Tres aeropuertos, tres universidades o dos puertos exteriores

El municipalismo le sale a Galicia por un ojo de la cara

La autonomía gallega condenada a hacerlo todo por triplicado

El municipalismo le sale a Galicia por un ojo de la cara
Carlos Negreira.

Un artículo de Carlos Negreira, el alcalde emergente de la ciudad de A Coruña, avivaba ése fin de semana las llamas de la fiebre de fusiones municipales que se ha instalado en Galicia.

Bajo el título de “la fusión hace la fuerza”, el hombre que no quiso ser conselleiro de Feijóo para intentar ser profeta y alcalde en su tierra, se alineaba con el bando del Partido Popular de Galicia que aboga por la reducción de municipios gallegos, frente al bando del centro-derecha galaico que se niega a desmontar el minifundio municipal.

Éste carioca de nacimiento y gallego de pleno derecho, que ha sido diputado gallego, alto cargo en diversas consellerías, corresponsable en la racionalización de Correos y Presidente de Portos de Galicia, antes de convertirse en la réplica moderna y coruñesa del Alcalde de Zalamea, ha utilizado el portaviones mediático de La Voz de Galicia para lanza incruentos bombardeos sutiles contra los populares rebeldes que intentan hacerse fuertes en el sur.

Con un despliegue de argumentos de destrucción masiva, que pasan por las reformas de Bélgica, de Dinamarca o el Reino Unido para acabar con el minifundismo municipal, el gran comisonado de Feijóo para intentar unir lo que la historia fue separando en Galicia, hasta llegar a los 315 municipios, lanza al final el bombazo definitivo de la paradigmática Alemania, como canon indiscutido e indiscutible de la supervivencia ante la crisis:

»A estas alturas, no cabe duda de que una de las claves de la capacidad de reacción germana ante la crisis es la flexibilidad de sus estructuras administrativas.

Mediante fórmulas avaladas casi siempre por el consenso de los grandes partidos, Alemania amolda su federalismo para lograr una mayor cooperación, y adapta su municipalismo para reducir entidades locales poco viables».

Es un claro aviso a los presidentes de las Diputaciones del sur galaico, José Manuel Baltar y Rafael Louzán, que por razones distintas y distantes, se oponen a los matrimonios municipales. Para Baltar junior, la Diputación es su castillo, la fortaleza en la que se hace fuerte para mantener su autonomía política ante la cúpula popular gallega que lleva décadas, con resultados nada halagüeños, intentado que los populares orensanos le rindan pleitesía.

Para Rafael Louzán, el último cacique, la reliquia residual de una derecha de la boina (dicho sea con todos los respetos para la inmensa mayoría de paisanos gallegos que debajo de la boina llevan una cabeza muy bien amueblada), la fusión municipal es la amenaza de una fecha de caducidad para la Diputación de Pontevedra.

Sabe que no hay vida política para él, ni para sus leales colaboradores, fuera de las cuatro paredes en las que practica el burdo clientelismo, la cultura de los estómagos agradecidos y otras maniobras orquestales en la oscuridad que Periodista Digital no está en condiciones de describir sin la presencia de sus abogados.

En esta guerra civil norte-sur, al margen del asedio de los partidos de la oposición, la derecha moderna se asienta en el norte, la derecha díscola acampa en Ourense y la derecha jurásica, demodé y caciquil (aunque la mona se vista de seda mona se queda), permanece enrocada en Pontevedra, curiosamente en torno a la ciudad de Vigo, que paradójicamente debería ser el buque insignia que arrastrara al PPdG rumbo a un nuevo mundo.

Carlos Negreira lo intenta todo en su reflexión en La Voz de Galicia, y pone la guinda cerca de final de su sermón dominical:

«La sociedad no tiene que adaptarse a la administración, sino la administración a la sociedad Habría sido un final perfecto si no fuese por la frase inicial que devalúa la exposición del señor alcalde de A Coruña. Así empieza Carlos Negreira su artículo: “SOSTENÍA MIGUEL DE UNAMUNO QUE EL NACIONALISMO SE CURA VIAJANDO”

Cuánta razón tenía Don Miguel y que poco caso le hace, a veces, Don Carlos. Porque viajando él y otros alcaldes, se darían cuenta de que en un territorio de la dimensión de Galicia existen pocos precedentes, en la Europa civilizada y racional, de tres aeropuertos, de batallitas aéreas de subvenciones al low cost, de tres universidades (con sus tres claustros, su tres administraciones, sus tres de todo), de dos puertos exteriores, en A Coruña y Ferrol, a menos de 60 kilómetros, de tanto localismo y tan poca interacción
entre municipios que, en el peor de los casos, están a una hora y media de distancia.

Naturalmente que hay que viajar más. Y a ser posible, juntos. Sobre todo Conde Roa, Abel Caballero, Carlos Negreira, los tres alcaldes que hacen las guerras por su cuenta en la Comunidad Autónoma, que ponen siempre los intereses de sus ciudades por encima de los intereses de Galicia. El Coruñismo, el Santiaguismo y el Viguismo, esas tres trasnochadas y frívolas estrategias de electoralismo patriótico, les sale a los gallegos por un ojo de la cara.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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