El iter críminis de este gobierno no puede ser más claro y aberrante. Han secuestrado la Nación y las instituciones, herido gravísimamente la democracia y dado muerto a la responsabilidad. Sanchez ha proclamado: «No somos responsables de nada». Esto conduce a la insumisión. La última felonía del ministro del interior es transferir su responsabilidad a la víctima aterrorizada de la violación de su subordinado, mando supremo de la policía mientras el Director general político, segundo de Marlaska está desaparecido y callado como un mudo. ¿Cabe mayor canallada?
No tiene nombre pero es la última modalidad de la maléfica maldad sanchista, aunque en esta ceremonia de distracción de este matrimonio de conveniencia que del vaho de la sauna pasó a Moncloa, donde delinquen y se esconden fiscales generales y policías en un vapor húmedo del que surge el mismo día un garbancito colocado al frente de los asuntos exteriores de España y nos ofrece su petición apresurada y patética a la Unión Europea para la retirada de sanciones a Delcy en «una auténtica confesión explícita de la deuda contraída» con ella y con Maduro, de la financiación del partido, del petróleo, los lingotes y los sobres de los que acaba de hablar Aldama ante la Audiencia Nacional.
«Esto no va de nombres», dice la secundaria que llegó a vicepresidenta con cuatro frases y una sintaxis de cárcel para poder cambiarse de ropa diariamente, dice la muy cínica para que no quiten el suyo de Jeta sin fronteras, ella que de la responsabilidad no ha oído ni hablar.
Mientras, otro títere separatista, Rufián se ha quitado la faja, las espardenyas, la barretina y emborrachado esta vez por la erótica del poder, viendo que se va quedar sin chollo ha ido a por el botox a «España», no sé adonde y se presenta como si fuera Errol Flynn, de partirse de risa, como Farruquito, otra terciaria que ha llegado a vicepresidente gracias al jefe de esta tribu de trepas salidos del vaho de una sauna que no ha nombrado más que a indignos por lo que saben o de quienes saben y tienen cogidos por gónadas o por escuchas, como la que va al sacrificio a Andalucía con el calcetín lleno y su retiro asegurado en alguna covachuela pública, mientras la Yoli humilla a Garamendi otro que pagamos todos.
Estamos en manos de unos piernas. No son más que una secta de trepas sin escrúpulos que coinciden todos en eso, y no por otra cosa han llegado todos donde están. Insignificantes, títeres, personas sin autoridad, sin importancia, ni relieve. Lo único que tienen es poder. Y cuando lo pierdan volverán a un vacío abismal.
