La dimisión de Francisco Camps como presidente de la Generalitat Valenciana ha polarizado la información política del los últimos días. Después de muchos dimes y diretes, el ya ex presidente valenciano deja el cargo para emprender su defensa por el llamado caso de los trajes.
Sin embargo, la salida del político del PP contrasta con la continuidad de Bono, sobre el que pesan acusaciones de un elevado patrimonio, o Rubalcaba, a cuyos hombres de confianza les han implicado de lleno en el caso Faisán.
Para discutir sobre estas cuestiones, los periodistas Marco Schwartz, jefe de opinión de Público y Jaime González, responsable de opinión de ABC han acudido a la cita de Periodista Digital para poner sobre la mesa su fino análisis.
Ambos periodistas solo coinciden en un punto, en que Francisco Camps debería haber dejado la presidencia hace tiempo. A partir de ahí, el juicio de valor es muy diferente.
Para Schwartz, la marcha del político conservador resulta insuficiente:
Francisco Camps ha hecho lo correcto para la democracia, que en su situación lo normal era irse. Podemos hablar después de otros casos y también diría lo mismo. De todas maneras, este casi estalló ya hace dos años, incluso Camps estaba imputado desde hace algún tiempo y no hay que olvidar que el señor Rajoy lo avaló, lo apoyó de forma muy entusiasta para que se presentara a un nuevo mandato. El presidente nacional del PP tiene mucha responsabilidad en lo que ha ocurrido.
Y añade que:
La dirección del PP le habría ofrecido a Camps una salida que me parecía absolutamente demencial. A través del ministro Trillo, se le habría ofrecido que siguiera en el cargo, pero que reconociese su delito de cohecho pasivo y que pagase la multa correspondiente y así se evitaba un juicio que no era nada beneficioso para la estrategia electoral de Rajoy. Lo que pasa es que eso a él le hubiese costado admitir que era un delincuente y un mentiroso porque el siempre había sostenido que nadie le había regalado los trajes, sino que los había pagado, por eso no aceptó esa propuesta y por eso dimitió. Pero basta de elogiar a Camps y presentarlo como una persona honorable. Su dimisión ha sido forzada por los acontecimientos.
Mientras, Jaime González respalda la tesis sobre las vacilaciones de Camps a la hora de irse del cargo, pero con matizaciones:
Es muy curioso oír no querer reconocer que el señor Camps ha estado a la altura de las circunstancias. Ha hecho exactamente lo que tú periódico había venido pidiendo desde hace mucho tiempo. Ahora el argumento para seguir zahiriendo a este político es decir que lo tenía que haber hecho antes. Podemos incluso hasta estar de acuerdo, pero el problema es que hay muchos otros que están enrocados en sus ministerios o en la Junta de Andalucía. Esa es la diferencia entre unos y otros.
Y considera que ha hecho lo correcto al no aceptar la comisión del delito:
Si Camps hubiese aceptado la comisión de un delito, hubiese quedado estigmatizado políticamente, por eso ha querido ir hasta el final y defenderse delante de los tribunales de Justicia. De todas maneras, el delito del que se le acusa, es un delito de cohecho pasivo impropio que no lleva aparejada la salida de la política. Si ponemos en paralelo los delitos de los que se le acusa a Camps con los de aquellas personas que están acusadas de colaboración con banda armada, la comparación no aguanta en absoluto.
