos civiles donde interviene. Por ello mismo resulta evidente que la captura no cierra un capítulo sino más bien abre uno lleno potencialmente conflictivo donde aún sin su líder visible ,la dictadura continuará maniobrando.
En un pasaje reflexivo acerca ese incierto horizonte futuro para Venezuela dice:
“No sabemos si este ambicioso pero realista plan diseñado por Marco Rubio tendrá éxito. Lo iremos viendo; dependerá mucho entre otras cosas del tira y afloja constante entre dictadura y oposición”.
Sin embargo permanece claro: por primera vez después años completos un líder responsable por generar tal diáspora histórica dentro América Latina está bajo custodia judicial democrática lo cual altera radicalmente toda dinámica geopolítica regional.
Europa frente al espejo: pompa, miedo y parálisis
El cierre final desplaza toda atención desde Caracas hasta llegar hasta lo sucedido dentro mismo ámbito europeo centrando especialmente crítica contra esa misma Unión Europea cuya incapacidad para actuar frente Maduro ha sido “con escrupuloso respeto al derecho internacional”, convirtiéndose así ella misma en símbolo “del más pomposo ridículo” según palabras escritas por Jiménez Losantos. Esa impotencia se transforma entonces —en sus letras— exactamente eso mismo: pura retórica vacía sin eficacia real.
Para ilustrar esta parálisis menciona otro conflicto actual existente: lo ocurrido recientemente con respecto a Ucrania. Recuerda cómo fue incapaz UE debido miedo manifestado desde parte Bélgica ante posibles represalias provenientes directamente desde Rusia poder utilizar fondos incautados pertenecientes a dicha nación para sostener esfuerzos bélicos ucranianos preferiendo optar luego aumentar deuda pública. Esta comparación entre decisiones adoptadas norteamericanas respecto Venezuela frente titubeos europeos frente Rusia refuerza idea acerca existencia misma entidad política tan introspectiva incapaz mirar realmente hacia afuera.
El desenlace irónico condensa acusaciones anteriores sobre irrelevancia:
“Con estricto respeto hacia derecho internacional países UE no habían hecho nada contra Maduro mientras tras operación militar asombrosa ahora está encarcelado gracias intervención Trump… (…) Cuando han sido incapaces porque temen represalias rusas optar utilizar recursos incautados para apoyar Ucrania prefiriendo aumentar deuda pública sería recomendable ya que no aportan nada porque son eso mismo nada aspirando simplemente mejor no molestar.”.
En esas últimas líneas queda reflejado juicio político realizado por parte Federico Jiménez Losantos quien establece clara distinción entre Estados Unidos capaz actuar—con todas contradicciones existentes—y Europa invocando principios pero renunciando ejercer poder convirtiéndose así solo actor ornamental. La detención reciente Maduró leída bajo esta luz representa no solo episodio relacionado directamente Venezuela o figura trumpista sino especialmente espejo incómodo donde UE descubre cuán lejos ha llegado influencia perdida ante otros actores internacionales. Un descubrimiento cuya historia apenas comienza.
