Fernando Jáuregui – No te va a gustar – Duran i Lleida y su apoyo.


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Voy a hacer una confesión: hace años, bastantes años ya, le dije a Josep Antoni Duran i Lleida, flamante líder entonces de la democristiana Unió Democrática de Catalunya, que lo veía en el futuro como presidente del Gobierno central. Abrió los ojos asustado (pero, claro, divertido y bastante encantado) y me preguntó que a través de qué vías pensaba yo que él llegaría a La Moncloa. «Lo ignoro», le dije, «pero hay varios caminos posibles, y ninguno probable». Ahí quedó la cosa, como una anécdota más en las relaciones que profesionalmente, yo como periodista, él como político, hemos tenido que mantener a lo largo de todo este tiempo. El ha seguido siendo lo que era, un buen parlamentario y una persona humanamente distante, pero con eso que llaman una cabeza bien amueblada, y uno ha permanecido en lo suyo: contando lo que ve, y tratando de analizarlo.

Pero nunca se me ha pasado del todo la idea de que Durán, ahora casi un sesentón en un país tocado de efebismo político, llegaría a nuevos destinos. Quizá a través de pactos con el partido nacional vencedor de unas elecciones. Luego él escribió un libro, me parece que importante, llamado «Entre una España y la otra», abogando por un gran acuerdo nacional en las materias más trascendentes, y ahora acaba de anunciar su apoyo al Gobierno socialista de Zapatero, «para ayudar a un gran pacto nacional». Es decir, que ya que el PSOE y el PP se niegan a darse la mano para consensuar soluciones para el descalabro económico -y también institucional, hasta cierto punto–, es el «tercero en discordia» quien, desde un nacionalismo muy moderado, se apunta a apuntalar, valga el juego de palabras, al tambaleante Ejecutivo central.

Siempre he sido más partidario de los consensos que de las batallas, aun admitiendo la necesidad de preservar el juego partidario y parlamentario. Pero hay circunstancias excepcionales que requieren conductas innovadoras, y pienso que ahora estamos ante una de esas circunstancias, con la moral nacional por los suelos y los bolsillos ciudadanos vacíos. Se exige potenciar la confianza de inversores y consumidores, y hace falta una gran fuerza nacional que plante cara al descrédito extranjero y a la desmoralización en casa. Duran, que es persona que ve crecer la hierba, lo ha intuido y, ante la desgana de los dos «grandes», se ha ofrecido quién sabe si como «cemento», como «bisagra», como «puntal» o como animador de nuevas mayorías. No me parece un paso baladí el que ha dado el líder democristiano-nacionalista-catalán, sino un reto en toda regla para abordar las cosas desde nuevos prismas.

Lo que ocurre es que hay demasiados intereses en no formar un amplio frente que le plante cara al dragón de la crisis -la económica y, ya digo, la moral–. Y hay que tener valor, y/o pertenecer a una minoría, para tender la mano en el vacío. O no tanto vacío, que ya se sabe que, como es lógico, las minorías catalanas siempre dan su apoyo a cambio de algo, faltaría más. Ignoro si este paso acerca un poco a Duran a La Moncloa: sospecho que no. Pero le consolida como uno de los políticos más pragmáticos, acaso más sensatos, del panorama nacional. Aunque no sean muchos los que se lo reconozcan.

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