El karma es un automatismo que nos devuelve con intereses los frutos de todo lo que sembramos. La Ley de la Siembra y la Cosecha; si sembramos amor y felicidad en el Mundo, cosecharemos amor y felicidad; pero si lo que sembramos es dolor y desgracia, eso es lo que recogeremos tarde o temprano.
Así pues, el karma es la justicia perfecta, y forma parte del diseño inteligente con que fue creado el Universo y, por ende, el hombre.
El karma no entiende de misericordia, sino de Justicia. No le implores al karma, porque no puede escucharte. No hay inteligencia ni alma en el karma; tan solo reacciones automáticas como si de un programa informático se tratase: Lo que das es lo que recibes y si la haces la pagas.
El karma no es en sí mismo positivo ni negativo; simplemente es justo.
El único modo de anular el karma negativo que estamos pagando en la actualidad y que ha convertido nuestra existencia en un infierno, es hacer un profundo examen de conciencia comenzando en el presente y retrocediendo a lo largo de nuestro pasado, hasta encontrar que estamos haciendo o hemos hecho mal, o a quién estamos haciendo o hicimos daño. En definitiva se trata de averiguar el porqué de nuestra deuda kármica.
Una vez localizada la causa, hay que reconocer nuestra culpa y aceptar que nos merecemos lo que estamos sufriendo. Reconocimiento, comprensión, aceptación, arrepentimiento, y reparación del daño hecho, en la medida de lo posible. Luego ya le pediremos a Dios que tenga misericordia; esa misericordia que nosotros no hemos tenido con nuestros semejantes.
Humildad, fe y constancia en la oración, y el milagro se producirá.
Pero mientras alberguemos algún tipo de odio o rencor, justificado o no, hacia nuestros enemigos; mientras soñemos con la venganza; mejor que no perdamos el tiempo implorando a Dios, misericordia. Porque no la tendrá; y no porque lo diga yo, sino porque lo dice Jesucristo en una de sus parábolas [Mateo 18:24-25], amén de recalcarlo en el Padrenuestro:
“…y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores,”
El cobro de deudas es cosa del karma; el perdón es cosa de Dios.
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” [Mateo, 5:7].
NOTA: El ser humano tiene una capacidad prodigiosa a la hora de recordar el daño que le han hecho los otros, mientras que hace gala de una pésima memoria, rayana la amnesia, a la hora de recordar el daño que él ha hecho a los demás. Normal.
Es posible neutralizar el karma negativo utilizando la «ley de misericordia» o «ley del perdón». Debemos perdonar y bendecir a quienes nos lastimaron. Es necesario perdonar porque nos ayuda a liberar todas las emociones negativas acumuladas. La ley de la misericordia significa que para recibir la misericordia, siempre hay que ser misericordioso con los demás.
Por otro lado, les puede parecer a personas poco versadas en las Sagradas Escrituras, que la filosofía que hoy expongo no es cristiana, sino hinduista o budista. Pues bien, a estos teólogos de fin de semana les recomendaría que primero, antes de mandarme a la hoguera, se leyesen la Biblia, en donde encontrarán pasajes tales como:
- – “Entonces Jesús le dijo: «Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa la espada, perecerá por la espada.” (Mateo, 26, 52).
- – “Porque siembran viento, recogerán tempestades…” (Oseas 8:7).
- – “El que sembrare iniquidad, iniquidad segará,” (Proverbios 22:8).
- – “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.6:8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.”(Gálatas 6:7-8).
- – “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.” (2 Corintios 9:6).
- – “Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo….” (Mateo 13:24).
Ahora, y para concluir, quisiera transcribir unas reflexiones extraídas de mi libro “EL VELO RASGADO”, para que entendamos que el pago de deudas pasadas se retrotrae en el Tiempo mucho más de lo que pensamos:
«En San Juan 9: 1-3, hallamos el siguiente pasaje: Vio al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: « ¿Rabí, quién pecó, él o sus padres para que haya nacido ciego? ». Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios». En estos versículos, podemos percatarnos de la creencia, entonces existente en el antiguo Israel, según la cual las malformaciones y defectos físicos de nacimiento, eran el castigo por los pecados cometidos por el propio minusválido, cuando no, por sus padres. En el caso de que la causa de la ceguera fuera el castigo a los pecados cometidos por el propio ciego, se nos plantea una pregunta: Si un hombre nace ciego como castigo a los pecados cometidos, ¿cuándo pecó éste? Lógicamente tendría que ser antes de su nacimiento.
En el pasaje referido, Jesús no niega que la causa de una ceguera de nacimiento pueda estribar en los pecados cometidos por el propio ciego, simplemente nos dice que, en ese caso concreto, el hombre había nacido ciego para que se manifiesten en él las obras de Dios.
En aquellos tiempos existían otros hombres que nacieron ciegos y ciegos murieron. En esos casos, en los que la causa de la ceguera no es atribuible a una posterior manifestación de las obras divinas, ya que no hubo milagro, ¿qué nos queda como causa? La única explicación a estos interrogantes nos la daría la preexistencia individual, inteligente y libre del alma, anterior a nuestro nacimiento. Esta posibilidad abarcaría la pluralidad de encarnaciones corporales, en otras palabras: La reencarnación.»

