Los cobardes

Mª Luisa García Ocaña
Torre del Mar (Málaga)

Están por todas partes. Comparten trabajo, barra de bar, autobús y cola en el cine.
No llevan un cartel por lo que no son reconocidos a simple vista. Pero dejan su estela de cobardía cada vez que hablan, cada vez que callan, cada vez que asienten, cada vez que consienten.

Van de respetuosos porque no quieren reconocer que son cobardes, que no se atreven, que tienen miedo, que no son capaces.

Dicen que no, pero con su silencio dañan, con sus palabras hieren, con su indiferencia matan.
Son consentidores de barbaries, de pequeñas injusticias, de enormes atropellos.
Y no miran. No miran a la cara porque no quieren ver, porque no quieren saber, porque así a nada se comprometen. A nada.

A mí no me gustan los cobardes, me dan pena, me dan rabia, no les entiendo.

No pueden ser felices quienes van de cobardes. Esconden su cobardía, la disfrazan de condescendencia, de tolerancia y profanan con su postura estas palabras.

Hay muchos cobardes. Que no defienden nada, que no se estremecen, que no tienen agallas, que nada les importa excepto su propia barriga y su cuenta bancaria.

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