La captura de Nicolás Maduro en las últimas veinticuatro horas no ha sido fruto de la casualidad, ni de un golpe improvisado, ni de simples sanciones económicas. No ha sido por azar: ha sido el resultado de años de inteligencia estratégica, operaciones encubiertas y cooperación internacional quirúrgica, donde la detención previa de Hugo Armando “El Pollo” Carvajal resultó clave para desentrañar la maraña de corrupción, narcotráfico y conspiración política que el régimen de Maduro había tejido durante más de dos décadas.
Lo que pocos quieren reconocer es que esta operación no hubiera sido posible sin la participación decisiva del Mossad, cuyo trabajo encubierto permitió anticipar movimientos, neutralizar complicidades y cerrar rutas de escape y de lavado de dinero. Pero tampoco se puede omitir la otra cara de la moneda: la complacencia de un gobierno socialcomunista español y de diplomáticos acreditados en Caracas, cuya cercanía con Maduro retardaba la justicia y legitimaba un régimen que debería haber sido aislado hace años.
Maduro y el Cártel de los Soles: crimen institucionalizado con protección diplomática
Venezuela no se había limitado a fallar como Estado: se había convertido en un Estado criminal, donde el poder político, militar y judicial estaba subordinado al narcotráfico y al blanqueo de dinero. El Cártel de los Soles, liderado por figuras militares cercanas a Maduro, controlaba rutas de cocaína hacia Estados Unidos y Europa, financiaba campañas políticas, sobornaba jueces y compraba silencios.
Mientras esto ocurría, ciertos sectores del gobierno español y diplomáticos socialcomunistas mantenían una relación cordial y pragmática con el régimen, aceptando reuniones protocolarias, facilitando contactos comerciales y tolerando operaciones económicas que debilitaron sanciones internacionales. Esta proximidad entorpecía la presión efectiva sobre Maduro, prolongando su permanencia en el poder y permitiendo que sus redes de crimen organizado crecieran sin obstáculos.
La detención de “El Pollo” Carvajal: pieza fundamental de la operación
Hugo Carvajal, exjefe de inteligencia militar, conocía cada movimiento del régimen, cada ruta de cocaína, cada soborno y cada plan de protección de Maduro. Su detención y posterior colaboración fue el eslabón que permitió desmantelar las operaciones internas y sentar las bases de la captura de Maduro.
Carvajal ofreció detalles sobre el tráfico de cocaína, la corrupción institucional, los sobornos a jueces y funcionarios, y cómo se utilizaban estos recursos para sostener operaciones políticas internacionales. Sin embargo, la intervención de diplomáticos españoles, en muchos casos tolerante o incluso complaciente, había dificultado que la justicia internacional actuara con rapidez, dejando pasar años en los que la criminalidad del régimen crecía impunemente.
Mossad: la inteligencia estratégica que hizo posible la captura
La participación del Mossad fue crucial y decisiva. Los servicios secretos israelíes proporcionaban información en tiempo real sobre movimientos de Maduro y sus cómplices, controlaban flujos financieros ilícitos, identificaban rutas de escape y coordinaban operaciones con la DEA y la CIA. Esta inteligencia permitió ejecutar la captura sin filtraciones ni bajas civiles, anticipando maniobras desesperadas del régimen y neutralizando la protección internacional que aún podía ofrecerle cierta diplomacia europea.
El Mossad no solo actuaba como observador: dirigía la operación con precisión quirúrgica, integrando recursos humanos, tecnológicos y estratégicos de manera que ningún paso quedara al azar.
Tramas de blanqueo de dinero y corrupción internacional
Durante años, Maduro y sus cómplices blanqueaban millones de dólares mediante empresas pantalla, contratos irregulares de PDVSA y paraísos fiscales en Suiza, Malasia, Panamá y Estados Unidos. Esta red se beneficiaba de la tibieza diplomática española, cuya presencia en Caracas facilitaba la legitimación tácita del régimen y retrasaba medidas coercitivas.
Estas operaciones financieras no eran un secreto: los documentos judiciales y las investigaciones internacionales evidenciaban la magnitud del saqueo, mientras que ciertos gobiernos europeos mantenían relaciones que podían ser interpretadas como complicidad pasiva o directa.
Alianza con las FARC y el terrorismo regional
El régimen de Maduro no se limitaba a narcotráfico y corrupción. También coordinaba con las FARC y otras organizaciones insurgentes rutas de drogas, transporte de armas y formación de milicias paramilitares. Esta cooperación consolidaba un sistema de narco-terrorismo regional, que combinaba operaciones ilícitas con amenaza política y militar, afectando la seguridad hemisférica.
Durante años, ciertos diplomáticos europeos no cuestionaban estas alianzas, lo que permitía que el régimen escapara al escrutinio internacional y fortaleciera su red criminal.
Retrasos diplomáticos y legitimación internacional
Mientras Estados Unidos y agencias internacionales preparaban la operación, la proximidad de Madrid con Caracas retrasaba sanciones más efectivas y legitimaba la permanencia de Maduro en el poder. La diplomacia socialcomunista española actuaba como un amortiguador que debilitaba la presión internacional, dificultando investigaciones, extradiciones y congelación de activos.
Este contexto demuestra cómo la diplomacia, cuando no se ejerce con firmeza, puede convertirse en cómplice silenciosa de regímenes criminales, prolongando la impunidad de líderes como Maduro.
La caída de Maduro: justicia, inteligencia y desmantelamiento del Cártel
Con la captura de Maduro se abre la puerta a la desarticulación completa del Cártel de los Soles, la recuperación de activos robados y el enjuiciamiento de cómplices nacionales e internacionales. La operación demuestra que, frente a un Estado criminal disfrazado de gobierno legítimo, la inteligencia estratégica y la cooperación internacional son insustituibles.
El Mossad, junto con la DEA y la CIA, neutralizó rutas de escape, protegió la operación y garantizó que el arresto se produjera sin filtraciones ni pérdidas humanas. La complicidad de gobiernos complacientes quedó expuesta y superada por la precisión operativa y la determinación de los servicios secretos.
Conclusión
La captura de Nicolás Maduro no ha sido casual: es la culminación de años de inteligencia estratégica, operaciones encubiertas y cooperación internacional quirúrgica, donde la detención de Carvajal fue esencial y el Mossad se convirtió en el actor decisivo. Al mismo tiempo, la operación deja al descubierto la tibieza y complicidad de ciertos sectores del gobierno socialcomunista español y de sus diplomáticos, que protegieron indirectamente al régimen, retrasando la justicia y ofreciendo legitimidad internacional a un Estado criminal.
Hoy, con Maduro fuera del poder, se evidencia la magnitud de décadas de corrupción, narcotráfico y conspiración, y se establece un precedente de cómo enfrentar gobiernos criminales mientras las redes diplomáticas complacientes intentan ralentizar la acción de la justicia internacional.
