Esther Esteban – Más que palabras – De héroes y villanos.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

La detención de Gerardo Díaz Ferrán, acusado de delitos de blanqueo de capitales y alzamiento de bienes, es la historia del hombre que creció y se hizo fuerte a la sombra del poder y también el relato de una huida hacia adelante cueste lo que cueste. El que fuera líder de los empresarios españoles, el hombre que dijo aquello de que «había que trabajar más y ganar menos» no se aplicó su propia medicina y tal vez por eso hoy se ve, como se ve.

Que en su casa se haya encontrado 150.000 euros en metálico y un kilo de oro es solo un detalle llamativo, pero lo sustancial de verdad es lo que este caso esconde y lo que esconde, además de una forma muy dudosa y temeraria de gestionar sus empresas, es el interés de un empresario de ganar dinero fácil y ocultar sus bienes al fisco. Da igual que sea un chalet, un yate, un Rolls Royce, unos apartamentos en Nueva York o lo denunciado por algunas compañías como Meliá, AC o Pullmantur entre otras: el impago de decenas de millones de euros y la ocultación de bienes para presentar una falsa y total insolvencia patrimonial y no cumplir con los pagos.

Se dijo hasta la saciedad que el ahora detenido era el vivo ejemplo del empresario hecho a sí mismo, que partiendo de un modesto negocio de su padre se convirtió gracias a su esfuerzo y tesón en todo un triunfador. Los poderosos le respetaban y la cosa llegó hasta tal punto que aunque, al parecer, era un secreto a voces que no cumplía con el fisco fue elegido la cara y la voz de los empresarios españoles.

Ahora en este país donde se pasa de héroe a villano en un ¡plis plas! todos le señalan con el dedo, incluso aquellos que su día le aplaudían a manos llenas y quienes permitieron su ascenso con un silencio cómplice. Todos sabían que era un empresario heterodoxo, pero eran los buenos tiempos, esos de las vacas gordas donde todo valía y los escrúpulos eran lo de menos. Hace apenas cuatro años Díaz Ferrán era el prototipo de un empresario brillante y emprendedor y ahora se ha convertido en el villano de turno, liquidador de puestos de trabajo y depredador de cuanto tenían alcance. No conozco ningún país de nuestro entorno donde el jefe de los empresarios pueda terminar entre rejas y por eso la CEOE debería de hacer una profunda reflexión sobre cómo se han levantado y gestionado determinadas empresas en nuestro país. Todo no puede ser reforma laboral, ni flexibilidad, ni reducción de costes laborales, ni bajada de salarios. Los empresarios, en su acción, también deben ser ejemplares, ejemplarizantes y separarse de este modelo donde valía todo si se conseguía dinero fácilmente.

Por supuesto que por un solo caso no se puede criminalizar a todo el sector empresarial de este país, pero al ser un personaje tan llamativo y con tanta proyección pública el tema se agranda. La parte positiva de todo esto es que podemos pensar que en España no hay intocables por altos que estén en el escalafón y también, que quien la hace la paga, sea quien sea. Claro que Díaz Ferrán, como todo el mundo, tiene derecho a la presunción de inocencia, pero yo espero que si, finalmente, es condenado por los delitos de los que se le acusa no hayan prescrito y por supuesto no sea agraciado con un indulto, como ha ocurrido con otros poderosos que se han visto en apuros. Es de desear también que la tabla de medir sea la misma, idéntica, con todos aquellos políticos y sus cómplices que han arruinado nuestro sistema de cajas de ahorros a base de hacer favores políticos a sus amiguetes. ¡Que así sea!

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