Sánchez era llevado en volandas por sus guardaespaldas; sin embargo, no pudieron evitar que un palo le midiera sus espaldas. Y no, no era un palo de la ultraderecha, era un revestido de toda la indignación de un pueblo abandonado a su suerte por sus gobernantes. Uno se pregunta si ese palo justiciero, antes de golpear la espalda de Sánchez y en los días en los que la naturaleza arrasaba Valencia mientras él y sus corifeos se adueñaban de RTVE, buscaba cadáveres por el fango. Puede que el palo que golpeó la espalda de Sánchez, antes tocara el cuerpo sin vida de una persona enterrada bajo el agua y el fango y que llevaba varios días esperando que Sánchez y su gobierno se decidieran a actuar con la determinación que la catástrofe requería. Pero Sánchez solo tiene determinación para articular los mecanismos – los que sean necesarios sin importar el costo que pagamos y pagaremos los ciudadanos – para mantenerse en el poder, al igual que solo se muestra valiente cuando está arropado por los medios a su servicio y cuando, estando lejos de España, dice lo que aquí no se atreve a decir.
Ese palo es un símbolo de la lucha de los valencianos para afrontar la catástrofe apocalíptica y hacerle frente. En el golpe que este palo dio al presidente Sánchez estaba implícito toda la desesperación de un pueblo, toda su ira legítima, toda su rabia. Las lágrimas por los seres queridos muertos o desaparecidos. Al descargar su golpe sobre las espaldas de Sánchez, este palo descargaba todo lo que llevaba dentro del corazón un pueblo pisoteado por las aguas y el barro y abandonado por su gobierno. No busquen ultraderechas, señores miserables de la política y del periodismo y miren profundamente en los corazones y las mentes castigadas de los valencianos; salgan, aunque solo sea una vez, del fango pútrido y maloliente que les llega hasta las cejas.
No todos somos del mismo barro, no. Eso nos quieren hacer creer, pero las diferencias son abismales. Hay barros y fangos nobles con los que el hombre crea arte y belleza y hay barros y fangos con los que los miserables crean miseria y ruindad. Estos últimos no se encuentran en la superficie de la tierra, sino dentro de los odres de vileza de los hombres que los mantienen ocultos hasta que los necesitan para esparcirlos a troche y moche. Los políticos acuden a esos fangos y los gobiernos también, sin olvidar a un periodismo apesebrado. Lo necesitan para sus campañas de desprestigio del contrario, y así, abren las compuertas donde lo almacenan y lo traslada a los platós de televisión, prensa y radio lugar desde el que es esparcido vilmente.
El fango de Valencia es un fango provocado por el fango político de unos políticos (sean del color que sean) enfangados en sus mentiras, su incapacidad para gestionar y, sobre todo, su ambición desmedida de poder. En la vida nos encontramos con gentes honradas y honestas que se dedican a levantar nuestro país con su trabajo callado y eficaz y, no, no son políticos. Estos (los políticos) se dedican a enfangar y a enfangarse; a enfangar España y a enfangarse ellos hasta el colodrillo con su desprecio secular a quienes les han dado su voto. Son personajes miserables, absolutamente despreciables que se esconden bajo el fango de su palabrería vacua y de sus promesas olvidadas cinco minutos después. Y cuando la naturaleza destapa sus pechos, el fango sale a la luz. De la catástrofe de Valencia no han aprendido nada; estos políticos han pasado de cerrar los ojos ante la bíblica destrucción de una parte de España en la que han participado por omisión, por cobardía y por cálculos, miserables cálculos de réditos políticos, a sacar de nuevo el fango para hacerlo caer sobre el contrario. Si fueran gente de bien, ocuparían todas sus facultades – si es que tienen algunas – y todo el poder que emana de sus cargos, para salvar a Valencia y a los valencianos, para ayudarles, para que recuperen cuanto antes sus vidas arrasadas por el agua. Pero no, nada más pasados estos días han llenado sus bazukas de fango político para culpar al otro.
Y a partir de ahora mismo el gobierno, tras engrasar su máquina de fango y miseria moral, se va a dedicar exclusivamente a manipular a los ciudadanos intentando hacerles creer que ellos, con Sánchez al frente, son los buenos de esta película de terror y que los malos son los otros, incluidos los ciudadanos que sufren las consecuencias de su desgobierno, de si ineptitud, de su miseria moral.
MAROGA
