Al homosexual llamó
alguien con muy mala baba,
apodo que hizo fortuna:
“el Rey de la retaguardia”.
“Por ahí me las den todas”
responde alguno con gracia.
Libre es cada cuál de hacer
cuánto le viniera en gana
con sus orificios todos
y lo que allí mete y saca.
Mas, cuando de otros asuntos,
los políticos, se trata,
aparecerán matices
que la cosa mucho cambian.
Ahora, ni con vaselina,
debiera haber quién tragara
nos estén dando por saco
que hasta el respirar se paga
con impuestos abusivos
que se gastan en jaranas,
en adquirir voluntades,
y, encima, enchufes a manta;
nos destrozan los derechos,
las libertades se cargan,
a delincuentes protegen
cuando viviendas asaltan,
la invasión es cosa suya
pues, además, ¡la financian!
Los Tribunales acosan
cuando a los suyos los cazan;
suyas las Instituciones,
no está dejando una sana;
Leyes, cuánto más absurdas,
son con más gusto aprobadas;
cómplices del enemigo
que se la tiene jurada
a una España a la que chupan,
ésas si que son mamadas,
hasta la última gota
con odio, desprecio y saña.
En fin, por no hacer la lista
aquí, demasiado larga,
de los continuos desmanes
que nos atiza esta mafia,
acabaré con “etcétera”
por los cientos que me faltan.
Yo, qué decirles, prefiero
que me den por donde amargan
los pepinos, realmente
y no en muy vulgar metáfora,
aunque después ya no gane
para curar almorranas,
antes de ver a mi gente
culo en pompa y entregada
incapaz de descubrir
que están destrozando España.
Si esta gente no se entera
con los ojos de la cara
puede ser que, el del trasero
más listo le resultara.
¡Ojalá este tercer ojo
a cañonazos les abran!
